Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".
A pesar de la evidente renuencia de varios grupos integrantes del Pacto Corrupto, es probable que se vean obligados a censurar o vacar al presidente Jerí. Se entiende que les cueste hacerlo, pues la caída del Bukele de papel cometa los compromete a todos. Ellos lo pusieron, no a pesar de que tuviera rabo de paja, sino precisamente por eso. Era más fácil, imaginaron, controlar a un personaje tan endeble y, en último recurso, fácil de chantajear. El tiro les salió por la culata por haber subestimado el efecto de intoxicación del poder. Más aún por tratarse de un personaje joven y manifiestamente inescrupuloso. Subió como un cohete y cayó como una piedra. La ley de la gravedad es implacable con la levedad.
No asombra esta falta de criterio para elegir al fugaz mandatario; ya habían cometido un error garrafal con su predecesora, quien sucumbió a la misma atracción irresistible de la omnipotencia, solo que a su manera. Una quería enjoyarse y embellecerse como una princesa de cuento. El espejo es, como lo demostró Oscar Wilde en El retrato de Dorian Gray, un artilugio tan engañoso como peligroso. El otro pretendió enriquecerse y ser un galán presidencial. Con el añadido de que, lejos de conformarse con esas ahora conocidas invitadas nocturnas, las contrató como funcionarias gubernamentales. Es evidente que, a esas alturas, el poder lo había trastornado irremediablemente.
La desmesura suele ser el error por el que terminan cayendo incluso los políticos más duchos. Jerí no lo era. Aunque pretendió dar una imagen dinámica de lucha contra la inseguridad, las cifras fueron cayendo al ritmo que las bandas de extorsionadores asesinan a los conductores del transporte público. La mentira aflora, aunque corras con las mangas de la camisa remangadas y poses para los fotógrafos autorizados a hacerte propaganda. Como tantas veces ocurre, sin embargo, lo que terminó con la fugaz carrera de Jerí no fue la corrupción chifera, sino la idea delirante de poner en la planilla del Gobierno a las visitadoras de Palacio. La omnipotencia no solo intoxica: embrutece y fomenta la imprudencia. Durante siglos se han publicado historias que lo demuestran, sin que esto impida que las personas caigan en la misma trampa que algunos llaman destino.
Pero José Jerí es, pese a su ahora desaparecida visibilidad, tan solo un síntoma de un síndrome que lo rebasa con creces. Los verdaderos responsables de esta vergüenza internacional, de esta suma vertiginosa de descalabros y sucesivos nombramientos presidenciales —varios de los cuales están en la cárcel— son los marionetistas del Congreso. Ellos lo saben y por eso les cuesta tanto admitirlo y obrar en consecuencia. Por ahora se amparan en leguleyadas, pero, tarde o temprano, la cabeza del desprestigiado mandatario deberá rodar. Acaso lo haga hasta el Fundo Barbadillo. Los cómputos que están haciendo consisten en averiguar cuán costoso les va a resultar este nuevo fracaso y a cuáles de ellos perjudica más. Es un problema peliagudo, para el cual la IA no les será de utilidad. Hasta los motores más poderosos de esa tecnología revolucionaria se confunden en el laberinto de la política peruana. Perú, país de violadores y presidentes en la cárcel.
Los electores observamos este sainete con perplejidad y cierto goce patológico. El espectáculo del desconcierto de los poderosos que tanto daño nos siguen haciendo como país y como personas tiene algo de reconfortante, a la vez que estéril. Por eso es que ese goce, el de verlos asustados y temblorosos, no basta. Es preciso entrar a la cancha y derrotarlos. De lo contrario, esta decadencia continuará y será peor.
Escándalos como el de La Casa del Padre o las declaraciones del candidato por Fuerza Popular, quien pretendió desacreditar el aborto terapéutico legal para menores de edad violadas, alegando que existían “noche de placer”, revelan mejor que sesudos análisis la calaña de quienes pretenden seguir gobernando. No legislando: gobernando desde el Senado. Es útil que esto suceda, pues evidencia el violento descalabro moral en el que ya estamos sumidos. Pero esto solo servirá si se evita que sigan encaramados en sus curules. Lo cual se dificulta, para el electorado, por la sábana de votación que nos han impuesto.
Aunque no es exactamente lo mismo, es análogo a lo que los españoles conocen como “marear la perdiz”. Su sentido habitual es el de retrasar intencionadamente una decisión para ganar tiempo, tal como están haciendo con la vacancia o censura de Jerí. Pero también se puede aplicar a esa cédula electoral virtualmente incomprensible: de ese modo pretenden prolongar sus lugares en los jugosos asientos del Pacto Corrupto. Retrasan, en la práctica, por unos años la decisión de sacarlos a todos, que las encuestas revelan una y otra vez.
De todo eso Jerí es el síntoma. Del deseo de perpetuarse en el poder en contra de la voluntad popular. ¿No es esto lo que hacen los dictadores? Lo es. Solo que, en vez de un dictador como Fujimori, Castro, Ortega o Maduro, se trata de una dictadura congresal. Habrá que hacer la tarea de descifrar las trampas de ese plan para continuar depredando al país y arruinándolo no solo económicamente —pues ya quedó claro que la riqueza no “chorrea”—, sino moralmente. Por lo pronto, no hay consigna más clara y segura que #PorEstosNo.

Jorge Bruce es un reconocido psicoanalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado varias columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Es autor del libro "Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo".