
En el penal de Lurigancho, una de las cárceles más ‘tétricas’ en la historia penitenciaria, los valientes ‘alumnos’ conviven con la escalofriante vida que padecen en los más peligrosos asesinos, narcos, políticos corruptos e, incluso, con muchos inocentes.
Hoy el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), dio inicio al Año Académico 2025 en los Centros de Educación Básica Alternativa (CEBA) y Centros de Educación Técnico Productiva (Cetpro).
Con un kit educativo básico, 16.559 internos cursan actualmente programas en 153 instituciones educativas, 90 Centros de Educación Alternativa, 54 Centros de Educación Técnico Productiva y 09 instituciones educativas para niños dentro de las prisiones.
La mayoría de detenidos, sin embargo, no tiene acceso a la educación. Por ello, el Instituto Nacional Penitenciario hizo una evaluación sobre los programas que hay en las cárceles y detalló que, 7.964 reclusos estudiarán educación básica; 7.560 se formarán en catorce especialidades técnicas y 330 se beneficiarán con el programa ‘Interno Universitario’.
Lo que el Inpe trata de demostrar es que educar a las personas privadas de libertad es una apuesta por la seguridad y el progreso social.
Este esfuerzo es respaldado por docentes conformado por 843 profesionales, de los cuales 195 pertenecen al Inpe y 648 son designados por el Ministerio de Educación.
Sumado a esto se encuentra el programa Orquestando en el que participan 580 internos, que fortalecen la integración social y el desarrollo socioemocional mediante la práctica musical.
Pese a ello, los problemas más graves están en algunas cárceles donde se planificarían secuestros, extorsiones y otros delitos agravados. La violencia de bandas delictivas afecta también, muchas veces, a la educación de los reos.
En el penal de Chimbote, los agentes cuentan que los detenidos no tienen interés en aprender ni educarse. Esto ocurre especialmente con los presos de pabellones dominados por hampones de alta peligrosidad.
Según los penitenciarios, antes que instruirse los privados de libertad prefieren ganar dinero con actividades delictivas como vender droga, introducir objetos prohibidos o extorsionar a sus compañeros.
El presidente del CNP, Javier Llaque Moya, enfatizó que aquel que estudia y trabaja en los penales la reincidencia baja del 13 al 6.5 %.
Llaque Moya exhortó a los internos a aprovechar el tiempo con educación y trabajo; aprovechen que cuando salgan les digan a sus familias, que si bien cruzaron la línea, no perdieron el tiempo en la cárcel.
“Aprovechen la oportunidad que les da la institución y estamos seguros que les cambiará la vida”, añadió.
En el penal de Lurigancho, 1.274 internos asistirán activamente a los programas educativos (409 en CEBA, 780 en CETPRO, 17 en Educación Superior Tecnológica y 46 en Educación Superior Universitaria).





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