Adan Kovacsics: “Hay todo un elemento irracional en la traducción que una herramienta tan racional como la IA no es capaz de resolver”
El último libro de Adan Kovacsics, “Acaece, sin embargo, lo verdadero”, es una invitación a abrazar la literatura como modo de ver la vida. Pero Kovacsics nos habla también de su pasión por la traducción. No es para menos, ha traducido a muchos referentes, entre ellos varios premios Nobel de Literatura. Kovacsics, que sabe.

El recordado escritor español Javier Marías solía decir que una de las maneras en las que un escritor podía mejorar su estilo de escritura era traduciendo a los grandes escritores. La esencia de esta impresión es compartida por el escritor y traductor nacido en Chile, de ascendencia húngara y nacionalizado español Adan Kovacsics. Kovacsics, en su último libro, llamado Acaece, sin embargo, lo verdadero (Acantilado/título que se inspira en los versos del famoso poema del escritor alemán Friedrich Hölderlin, “Mnemósine”) repasa su vida y su relación con la lectura. El testimonio de vida de Kovacsics es muy importante; de alguna u otra manera, lo hemos leído indirectamente, ya que es uno de los principales traductores al castellano de los mejores escritores contemporáneos. A saber, pensemos en el último premio Nobel de Literatura, el húngaro László Krasznahorkai.
“La traducción ha sido esencial. Yo hice el bachillerato en Viena, hice la carrera universitaria en Viena, todo en alemán. Si yo me hubiera quedado en Austria, habría sido un escritor alemán. Lo que hizo que me apodere nuevamente del castellano fue la traducción. Mi castellano estaba languideciente. Hablaba castellano, por supuesto, pero solo con amigos y con mi hermana. Ese fue un primer camino hacia la escritura”, declara Adan Kovacsics para La República.
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En 1967, los padres de Kovacsics decidieron regresar a Europa, más que nada por cuestiones de vida, no por razones políticas. Kovacsics tenía 14 años y su lengua era el castellano. Primero fueron a Hungría y luego se establecieron en Austria. Estos datos son claves para entender su trabajo. Kovacsics no solo es uno de los mejores traductores literarios del mundo, sino que también hay que subrayar que esa labor la ha llevado a cabo con autores de altísima exigencia literaria.

"Acaece, sin embargo, lo verdadero" (Acantilado). Imagen: Difusión.
“Mi relación con la literatura es eterna. Mi padre era un gran lector; nuestra biblioteca en Chile era inmensa. En Austria también. La lectura siempre ha sido parte de mi vida. Leía a Thomas Mann a los 15 años. También a autores húngaros, chilenos y españoles. Yo crecí con varias lenguas; la traducción estaba en mi mente permanentemente. Durante mucho tiempo escribía y no tenía la idea del libro, es decir, escribía porque me nacía, no pensaba en publicar. Quien me dio el empujón para publicar fue el editor español Jaume Vallcorba de Acantilado”, precisa Kovacsics. Al respecto, hay que subrayar que, en el imaginario literario en castellano, la editorial Acantilado, junto a otro puñado de editoriales, ha sido determinante en la formación de lectores exigentes (así suene a pose lo dicho).
En los años 80, Kovacsics empieza a traducir y no niega a su maestro, más bien le rinde homenaje: “Mi maestro fue un peruano, fue Juan del Solar. No me canso de decirlo. Cuando lo conocí, él vivía en Sitges. Cuando llegué a España, fui a buscarlo. Uno de los primeros libros que traduje era de Lou Andreas-Salomé. Mi esposa, la poeta Cristina Grisolía, Juan y yo éramos muy unidos. Juan revisaba mis primeras traducciones. Entre lo que había hecho y lo que salía publicado al final había un trecho largo. Yo traduzco como él me enseñó”.
Así como existen pocos autores capaces de decir que han cumplido (nos referimos a logros reconocidos por la crítica y los lectores) con la literatura, esta misma idea del mismo modo se podría proyectar en los traductores. Como indicamos líneas arriba, Kovacsics tiene en su haber varios gigantes. Al premio Nobel de Literatura 2025 sumemos el del año 2002, el también húngaro Imre Kertész. