Tiene 62 años, cría 115 gallinas resistentes al frío extremo en la ciudad más austral del mundo y produce huevos azules para restaurantes de alta cocina
El criadero, que comenzó como un pasatiempo familiar, requiere cuidados constantes. En invierno, las gallinas se trasladan a la ciudad para evitar que los huevos se congelen.

En Argentina, donde las bajas temperaturas complican la producción de alimentos, Nelson Ginter, de 62 años, encontró una manera de mantener su criadero de gallinas ponedoras. Junto con su esposa, María Alejandra Pirchio, cuida 115 aves adaptadas al clima austral y abastece a restaurantes de la región.
Lo que comenzó como un pasatiempo familiarse convirtió en una actividad que requiere cuidados constantes y una logística particular. Según relató Ginter al diario argentino La Nación, durante el invierno debe trasladar las gallinas a la ciudad para evitar que los huevos se congelen, mientras que en verano las lleva a un campo situado a 82 kilómetros.
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Nelson Ginter y sus gallinas
Las gallinas adaptadas al frío que producen huevos azules
La clave de su producción está en una genética desarrollada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), que trabajó en el desarrollo de gallinas capaces de soportar las condiciones climáticas del sur argentino. Para ello, incorporó características de la raza araucana, conocida por poner huevos de tonalidades azuladas.
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"Es una gallina que generó el INTA para la zona fría, una gallina adaptada", explicó Ginter. "La verdad es que anda muy bien", dijo el productor al destacar los cruces, resumiendo su experiencia en una sola frase.
El desafío de producir huevos en medio del invierno patagónico
El clima obliga a modificar su rutina según la estación. Durante el verano, las gallinas permanecen en Punta Paraná, donde pueden recorrer el campo; en invierno, regresan a Ushuaia. "Si los dejás de un día para el otro, se congelan, revientan y no sirven", advirtió el avicultor.
Para mantener las aves en buenas condiciones, cambia el agua de los bebederos varias veces al día y acondiciona los pisos con viruta para protegerlas del viento helado. A estas dificultades se suman los costos de alimentación: una bolsa de 25 kilos que en Buenos Airescuesta unos 17.000 pesos argentinos puede alcanzar los 35.000 en Ushuaia.
Pese a los obstáculos, el emprendimiento comercializa alrededor de 22 maples de huevos por semana y abastece a restaurantes como Kalma Restó y Crujiente, reconocidos en el certamen gastronómico Prix de Baron B. "No hago mucha propaganda porque todo se hizo de boca en boca. Gracias a Dios, tengo muy buenos clientes", narró.















































