
“Nos están matando”, “en la Amazonía, más que árboles, viven mujeres” y “somos mujeres que resistimos” son algunas de las consignas que repiten las lideresas indígenas. Todas llegaron a la misma conclusión: las mafias de la tala, el narcotráfico y la minería ilegal les están arrebatando sus proyectos de vida.
Son las Guardianas de la Tierra en la Amazonía peruana. Según la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), más de 120 mujeres indígenas ocupan ahora puestos de liderazgo en toda la región amazónica. Esta cifra sigue aumentando gracias a programas de formación, intercambios comunitarios e iniciativas de mentoría.
En los territorios amazónicos, las mujeres indígenas sostienen la vida, defienden los bosques y transmiten conocimientos ancestrales que hoy son clave para sus pueblos. Desde las comunidades, lideran procesos organizativos, protegen sus territorios frente a amenazas como la deforestación y las economías ilegales, y alzan su voz para exigir el respeto de los derechos colectivos.
Tabea Casique Coronado, del pueblo Ashéninka (Ucayali); Teresita Antazú López, del pueblo Yanesha (Pasco); y Nelsith Sangama Sangama, del pueblo Kechwa (San Martín), afirman que “es muy difícil soñar con el futuro para una mujer cuando en el pasado fue violentada y en el presente luchan por sobrevivir”.
Las violencias contra las lideresas y defensoras de derechos humanos han aumentado en los últimos años, según Global Witness, en 2022.
Tabea: “Siempre hay limitaciones”
Tabea es una lideresa indígena del pueblo Ashéninka, de la provincia de Atalaya, región Ucayali. Desde joven se involucró en el servicio a su pueblo, desde su rol como dirigente y también desde su profesión como técnica en Enfermería.
Ha sido parte de la directiva de la Organización Indígena Regional de Atalaya (Oira) y, como directora del Área de la Mujer, trabajó por el fortalecimiento de las lideresas indígenas de Atalaya. Luego, fue directiva en la Coordinadora Regional de los Pueblos Indígenas Aidesep Atalaya (Corpiaa).
Nació en el seno de una familia numerosa en el distrito de Yarinacocha, Ucayali, durante una época turbulenta en el país. El Estado peruano estaba bajo un régimen militar, una nueva Constitución estaba a punto de ser promulgada en 1979 y el grupo subversivo más violento del Perú, Sendero Luminoso, comenzaba a formarse.
Tabea creció en medio de asesinatos, reclutamientos forzados, desplazamientos forzados y violencia sexual que a menudo tenían como objetivo a los pueblos indígenas.
“Siempre hay limitaciones para una mujer que quiere participar en espacios de toma de decisiones, porque es asumir mayor responsabilidad como madre soltera, si las mujeres quieren ocupar puestos de alto nivel. También los hombres les cierran las puertas al principio. Ellos reconocen que las mujeres hacen un buen trabajo, pero ese trabajo es invisibilizado”, sostiene con preocupación.
Teresita, mujer histórica
Teresita Antazú López también es una lideresa indígena, aunque del pueblo Yanesha, de la Selva Central del Perú. Desde muy joven fue dirigente en la comunidad de Loma Linda y pasó gran parte de su vida trabajando en las comunidades y en diferentes organizaciones indígenas de la Selva Central.
En noviembre de 1999, durante el Congreso de Aidesep, fue elegida como vocal y encargada de la Secretaría de la Mujer. Fue la primera vez en la historia de las organizaciones indígenas y en Aidesep en que se elegía a una mujer para integrar el Consejo Directivo Nacional.
Con menos de 20 años, en una época en la que era casi impensable una mujer indígena lideresa, una joven Teresita Antazú inició una carrera dirigencial que la llevó a convertirse en la primera cornesha —máxima autoridad mujer en la Unión de Nacionalidades Asháninkas-Yanesha— y, años más tarde, en la primera dirigente mujer de la Asociación Interétnica de la Selva Peruana (Aidesep).
