
Cuando en los años 70 Juan Velasco Alvarado vetó una modesta carretera Brasil-Perú, con argumentos como que un exceso de escarabajos Volkswagen anegaría Pucallpa, estaba expresando una percepción entonces muy difundida: que Brasil salga al Pacífico es malo para el Perú. Lima podía terminar supeditada a Brasília, como O São Francisco do Brasil.
Pero con el paso de los decenios ese temor se suavizó, y la salida a nuestro mar, y el paso por nuestro territorio, dejaron de ser vistos como peligrosos o incluso negativos. Allí está, como claro ejemplo de esto, la carretera interoceánica, IIRSA, promovida por ambos gobiernos, donde las preocupaciones no son geopolíticas, sino ambientales.
La reacción del canciller Elmer Schialer al anuncio de un tren bioceánico chino-brasileño Chancay-Ilhéus está a medio camino entre ambas posiciones: esta salida de Brasil al Pacífico no es mala en sí misma, pero debe ser consultada al Perú. Ese pedido de consulta es sensato, puesto que son países extranjeros disponiéndose a actuar en el Perú.
Uno de los motivos por los que China y Perú hicieron el puerto de Chancay fue promover el comercio con la Amazonía y más allá, es decir, Brasil. En esta situación están interesados los tres países, y algunos de los circundantes. Un tren rápido tendría mucho más impacto comercial del que viene teniendo la lenta carretera interoceánica.
Volviendo a Schialer, en el caso del tren bioceánico, cabe diferenciar, hasta donde es posible, gobierno de empresa. Lo cual supone solicitar autorizaciones ante distintas oficinas. Además, la empresa de Chancay es en parte peruana. Sin embargo, hay en todo esto de Atlántico-Pacífico un retintín de relaciones internacionales que no había antes.
La “marcha hacia el oeste” ha sido un leitmotiv nacionalista desde los años 30. Mientras que en “Indio” el famoso cantante Caetano Veloso se ubica metafóricamente “en un punto equidistante entre Pacífico y Atlántico”. Por otra parte, compartimos fronteras porosas, que los habitantes, muy a menudo nativos, cruzan con radical naturalidad.
No olvidemos, sin embargo, que el destino del tren bioceánico propuesto es China, y menos el Perú. Tanto así que el proyecto ni siquiera pasa por Lima. La apertura al Lejano Oriente nos va a obligar a un rediseño territorial en algún momento. Por lo pronto, Bolivia ha reclamado que el nuevo tren pase por su territorio.

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