Lo que le espera a Donald Trump tras la victoria demócrata en el Congreso
Sobreviviendo a la ‘ola azul’. La victoria demócrata en las elecciones de medio mandato reconfiguró el equilibrio político en Washington: los demócratas conquistaron el control de ambas cámaras del Congreso, poniendo fin al dominio republicano en el Legislativo y abriendo una nueva etapa de confrontación institucional con Donald Trump. En este escenario, el veto presidencial y el impeachment vuelven a cobrar protagonismo como herramientas de presión y contrapeso.

"Trump sigue siendo su presidente", decía el mensaje que acompañaba la fotografía publicada por la cuenta oficial de la Casa Blanca en X tras los anuncios de las diferentes derrotas republicanas en las elecciones de medio mandato el 3 de noviembre. El mensaje, que buscaba proyectar, esconde una realidad política mucho más compleja: Trump conserva las facultades constitucionales de la Presidencia, pero perdió parte del capital político que le permitía ejercerlas sin resistencias.
La victoria demócrata, que les entregó el control de la Cámara de Representantes y del Senado, constituye un rechazo contundente a la gestión del mandatario. El resultado también cuestiona el liderazgo personal sobre el que el mandatario construyó su proyecto político y la capacidad del movimiento Make America Great Again (MAGA) para mantener cohesionada a la coalición republicana.
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Douglas B. Sosnik, quien fue director político de la Casa Blanca con Bill Clinton describió el resultado como "un repudio a Trump y a los republicanos, y a lo que han hecho en los últimos dos años".
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Cabe recordar que durante la campaña el propio presidente pidió a los votantes que "imaginen que estoy en la boleta". Según el recuento que hizo The New York Times, repitió esa petición 47 veces. Los electores aceptaron el desafío, aunque no en el sentido que él esperaba.
Trump vs. los demócratas
Sin embargo, la nueva mayoría demócrata no supone la desaparición del poder presidencial. La Constitución concede al mandatario instrumentos para influir en la política nacional y exterior.
El internacionalista Francisco Belaunde explicó para La República que las acciones del mandatario republicano podrían seguir siendo aprobadas sin la necesidad del Congreso. "Seguramente van a ser, como ha estado sucediendo, llevados ante la justicia. Al final, en muchos casos, será la Corte Suprema la que va a determinar si se mantienen o no, solo que ahora tal vez ocurrirá con mayor frecuencia".
Entre las medidas más relevantes que se impulsaron mediante decisiones ejecutivas figuran los aranceles impuestos a aliados y adversarios, las operaciones militares en Venezuela e Irán y los recortes unilaterales del gasto federal que había aprobado el Legislativo.
El veto presidencial constituye ahora una de las principales barreras para la agenda demócrata. Aunque los nuevos legisladores podrán aprobar iniciativas en ambas cámaras, necesitarán mayorías superiores a las ordinarias para superar un eventual rechazo del presidente.
Aunque después se corrigió y aseguró que trabajaría con los demócratas "para asegurar que todo salga bien para nuestro país", el instinto confrontacional del líder estadounidense dejó claro que no tendría miedo en convertirse en el 'Sr. Veto'. "Enviarán cosas que son una locura, y yo las vetaré", indicó para Fox News.
Para el politólogo e internacionalista colombiano, Manuel Camilo González, "Donald Trump siempre va a buscar negociar desde una posición dominante y la tiene". De acuerdo con el profesional, dos eventos marcaron su declaración de intenciones: la utilización del veto y la elección de Stephen Miller como jefe de Gabinete de la Casa Blanca.
Por su parte, los demócratas podrán impulsar investigaciones sobre la administración, cuestionar decisiones del Ejecutivo y examinar posibles conflictos de intereses.
Robert Garcia, congresista por California, encabezará un comité de supervisión en la Cámara de Representantes con facultades para investigar distintos aspectos del Gobierno. "Contraten abogados", advirtió mientras se conocían los resultados electorales.
Entre los asuntos que podrían quedar bajo escrutinio figuran la familia del presidente, la denominada corrupción corporativa, las actuaciones del Departamento de Seguridad Nacional y del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), así como la gestión gubernamental de los archivos de Epstein.
El Senado también podrá bloquear o condicionar las nominaciones presidenciales para el Gabinete y el poder judicial. Si surgiera una vacante en la Corte Suprema durante los dos últimos años del mandato, los demócratas tendrían la posibilidad de impedir una confirmación o presionar para que el líder republicano proponga a un candidato capaz de conseguir respaldo de ambos partidos.
La Cámara de Representantes, por su parte, conserva la facultad de iniciar un juicio político contra el presidente. Trump ya fue sometido a ese procedimiento en dos ocasiones durante su primer mandato, aunque el Senado lo absolvió en ambas. Una nueva iniciativa de impeachment no garantizaría su destitución: para condenarlo se requerirían dos tercios de los votos del Senado, es decir, 67 senadores.
"Requeriría que haya republicanos que se sumen a eso. Es bastante más complicado", indica al respecto Belaunde. Ante esto, incluso dentro del Partido Demócrata existe cautela. El primer juicio político, en 2019, profundizó la confrontación partidista y permitió que Trump se presentara como víctima de persecución política.
