
El nombre propio de la minería se está volviendo un enigma. Para los medios, en Pataz y alrededores se trata de mineros ilegales (incluso, a veces, criminales). Pero cuando bloquean carreteras o calles del centro de Lima, como ahora último, son mineros artesanales o informales. Hasta hace poco, el criterio para distinguir minerías era la escala, pero eso ha cambiado.
Ahora, lo que distingue —o unifica— los tipos de minería es el método. La zona de Pataz es un patrón porque allí existe una competencia abierta y violentista con la minería legal de todo tamaño. Va contra la ley y, en consecuencia, va contra la propiedad ajena. Todos los días escuchamos lo mucho que gana este tipo de actividad con el oro ilegal.
Luego, hay otros métodos. Lo artesanal alude a hacer minería allí donde nadie más está interesado en hacerla. Se alude también a métodos primitivos, en el sentido de preindustriales. Algo así como un campesinado minero. Por último, lo informal parece referirse a mineros que son ilegales, pero no quieren serlo, o no quieren ser vistos como tales.
Al final, todo termina en lo mismo. Los precios han hecho de la minería tan buen negocio que sus practicantes no quieren pagar impuestos, ven con envidia a la gran o mediana minería de su distrito, y van entrando a las mañas gangsteriles del dinero sucio, entre las que está comprar políticos para tomar atajos hacia la buena fortuna.
Volvamos al inicio. ¿Por qué artesanales o informales, y no ilegales? ¿Es un oficialismo asolapado que busca disimular la tragedia y el aconchabamiento del gobierno? Pero no todos los medios están en eso. Quizás es una forma de decir que toman carreteras pero no son tan violentos como los que asesinan sin reparos, esos sí, ilegales.
Lo que se percibe con claridad es que el gobierno no está en capacidad de defender a nadie. Ni a las grandes empresas acosadas en algunos distritos mineros. Ni a la ciudadanía que transita por las carreteras del país. Ni al fisco, que no recibe nada de las ganancias mineras no legales. Los muertos se siguen acumulando por todas partes, Santiváñez.
Pero el Club Boluarte ya sabe cómo es. Transportistas o mineros, se trata de ignorar los paros y seguir diciendo pachotadas que distraen al respetable público. Para eso están.

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