Virgilio Grajeda: Ser fotógrafo me ha enseñado a querer a las personas

Quienes trabajan con él lo describen con una palabra común entre todas las que emplean: “chamba”. Virgilio Grajeda lleva 27 de sus 59 años de vida trabajando en La República como reportero gráfico. Él, como relató en esta entrevista, ha sido testigo del abandono estatal a los pueblos del ande, de los inicios del terrorismo, del retorno a la democracia, de la cúspide de la violencia de terroristas y militares, así como de la actual democracia. Aquí un extracto de su testimonio.Entrevista

Quienes trabajan con él lo describen con una palabra común entre todas las que emplean: “chamba”. Virgilio Grajeda lleva 27 de sus 59 años de vida trabajando en La República como reportero gráfico. Él, como relató en esta entrevista, ha sido testigo del abandono estatal a los pueblos del ande, de los inicios del terrorismo, del retorno a la democracia, de la cúspide de la violencia de terroristas y militares, así como de la actual democracia. Aquí un extracto de su testimonio.Entrevista

Alfonso Rivadeneyra García (@ALRivadeneyra)

-¿Cómo fueron tus primeros días de infancia?

Mi infancia fue muy beligerante, muy veloz, muy rápida, muy beligerante en el sentido que tenía que vivir la vida rápido, por la misma circunstancia económico-social de mi familia.

-¿Tú naciste en Cusco, no?

Yo nací en Cusco, en un pueblito que se llama Limatambo. Según la historia, en el tiempo de los incas era un centro de descanso de Pachacútec.

-¿Cuándo fue la última vez que volviste a Limatambo?

A Limatambo hace... el año pasado.

-¿Y cómo lo notaste?

Desarrollado, bien, pero la gente está igual. Las casas ahí están, de material noble hay alguna que otra casa, hay uno que otros auto… y la gente no ha cambiado, pues sigue teniendo el mismo nivel económico, sigue teniendo las mismas costumbres, sigue teniendo la necesidad económica y por qué, porque falta la presencia del Estado. Podrá haber postas médicas, un colegio, pero de ahí no pasa.

-¿Cómo así te decidiste a trabajar, a vivir como fotoperiodista?

A mí en el colegio, te digo, he vivido la vida rápido desde niño, casi no he tenido infancia porque había que ayudar a resolver el problema de la casa. (…) Trabajaba y estudiaba, trabajaba y daba a mi madre, a mi padre para ayudar a resolver el problema económico, trabajaba y a mí me gustaba mucho la pintura. Y un día descubrí que… mira, yo dibujaba en hojas de papel con las hojas de las flores de distinto color (…) dibujaba un paisaje, una cara, un perro, lo que sea, y pasaban los minutos y cuando lo llevaba al profesor para que lo vea ya estaba oxidado, ya estaba negro. Y así me gustó y ahí tuve la oportunidad en el Cusco de conocer a muchos fotógrafos de esa época, uno de ellos es (Martín) Chambi, ya mayor, y ahí empecé pues. Me dieron la oportunidad de darme una camarita, una Olympus Pen de medio formato e iba al aeropuerto a tomar fotos a los gringos. Entonces a los colegas les gustó mi actitud de tomar fotos.

-¿Y ese qué año era?

Estoy hablándote del 62 al 67 (Virgilio nació en 1952).

-¿Y tu primer trabajo?

Mi primer trabajo ha sido como colaborador en revistas, en el diario La Prensa, Última Hora, siempre les llevaba mis fotos porque en aquellos tiempos no te permitían ser practicante porque el gráfico de esos tiempos te veía… no permitían que uno se acercara más, o sea ellos querían ser siempre los únicos como gráficos. Entonces por eso hay un vacío, hay un desfase. Entra la violencia, entra todo y hay un vacío, no hay nuevas generaciones del 70, que termina la generación de esa gente, hasta que empieza la violencia. Hasta el 90 casi no hay una buena generación de gráficos.

-Por lo que ellos mismos han sido cerrados…

Claro, cerrados eran. Yo agarraba una fotografía, tomaba y me la llevaba a La Prensa. Y me decían que me esperara en la puerta o en la calle.

-Y ya cuando empezaste a trabajar definitivamente en un diario…

He trabajado en varios medios, así chiquitos, grandes, pequeños, de izquierda, de todo. Hasta que llegó la oportunidad de trabajar –ya era conocido ¿no?- trabajé en El Diario Marka, no El Diario de Sendero Luminoso,  sino el diario Marka. Allí conocí a muchos escritores y periodistas como Chema Salcedo (…) Carlos Castro y otros muchos que no están.