Irán, la primera prueba
Entre todos los asuntos que deberá afrontar el nuevo Congreso, la guerra con Irán podría convertirse en el principal indicador de la conducta presidencial durante esta nueva etapa. No se trata solamente de un conflicto exterior: su evolución tiene consecuencias en los precios de la energía y pone a prueba la capacidad del Legislativo para limitar las decisiones militares del Ejecutivo.
Los representantes y senadores elegidos el 3 de noviembre asumirán sus cargos el 3 de enero de 2027. Desde entonces, los demócratas podrán promover leyes, retener fondos, investigar las decisiones de la administración y plantear resoluciones para restringir la capacidad presidencial.
Pero la capacidad de ejercer presión no equivale necesariamente a controlar la política exterior. En junio, tanto la Cámara de Representantes como el Senado aprobaron una resolución para cesar las hostilidades con Teherán. Trump no pudo vetarla, pero en la práctica la ignoró. La Casa Blanca sostuvo que el presidente dispone de amplias facultades para continuar la guerra.
Scott Anderson, investigador principal en estudios de gobernanza de la Brookings Institution, considera que la autoridad del Congreso para obligar al mandatario a actuar constituye una "cuestión legal abierta". Una posible salida, explicó para CNN, sería recurrir a los tribunales: "El Congreso puede intentar resolver esto mediante litigios y obligar a los tribunales a que nos den una respuesta".
Las semanas anteriores a la toma de posesión del nuevo Congreso también serán determinantes. Arman Mahmoudian, investigador de la Universidad del Sur de Florida, señaló a Bloomberg News que "la situación podría evolucionar de cualquier manera". Según indicó, Trump podría adoptar una actitud más agresiva si considera que tiene poco que perder o, por el contrario, optar por la cautela.
Una efectiva oposición
El triunfo demócrata no constituye un cheque en blanco. La nueva mayoría tendrá que convertir el rechazo a Trump en resultados concretos, una tarea más difícil. Sus promesas incluyen investigar casos de corrupción, reducir los costos de la salud, los alimentos y la gasolina, y poner fin a la guerra con Irán.
El senador Chris Coons advirtió que su partido no debería interpretar el resultado como "un mandato". Los demócratas, dijo, siguen siendo "profundamente impopulares" y tendrán que demostrar que pueden responder a las preocupaciones sobre los salarios y el aumento del costo de vida.
Si los demócratas se concentran en la confrontación y no consiguen avances visibles en materia económica, podrían perder en 2028 parte del apoyo que acaban de recuperar.
También deberán gestionar sus propias diferencias. La financiación militar estadounidense para Israel amenaza con abrir fisuras en el partido. Durante la campaña, Abdul El-Sayed y otros legisladores electos defendieron la posibilidad de reducir la ayuda, una posición que podría encontrar resistencia.
La agenda económica plantea otra dificultad. Hakeem Jeffries anunció que buscarán revertir los recortes a Medicaid y extender los créditos fiscales de la Ley de Cuidado de Salud Asequible. Pero la materialización de esas propuestas dependerá de negociaciones con la Casa Blanca.
La productividad legislativa tampoco ofrece motivos para el optimismo. Según una encuesta de Gallup realizada en octubre, solo el 14% de los votantes registrados en Estados Unidos aprobaba el desempeño de los legisladores. Casey Burgat, profesor de asuntos legislativos de la Universidad George Washington, lo resumió para la BBC: "Si pensaban que legislar era difícil en el último Congreso con un único control republicano, ahora se complicará mucho más".
El futuro republicano
La derrota también adelantó las tensiones por la sucesión política de Trump. El vicepresidente J. D. Vance, considerado durante mucho tiempo su heredero natural, enfrenta el dilema de mantener su cercanía con el presidente o comenzar a distanciarse de una administración golpeada por las urnas.
Su crítica a la guerra con Irán, a la que atribuyó parte de la derrota republicana, constituye una señal de que la discusión sobre el futuro del movimiento podría comenzar antes de lo previsto. "Si quieren argumentar que valió la pena, que perder el Senado durante los próximos seis años mereció la pena, háganlo", escribió. "Pero todos sabemos por qué perdimos", añadió.
El secretario de Estado Marco Rubio podría intentar articular una coalición republicana posterior al MAGA, mientras que el gobernador de Florida, Ron DeSantis, podría considerar que un candidato ajeno a una administración desacreditada tendría mejores posibilidades de obtener la nominación presidencial de 2028. Por ahora, se trata de escenarios abiertos. La derrota ha debilitado la imagen de invencibilidad de Trump, pero todavía no ha definido quién podría reemplazarlo como figura dominante del partido.
Sin embargo, Lynn Vavrek, profesora de política estadounidense y políticas públicas en la Universidad de California en Los Ángeles, advirtió que los factores determinantes que causaron el resultado de la votación "no significan que la coalición del movimiento MAGA se esté desmoronando".












