Fueron su persistencia, coraje y compromiso los que la llevaron a ser una de las lideresas indígenas más respetadas del país.
Esto lo conoce bien Teresita Antazú, quien ha enfrentado la discriminación y las brechas en carne propia. Actualmente lidera el Programa Mujer de Aidesep, organización a la que regresó como dirigenta nacional con la convicción de impulsar la formación política de las mujeres indígenas y promover su participación en todos los espacios de toma de decisión.
“Hoy me siento orgullosa de haber tenido todo un proceso organizativo, de haber impulsado luchas incansables que hoy hasta los hombres me dicen ‘mujer histórica’ por decir que soy alguien que conoce, que ha estado. Eso me hace feliz, pero lo que más feliz me hace es ver que más mujeres participan. Estoy acá nuevamente trabajando, luchando, siempre viendo por el bienestar de las mujeres y territorios indígenas”, recalca Teresita.
Nelsith: Contaminan ríos y el aire
Nelsith Sangama Sangama, lideresa del pueblo Kechwa de la comunidad nativa Chunchiwi, ubicada en el distrito de San Roque, provincia de Lamas (región San Martín), dice que “las empresas deben respetar los derechos de los pueblos indígenas” y advirtió que determinadas actividades extractivas están generando graves problemas de contaminación.
Ella forma parte del Centro Étnico de los Pueblos Kichwas de la Amazonía (Cepka), que alberga 43 comunidades nativas de la provincia de Lamas, base de la Coordinadora de Desarrollo y Defensa de los Pueblos Indígenas de la región San Martín (Codepisam).
Actualmente es parte del Consejo Directivo de Aidesep y es responsable del Programa de Economía Indígena.
“Están contaminando el río, están contaminando el aire, y creo que eso nos va a conllevar a un problema serio, no solo al pueblo indígena, no solamente a nosotros, sino a toda una sociedad colectiva”, reflexiona.
Elaine: chacras integrales
A través de su programa Mujer, Niñez, Juventud y Ancianidad, la organización Aidesep también apoya la formación y el desarrollo de lideresas indígenas. Una de ellas es Elaine Shajian Shawit, una mujer awajún de la región peruana de Loreto. En 2023, tras años de trabajo en defensa de derechos, Elaine se convirtió en la primera presidenta de la Coordinadora Regional de los Pueblos Indígenas de San Lorenzo (Corpi SL), una de las nueve organizaciones regionales de Aidesep.
Gran parte del trabajo de Elaine se centra en restaurar y fortalecer chacras integrales. La palabra chacra procede del quechua chakra y hace referencia a una pequeña granja o huerto familiar utilizado para la agricultura y la subsistencia.
“Una chacra integral es un sistema de cultivo sostenible que combina conocimientos ancestrales con prácticas agroecológicas. Las familias con chacras integrales cultivan diversos productos, crían animales y reciclan los recursos naturales de forma que protegen el suelo, el agua y la biodiversidad, al tiempo que reducen el uso de insumos químicos”, indica.
Más allá de la producción de alimentos, la chacra integral es también un espacio cultural y comunitario. Es un lugar donde las comunidades cultivan, protegen la biodiversidad, comparten semillas y plantas medicinales y transmiten conocimientos ancestrales.
“Minería y economías ilegales afectan a nuestros hijos”
“Cuando las mujeres defienden juntas su territorio, no solo protegen la tierra, sino que sostienen la vida misma”, afirma Deborah Sánchez, defensora de derechos humanos.
“Las mujeres cuidamos nuestros bosques, las mujeres no talamos”, sostiene por su parte Judith Nunta Guimaraes, lideresa shipibo-konibo. Y agrega: “Tenemos minería y economías ilegales que afectan en la educación a nuestros hijos, hay jóvenes que ya no quieren estudiar por irse a cosechar hoja de coca. También nos afecta directamente a las mujeres porque hay prostitución de nuestras hijas”, dice alarmada.





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