18 años después

"La mayoría les devolvió el poder y aquí estamos, sufriendo las consecuencias. En la misma lucha de hace 18 años".

"La mayoría les devolvió el poder y aquí estamos, sufriendo las consecuencias. En la misma lucha de hace 18 años".

Ese jueves en el canal se vivía un día habitual de trabajo, como en cualquier redacción de noticias. Al mediodía, la visita inesperada de Fernando Olivera y Luis Iberico del FIM (parlamentarios por aquella época) llamó la atención de algunos de nosotros, aunque no lo suficiente para distraernos de nuestras labores. Los movimientos inusuales que vinieron luego, sí lo hicieron. Las idas y vueltas entre la sala de reuniones, la isla de edición y el swichter, las constantes llamadas telefónicas y un evidente nerviosismo comenzaron a inquietarnos a todos en Canal N.

Por aquel entonces yo era jefa de informaciones y, como el resto, me preguntaba qué estaba ocurriendo. En esos primeros momentos todo se manejó a muy alto nivel y con mucha reserva. Solo estaban involucrados el editor general, el productor general, el jefe de edición y dos ingenieros. El resto sospechábamos que algo importante y grave sucedía. Por aquellos días en el N vivíamos a sobresaltos, bajo constante amenaza y siguiendo clara y directas indicaciones dadas por Gilberto Hume sobre cómo actuar ante la eventualidad, altamente probable, de ser intervenidos por el servicio de inteligencia.

Horas después todos los jefes de informaciones y responsables de otras áreas fuimos informados poco a poco de lo que ocurría. La primera pauta que recibimos fue que enviáramos equipos periodísticos a tres lugares específicos: el Hotel Bolivar, palacio de gobierno y el congreso, todos equipados con microondas para transmitir en vivo. También que se armara en la puerta del canal nuestro satélite (fly away) con la señal desencriptada para que cualquier medio de prensa, sobre todo extranjero, pudiera tomar nuestra señal. Varios medios internacionales, cercanos al canal, fueron alertados. Sabíamos ya sobre la conferencia convocada por el FIM pero no de qué se trataba.

Nos señalaron que se difundiría un video “bomba” cuya copia estaba en el siwchter para “soltarse” en el momento indicado. La mayoría de nosotros supimos del vladivideo Kouri-Montesinos cuando este ya era emitido. La sorpresa y el silencio en la redacción en los minutos iniciales de la cinta viven en mi memoria. Pasamos luego a la excitación absoluta, a esa adrenalina que solo los periodistas entendemos cuando destapamos una gran historia. La excesiva reserva de los primeros momentos fue vital. Era imprescindible evitar cualquier filtración que pudiera poner en riesgo no solo la difusión del video sino la vida e integridad de todos los involucrados.

A partir de ese momento la redacción del N se convirtió en una locura. Hubo orden de “inamovilidad” para todos aunque, en realidad, nadie quería irse a su casa. Los días posteriores a este primer vladivideo fueron intensos y aquella dictadura corrupta y abusiva comenzaba a desmoronarse como un castillo de naipes hasta la designación de Valentín Paniagua como presidente del país. Hubo manifestaciones de apoyo en las puertas del canal por cuyos pasillos y estudios de televisión desfilaron políticos, empresarios, analistas y periodistas.

Para entonces ya muchos conocíamos los detalles de aquel 14 de setiembre del 2000. De esa cinta en vhs con pésima resolución de video y audio en muy malas condiciones que llevó Olivera, de cómo se tomó la valiente decisión de emitirlas en directo, y cómo fueron mejorados notablemente por profesionales del canal y subtitulados para no dejar duda de los graves hechos que revelaban.

El periodista Marco Sifuentes escribió una nota resumiendo lo ocurrido ese jueves 14 de setiembre que termina diciendo, “ese día recuperamos al país, ojalá no lo volvamos a perder”. Han transcurridos 18 años y pocas cosas han cambiado. El fujimorismo, aunque con rostros nuevos, sigue siendo un grupo hambriento de poder, que atropella y desestabiliza. Que corrompe, abusa y promueve la impunidad. Tras la caída de la dictadura resultaba impensable que el fujimorismo pudiera volver al poder sin una real y profunda transformación. Y miren dónde estamos. ¿De quién es la culpa? Pues nuestra. De nuestra escaza y selectiva memoria, de nuestra indiferencia e incapacidad, como sociedad, de hacerles frente y desenmascararlos con las armas de la democracia.

La mayoría les devolvió el poder y aquí estamos, sufriendo las consecuencias. En la misma lucha de hace 18 años.

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