Votar y votar bien
Dos obligaciones indesligables.
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Las elecciones de hoy son el resultado de una realidad que, estando prevista en la Constitución, no figuraba en la agenda de los ciudadanos luego de las elecciones generales del año 2016. Entonces, los peruanos que acudieron a las urnas lo hicieron convencidos de que su voto permitiría renovar los poderes públicos y confiados en que los elegidos cumplirían el encargo con honradez.
Las cosas no sucedieron de ese modo; el grupo que perdió la segunda vuelta presidencial organizó una oposición destructiva, y no solo se resistió a reconocer el resultado, sino que estructuró una sistemática obstrucción al Gobierno, primero al de PPK y luego al de Vizcarra. No fue, exclusivamente, encono; este grupo, Fuerza Popular y sus aliados, saboteó la lucha contra la corrupción y protegió a los investigados, entre otras razones porque con ello se estaban protegiendo ellos mismos y a sus líderes.
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La disolución del Congreso el 30 de setiembre pasado fue un acto de defensa de la democracia que estos grupos pretendían secuestrar usando para ello un aparente lenguaje legal. El Tribunal Constitucional (TC) se ha pronunciado recientemente y ha confirmado la legalidad de esa disolución, desnudando como ilegales los procedimientos usados por la mayoría parlamentaria de entonces.
El acto electoral de hoy es de reposición de un órgano que está llamado a protagonizar la democracia con idoneidad y transparencia; por lo mismo, es un acto de desagravio de la institución parlamentaria a la que se terminará de rescatar para que cumpla con los fines de la democracia, es decir, para que represente realmente. Por eso es importante votar, para reponer, rescatar, barrer y depurar el Congreso. Por lo mismo, y para estos efectos, no tiene sentido o razón cualquier llamado a no votar. La abstención, en este caso, es una renuncia a la renovación.
Por las razones señaladas, es importante que el voto exprese una voluntad inequívoca, asumiendo el desafío de sufragar identificando el partido que se prefiera y los votos preferenciales que la ley permite, como expresión de un voto informado, como ha señalado reiteradamente el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). La invalidación del voto es una opción que la ley contempla, aunque, considerando la democracia que deseamos, viciar el voto podría ser la pérdida de una oportunidad para los ciudadanos. La fragmentación de la representación siempre ha sido un riesgo para la democracia.
Votar y votar bien son obligaciones indesligables, y en ese sentido se entiende la idea de que las elecciones son una fiesta.



















