Una microbióloga revela con qué frecuencia se debe lavar la ropa de cama

Una limpieza adecuada ayuda a reducir la acumulación de microorganismos, ácaros y alérgenos que pueden afectar la salud y la calidad del descanso.

Lavar la ropa de cama no solo sirve para mantenerla fresca, sino que también es una cuestión de salud, según una experta. Foto: Shutterstock
Lavar la ropa de cama no solo sirve para mantenerla fresca, sino que también es una cuestión de salud, según una experta. Foto: Shutterstock

Pasamos cerca de un tercio de nuestra vida en la cama, por lo que mantener limpio el lugar donde dormimos es más importante de lo que parece. Aunque las sábanas puedan verse limpias, durante la noche acumulan sudor, grasa corporal, células de piel y microorganismos que forman parte de nuestro entorno cotidiano.

La microbióloga Primrose Freestone, profesora titular de la Universidad de Leicester, explicó en un artículo de The Conversation que la calidad del ambiente donde dormimos también importa. "Una cama limpia y acogedora, con sábanas impecables, fundas de almohada suaves y mantas frescas, no solo se siente bien, también favorece un mejor descanso", señala la especialista.

Pero, ¿cada cuánto tiempo es necesario lavar la ropa de cama? La respuesta depende del elemento y de las condiciones en las que se utiliza.

¿Qué se acumula en las sábanas mientras dormimos?

Cada noche, el cuerpo desprende cientos de miles de células de piel, libera aceites y puede producir una cantidad considerable de sudor, incluso después de haberse duchado antes de acostarse. Todo ese material termina, en mayor o menor medida, sobre las sábanas, almohadas y mantas.

La piel también alberga millones de bacterias y hongos. Muchos de estos microorganismos pasan a la ropa de cama mientras nos movemos durante la noche. El sudor recién producido no tiene necesariamente un olor desagradable, pero algunas bacterias de la piel, entre ellas los estafilococos, pueden descomponerlo y generar compuestos responsables del mal olor.

Además, durante el día el cabello y el cuerpo pueden acumular polvo, polen, contaminantes y otros alérgenos que después llegan a la cama. Estos elementos pueden afectar a las personas sensibles y contribuir a problemas respiratorios o alergias.

Freestone advierte que "regularmente lavar la ropa de cama es más que una cuestión de limpieza", debido a todo lo que puede acumularse en ella.

Los ácaros encuentran alimento en la cama

Las células de piel que desprendemos cada noche también sirven de alimento para los ácaros del polvo, unos organismos microscópicos que prosperan en ambientes cálidos y húmedos como la ropa de cama y los colchones.

"Los ácaros en sí no son peligrosos, pero sus excrementos son potentes alérgenos que pueden agravar el eccema, el asma y la rinitis alérgica", señala la experta.

Los hongos también pueden encontrarse en estos objetos. Algunas especies, como Aspergillus fumigatus, han sido detectadas en almohadas utilizadas durante largos periodos. Aunque pueden causar infecciones pulmonares graves, el riesgo es especialmente relevante para personas con sistemas inmunitarios debilitados.

La situación cambia todavía más cuando una mascota duerme en la misma cama. El animal puede aportar pelo, caspa, suciedad y, ocasionalmente, restos fecales, por lo que la ropa de cama requiere una limpieza más frecuente.

¿Cada cuánto hay que lavar las sábanas y mantas?

La recomendación planteada por Freestone es lavar las sábanas y fundas de almohada una vez por semana. Si una persona está enferma, suda mucho durante la noche o comparte la cama con mascotas, el intervalo puede reducirse a cada tres o cuatro días.

Las mantas y fundas de edredón deberían lavarse aproximadamente cada dos semanas, mientras que los edredones completos pueden limpiarse cada tres o cuatro meses, dependiendo de su uso.

En cuanto al colchón, la autora recomienda aspirarlo al menos una vez por semana y ventilarlo cada pocos días. Las almohadas, por su parte, deberían lavarse cada cuatro o seis meses, siempre siguiendo las instrucciones del fabricante.

Para el lavado de las sábanas, se recomienda utilizar detergente y una temperatura de 60 °C o superior, siempre que la etiqueta de la prenda lo permita. El secado completo también es importante para evitar que la humedad favorezca la aparición de hongos.

"El lavado regular elimina la acumulación de sudor, piel, polvo y microbios, lo que ayuda a reducir las reacciones alérgicas, prevenir infecciones y evitar los malos olores. Además, dado que las investigaciones siguen demostrando el profundo efecto del sueño en aspectos que van desde la salud cardiovascular hasta la claridad mental, un entorno higiénico para dormir es una pequeña pero valiosa inversión en tu bienestar", finaliza Freestone.

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