Según las últimas encuestas, como la del IEP, Rafael López Aliaga (Renovación Popular), Keiko Fujimori (Fuerza Popular), Mario Vizcarra (Perú Primero), Carlos Álvarez (País para Todos) y Alfonso López Chau (Ahora Nación) son los cinco candidatos a la presidencia que lideran la intención de voto.
Hemos revisado sus respectivos planes de gobierno en materia cultural y, bajo todo punto de vista, hay varias cosas que decir al respecto.
No hay lenguaje claro
Uno de los puntos que se tocaron en la última edición del Congreso Internacional de la Lengua (CILE), que se llevó a cabo en Arequipa en octubre de 2025, fue la necesidad de que los estados impulsen el uso de un lenguaje diáfano, en especial cuando se trata de documentos de interés público. En otras palabras, en un mundo tan interconectado como el que vivimos, la información no tiene que caer en registros crípticos (se supone que esta clase de documentos son para el electorado y no para los especialistas). Esta es una de las impresiones que nos dejan los planes de gobierno de los 36 candidatos presidenciales.
Y de esa oscuridad en el registro, no se salva el tema cultural.
Pero lo más alarmante de la lectura de los planes de gobierno es que ninguna fórmula presidencial resalta la importancia de la cultura, a la que ubican como si esta fuera un elemento decorativo. No hay que perder de vista lo siguiente: si el Perú es conocido en el mundo entero, se debe en esencia a su riqueza cultural, que no debemos reducir solo a Machu Picchu (por más orgullosos que nos sintamos de nuestro extraordinario complejo arqueológico).
Ministerio de Cultura
Cuando hablamos de cultura peruana, nos referimos a un nutrido entramado de expresiones que ingresa a casi todos los ámbitos de la vida en Perú. Perú es un país cultural. Perú no es un país con una historia cultural a medias o por construir. En este orden de cosas, la necesidad de un Ministerio de Cultura no depende de estrategias de gestión. Por sentido común, un país como Perú sí debe tener una entidad estatal dedicada a la administración de su cultura. Es por eso que sorprende que el Mincul haya sido borrado de algunos planes de gobierno, como el de Renovación Popular de Rafael López Aliaga. Lo que RP entiende por cultura es gestión, pero una marcada por la tecnocracia sin bagaje cultural y con un desconocimiento alarmante de nuestra historia. Incluso, la palabra cultura es mencionada solo tres veces en 25 páginas. No menos desconcertante es el plan de gobierno de Fuerza Popular de Keiko Fujimori. En sus 138 páginas, la cultura es mencionada 22 veces. Casi todas las referencias a la cultura están relacionadas con un potencial impacto económico. Para Keiko Fujimori, el Mincul no es necesario.
El Mincul sí existe en el plan de gobierno de Perú Primero de Mario Vizcarra. Aunque el discurso del plan no ponga en relieve la real importancia de la cultura, subrayemos su enfoque mayor: la lucha contra la discriminación y el racismo. Es un plan de gobierno perfectible, algo desconectado de la realidad en sus postulados. Pero al menos el Mincul no es borrado. En cuanto a País para Todos de Carlos Álvarez, la palabra cultura es consignada cinco veces en 53 páginas. Cada mención es peor que la que la antecede, como si la cultura solo se justificara en la dimensión comercial.
En cuanto a la cultura, en el plan de gobierno de Ahora Nación de Alfonso López Chau, el Mincul existe. Es un plan de gobierno aterrizado en su dinámica de gestión (es verosímil), pero va a depender mucho de los cuadros que se convoquen para sacarlo adelante. Programas de gestión como este los he visto no pocas veces, casi siempre dinamitados por el espíritu argollero. Subrayemos, además, el énfasis que se le da a la promoción de la lectura mediante la creación de una secretaría técnica interinstitucional.
Más allá de preferencias electorales, prestemos atención a lo que se piensa hacer con el Mincul. Es cierto que el Mincul ha sido usado como instrumento de intereses subalternos desde Dina Boluarte; sin embargo, eso no quiere decir que antes el Mincul haya sido una maravilla. Pero de lo que se trata ahora es de que no desaparezca o sea fusionado con otro. Un país como el nuestro no debe dejar de tener una entidad que promueva y cuide de su cultura (en su sentido más amplio). Justificar su desaparición es un claro signo de ignorancia.





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