-Y en la revista 'Sí' también trabajaste…

Me llevaron a trabajar a la revista 'Sí' por mis conocimientos y mis contactos que había creado ya en provincias y toda esa cuestión. Para entonces había viajado bastante.

-Tengo entendido que en la época del terrorismo toda esta violencia te afectó mucho

Me afectó mucho porque mucho he trabajado con la gente del campo. He visto sufrir a los pueblos, como te dije, yo nací en Limatambo, un pueblito, un caserío y la mayoría de pueblos son así, aunque Limatambo ahora es un pueblo un poquito más desarrollado que un caserío, pero hay pueblos mucho más míseros, que están a 3000, 4000 o 5000 metros de altura. (…) Y al entrar Sendero, arrasaba con todo. Buscaba a las autoridades, al profesor, al alcalde o al gobernador, se les conminaban a que abandonen eso, que se vayan o de lo contrario los acusaban de soplones y los mataban, los ajusticiaban. De lo contrario, si no había eso, Sendero estaba de pasada y entonces venía el Ejército después de Sendero, al día siguiente o en la noche y decían “ustedes han ayudado a los terroristas” y lo mismo, viceversa, si al pueblo entraba el Ejército y después venía  Sendero, (decían) “a ver ¿quién le ha dado el vaso de agua? ¿Por qué les dieron de comer? ustedes son –en quechua les decían- los ‘yana umas’ – los cabezas negras”.

-Quedaban atrapados entre los militares y terroristas.

Claro.

-¿Actualmente te sigue afectando lo que viste?

Sí, yo así nomás no puedo… a mí no me gusta ir, por ejemplo, a los velorios y no me gusta ir a los cementerios, porque veo mucho dolor, mucho llanto. A la mayoría de los pueblos que yo iba encontraba al pueblito entero llorando por sus familiares o sus amistades. (…) A veces yo agarraba, si cobraba, me iba a con mi plata de esto (la profesión) o mis viáticos y se los daba a la gente.

PELIGRO DE MUERTE

“Yo soy quechua hablante, y eso también me ha permitido salvar mi vida”.

-Algo así escuché, que llegaste a escuchar una frase en quechua y salvaste tu vida.

-Te voy a decir dos casos más emblemáticos. Antes de llegar a Huanta hay un pueblito que se llama Bellavista, que campesinos de las alturas bajaron y construyeron su ciudad, su frente de autodefensa. Nosotros con otro colega, Francisco Reyes, estuvimos yendo a entrevistar a la gente después de un año o dos años (de la construcción). Nos confundieron (con terroristas), nos detuvieron, nos metieron bajo tierra, le llamaban el bote ellos (…) con una profundidad de dos o tres metros.

-Una  especie de prisión subterránea

Sí, tapado con tablas y esas cosas.

-¿Qué año era?

Eso sería el 90 o 91. Después de eso, cuando me iba al ataque de Uchiza, el 91 o 93 (en realidad ocurrió en marzo de 1989) atacaron Uchiza Sendero y los narcos. (…) Un patita nos dice por la espalda "alto o disparo", "pon al suelo tus cosas". Yo no le hice caso, si era policía de repente se hubiera identificado pero no, ahí un policía no podía ser identificado porque inmediatamente lo mataban. Entonces el policía no podría decirme nada, así que supuse que era senderista el que me decía. Se me acercó, me encañonó, y al encañonarme me dijo "baja tus maletas al piso". "¿Por qué?" "¿Quién eres tú?" le pregunto. Y mi colega ya se estaba orinando en el pantalón.

-¿Y tú no sentiste miedo?

No pues, yo más o menos tenía experiencia, ya nos había ocurrido en otro lado. Yo me puse valiente, no permití que me amedrentaran.

-¿Y qué pasó después?

Después nos llevaron al monte, pues. A 100 metros a dentro del monte, casi a la orilla del río. Allí había como 30 o 40 subversivos y estaban cantando. Nos quitaron nuestras cosas, nos desnudaron y a mí me amarraron primero las manos y después los pies, entonces querían saber si yo trabajaba con el “chato” César Hildebrandt (quien entonces dirigía la revista ‘Sí’). “¿Y dónde trabajas?” (dijeron) “en tal sitio” (respondía) entonces ellos se comunicaban. “A ver, vamos a verificar”. “Ustedes son soplones, son policías” (decían), “ahorita los vamos a matar”. A cada rato uno venía, luego otro, ya quería dispararme. (...) Nos soltaban y nos ponían allí (Virgilio hace el gesto de alzar un paquete por medio de una cuerda y una polea en el techo).

-¿Estabas amarrado de los brazos?

No, ya estaban sueltos (mis brazos), solamente los pies.

