¿Qué son las “bolas de Neptuno” y cómo ayudan a combatir la contaminación de plásticos en los océanos?
Estas formaciones naturales pueden atrapar hasta 900 millones de fragmentos de plástico al año en el mar Mediterráneo, según un estudio publicado en Nature.
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Las llamadas “bolas de Neptuno” son estructuras esféricas naturales formadas por restos de posidonia oceánica, una planta marina que crece en las praderas del mar Mediterráneo. Según un estudio publicado en la revista Nature bajo el título "Seagrasses provide a novel ecosystem service by trapping marine plastics" estas formaciones vegetales cuentan con la capacidad de acumular plásticos marinos y concentrarlos en partículas visibles en playas y costas.
Los científicos han observado en múltiples estudios que, a medida que los microplásticos —definidos como fragmentos de menos de 5 mm— inundan los océanos, estos pequeños trozos tienden a asociarse con estructuras naturales en el mar, incluidas las praderas marinas. Para los investigadores, la interacción entre las hojas de posidonia y las corrientes marinas favorece que los microplásticos queden atrapados en las fibras de las plantas y terminen integrándose en estas “bolas de Neptuno”.
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¿Cómo se forman las “bolas de Neptuno”?
La formación de estas bolas se explica por la dinámica física de las praderas de posidonia. Sus hojas, que se desprenden cada otoño, son ricas en lignina —un polímero orgánico robusto— y, al moverse con las olas y las mareas, se enredan entre sí formando racimos densos.
Estudios de campo realizados en Mallorca por el equipo de Anna Sánchez-Vidal han documentado que estas bolas no solo pueden capturar trozos microscópicos, sino que también pueden acumular plásticos más grandes, como toallitas o fibras sintéticas, al quedar atrapados en la malla de hojas.
El equipo de Anna Sánchez-Vidal estimó que las praderas de posidonia del Mediterráneo pueden retener hasta casi 900 millones de fragmentos de plástico por año. En muestreos en playas como Sa Marina y Son Serra de Marina, los investigadores documentaron hasta 1.500 fragmentos de plástico por kilogramo de bola de Neptuno, lo que indica una concentración muy alta de residuos en estas estructuras.
¿Son las esferas naturales una solución al problema de la contaminación oceánica?
Aunque las esferas naturales ayudan a agrupar y visibilizar la presencia de plástico en los océanos, los expertos subrayan que no representan una solución al problema de la contaminación marina. La investigadora Sánchez-Vidal, en una entrevista para la BBC, destacó que nunca se pensaron como una herramienta de limpieza: "Estas esferas aportan humedad y nutrientes esenciales a la playa. Si las eliminamos, estaríamos destruyendo este delicado ecosistema de playa emergente", explicó.
Este tipo de advertencia se fundamenta en la comprensión de las funciones ecológicas vitales de las praderas marinas. Además de mejorar la calidad del agua y absorber dióxido de carbono, las praderas también ofrecen un hábitat crucial para una gran variedad de especies marinas, desempeñando un papel fundamental en la preservación de la biodiversidad.
Por otro lado, numerosos estudios han evidenciado que las praderas marinas están enfrentando un declive global alarmante. Según un análisis publicado en revistas especializadas, la cobertura de praderas marinas ha disminuido aproximadamente un 29 % desde finales del siglo XIX. Este deterioro es causado por múltiples factores, entre ellos la contaminación, el calentamiento global de los océanos, la mala calidad del agua y el desarrollo costero, que han ido afectando gravemente este ecosistema.
Ante este panorama preocupante, la comunidad científica coincide en que la prevención desde la fuente es absolutamente crucial. Reducir la producción y el consumo de plásticos, mejorar la gestión de los residuos terrestres y evitar que estos fragmentos lleguen al mar es fundamental para abordar la contaminación de manera efectiva y sostenible. Estas medidas van mucho más allá de cualquier capacidad natural para concentrar los plásticos en superficies visibles, lo que convierte la prevención en una estrategia indispensable para la protección a largo plazo de los océanos.
























