Sobre la estupidez humana

“Es necesario recuperar el lado dialógico y centrípeto de la vida democrática...”.

Rafael Roncagliolo
05 Oct 2019 | 3:03 h

A propósito del simposio sobre la estupidez humana que en estos días realizan los psicoanalistas peruanos:

En el año 2000, la más antigua institución de observación electoral del mundo, el británico Electoral Reform International Service, vino al Perú y produjo un informe, redactado por Rebeca Cox. Dicho informe empezaba señalando que “en el Perú existen las instituciones y las apariencias de una democracia, pero no las normas ni la esencia”. Paradoja que, al parecer, ha seguido inspirando a la mayoría parlamentaria elegida en el 2016.

En el año 2007, el historiador Carlo M. Cipolla publicó Allegro ma non tropo: las leyes fundamentales de la estupidez humana. Cipolla, historiador económico, ha construido cuatro prototipos de comportamiento, que son los siguientes:

Inteligente: aquel que se beneficia a sí mismo, beneficiando a los demás.

Desgraciado: aquel que se causa un perjuicio a sí mismo, beneficiando a los demás.

Bandido: aquel que obtiene beneficios para sí mismo, perjudicando a los demás.

Estúpido: aquel que causa pérdidas a otros, perjudicándose a la vez a sí mismo.

Si uno observa la política peruana de los últimos años encuentra una curiosa abundancia de conductas de bandidaje y estupidez. La estupidez, según Cipolla, es aun más peligrosa que el bandidaje, porque obedece a pasiones humanas incontroladas, que desplazan toda racionalidad.

Una de las diferencias entre el 2000 y el presente, es que entonces predominaba el bandidaje en gran escala y racionalmente organizado, mientras que ahora el bandidaje se combina con la estupidez. Por ejemplo: archivar el adelanto de elecciones generales propuesto por el Presidente Vizcarra para que los congresistas y el Presidente se quedaran hasta julio del 2020, para terminar cesando, solo los congresistas, en setiembre del 2019.

Por supuesto que estas irracionalidades no son exclusivas de la mayoría congresal y pueden observarse también, aunque en grado menor, en el lado gubernamental. De hecho, en la vida política, las ideologías y propuestas son solo un ingrediente, que se combina, y a veces se subordina, a pasiones y a otras lógicas ajenas al interés nacional y la razón de Estado.

Ojalá que la elección del nuevo Congreso, y también la del próximo Poder Ejecutivo, sirvan para mejorar los niveles de inteligencia y racionalidad.

En esta misma dirección es necesario recuperar el lado dialógico y centrípeto de la vida democrática, a través de instancias que permitan encarar con respeto, y sin cartas bajo la manga, los nuevos desafíos. Fue con ese espíritu que se creó el Acuerdo Nacional.

Para terminar: el famoso psicoanalista británico, Wilfred Bion, señalaba que cuando un paciente expresa “curiosidad, arrogancia y estupidez … debe ser considerado por el analista como una indicación de que está frente a un desastre psicológico”. Del mismo modo, cuando la política se empapa de arrogancia, bandidaje y estupidez, estamos frente a un desastre colectivo. Evitar tal desastre es un imperativo insoslayable.