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Ciencia

Científicos colocaron dos tazas frente a un chimpancé: hizo algo que se creía exclusivo de los humanos

Un simio que juega a tomar el té nos enseña que no somos los únicos seres con facultades mentales complejas.

Kanzi era famoso porque era capaz de comunicarse con humanos. Foto: Wikipedia / William H. Calvin
Kanzi era famoso porque era capaz de comunicarse con humanos. Foto: Wikipedia / William H. Calvin

Un experimento científico tuvo como protagonista a Kanzi, un bonobo fallecido a los 44 años en 2023, criado en cautiverio y que pasó gran parte de su vida interactuando con humanos. El primate era conocido por comprender órdenes complejas e incluso fabricar herramientas simples de piedra. Ahora, su comportamiento ha vuelto a abrir un nuevo episodio sobre la mente de los grandes simios.

La habilidad de imaginar cosas que no existen, como objetos invisibles, escenas ficticias o situaciones simuladas, se ha considerado una capacidad propia de los humanos. Desde la infancia aprendemos a jugar a “hacer como si...”, organizando fiestas de comida o transformando nuestra habitación en un castillo. Sin embargo, el curioso animal tuvo un comportamiento inesperado.

Experimento revela que los chimpancés pueden realizar acciones antes consideradas exclusivas de los humanos

Investigadores de la Universidad Johns Hopkins y de la Universidad de St. Andrews se preguntaron si el animal podía participar en juegos de simulación, es decir, actuar como si algo fuera real aun sabiendo que no lo es. Para ponerlo a prueba, adaptaron experimentos que suelen utilizarse con niños pequeños.

Kansi podía combinar símbolos para interactuar con los humanos. Foto: Conrad Schmidt

En el primer ensayo, los científicos colocaron dos tazas vacías frente al bonobo y fingieron verter jugo desde una jarra imaginaria en ambas. Luego, simularon vaciar solo una de ellas. Cuando le pidieron a Kanzi que eligiera una taza, él señaló correctamente la que “aún contenía” jugo 'invisible' en 34 de 50 intentos, un resultado que supera ampliamente lo esperado por azar.

Para descartar que el animal estuviera confundiendo lo real con lo ficticio, los investigadores realizaron un segundo experimento con jugo verdadero. En esa prueba, eligió la taza con líquido real cerca del 80 % de las veces, lo que sugiere que distinguía con claridad entre un objeto real y uno imaginado.

Un tercer ensayo, esta vez con uvas ficticias colocadas en recipientes, arrojó resultados similares. En todos los casos, no recibió recompensas por acertar, lo que reduce la posibilidad de que estuviera respondiendo por condicionamiento o por interpretar gestos de los científicos.

Kanzi creció entre humanos, por lo que es difícil determinar si sus habilidades se extienden a todos los simios o se deben a su crianza especial. Foto. Wikimedia

“Lo más emocionante de este trabajo es que sugiere que las raíces de la imaginación no son exclusivas de nuestra especie”, explicó Christopher Krupenye, coautor del estudio. Según los investigadores, estos resultados apuntan a que la capacidad de representar mentalmente objetos inexistentes podría tener un origen evolutivo mucho más antiguo.

Dudas entre los especialistas

Algunos expertos señalan que creer en un objeto invisible no es lo mismo que mantener activamente una ficción, como lo hacen los humanos durante el juego simbólico. "Para convencerme de eso, necesitaría ver a Kanzi simular que vierte agua en un recipiente él mismo", dijo a Science Alert, Michael Tomasello, psicólogo de la Universidad de Duke, quien no participó en el experimento.

Además, el primate tuvo una crianza excepcional, rodeado de humanos, lo que plantea dudas sobre si estas habilidades están presentes en otros bonobos o chimpancés sin ese entorno.

Aun así, los autores destacan que el hallazgo abre nuevas vías para más estudios. Si la imaginación no es exclusivamente humana, podría haberse originado hace entre seis y nueve millones de años, en un antepasado común con los grandes simios actuales.

“Kanzi abrió un camino para futuras investigaciones”, concluyó la bióloga Amalia Bastos, coautora del trabajo de la Universidad de St. Andrews en Escocia.

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