-Entonces tú estabas de cabeza

De cabeza. Nos tenían un rato, después nos soltaban. Y lo más grave era que los bichos, los mosquitos te comían rico. Y habrán pasado 3 o 4 horas… y a esa hora que nos detuvieron fueron las 8 de la mañana, me acuerdo que a las 12 del día o la 1 de la tarde nos soltaron. (…) Llegamos a Uchiza y todavía encontramos todavía a gente herida y toda esa cuestión, y en eso otra desgracia nos pasa ese mismo día (el tono de voz de Virglio baja y se hace más lento antes de retomar la historia). Nos rodea la población, los narcos, nos empiezan a tirar piedras, nos arrinconan en toda la plaza de armas (…) “vayan al río” (decían) “allá están los muertos”. Yo sabía que en el río al gringo este (agente de la DEA) le habían dicho que vaya al río (…) ahí lo mataron.

-¿Y tú les hiciste caso?

No, me paré en la esquina y empezaron a tirar piedras. Eran 10 o 15 personas, y en eso a una distancia veo que -desde ese momento escuché decir “los yana umas, los cabezas negras", o sea los encapuchados del Ejército- venían y nos salvaron.

-Ahora después, de tanto tiempo, lo que más ahorita hay son conflictos sociales…

Se habla del boom de la economía, por las mineras y esas cosas... La economía no llega a la población.

-¿Y dime, cuando vas a manifestaciones, cuáles son las precauciones que tomas?

Estar alerta a quién es quién, observar bien a las personas. Yo los observo así, para mí ya sé quién es, ya saco mi línea, entonces yo me voy por un lado y hago mis cosas.

-Y con los fotoperiodistas jóvenes que están saliendo, egresando constantemente, ¿tú notas algún elemento en común, tal vez negativo?

Siempre en las generaciones, por desconocimiento, hay cuestiones positivas y cuestiones negativas. Pero hay corrientes que –las revistas por ejemplo- imponen posiciones, imponen cosas, entonces la foto se ve bonita en una revista de papel couché como el caso de Caretas o los suplementos de El Comercio, por ejemplo. El Comercio te presenta una foto grande, pero esa foto ya está trabajada. Entonces aquí en La República somos un periódico, somos un medio periodístico donde no se debe… se debe hacer esas cosas, pero hay especialistas que tienen que hacerlo de acuerdo al sentido de la información que le dé el director o la orientación que tenga el periódico. Pero siendo gráfico yo no voy a venir y me voy a poner... tal vez podría cortar (la foto) porque necesito levantar esa imagen porque no pude cambiar el lente y cosas por el estilo; por eso tal vez, más no porque le estoy quitando el valor de la fotografía grabada, hecha al instante, del momento, eso sí es una fotografía; pero si empiezo a ponerle color –sin alusiones-, le quito una mosca que se paró acá o un palito que está acá o al ministro que tengo que tomarle la foto o a un funcionario, está la grabadora, está su cigarro allí; “oye saca eso, voy a limpiar la mesa” no voy a decir. Te voy a contar una anécdota: una vez hice unas fotografías de un personaje. Y cómo ese personaje había tenido contacto en un determinado lugar con unos criminales y precisamente esos criminales le habían dado un obsequio y eso, a ese pata le pareció bonito, lo puso ahí y vino la entrevista y ese detalle, esa cosita, por ese regalo se hizo la conexión de la situación.

-Ese detalle fue importante.

Es importante para identificar cómo venían esas cosas. Ese es el valor.

-Tú has pasado ese tránsito de la fotografía de rollo a digital…

Yo he pasado. En La República ha sido gradual, primero trajeron una Nikon digital pero al mismo tiempo también tomaba con rollos, vino un editor y la desapareció la cámara (…) y era una maravilla de cámara.

-¿Si se la desapareció se la…?

Se la habrá robado, no sé... se desapareció nada más. No te puedo decir.

-Ya para terminar, toda esta vida de fotógrafo que tienes, que has tenido, que sigues teniendo, ¿qué es lo más valioso que te ha enseñado?

Querer a las personas, estar al lado de la gente, estar al lado de los jóvenes, porque eso te da conocimiento. Yo aprendo de ti por tus inquietudes, entonces como yo tengo experiencia asimilo tu inquietud y la desarrollo. Y hago un llamado a los jóvenes, que hagan lo que tienen que hacer, bien, siempre bien y no tienen que amedrentarse, nada es difícil. (…) ¿Entonces el joven qué tiene que hacer? Ya no necesita recorrer el camino que he recorrido, sino simplemente con el diálogo…

-Aprender de tu experiencia

-Aprender de la experiencia, eso le va a permitir desarrollar más rápido estas cosas, le va a ayudar a hacer sus cosas mejor.

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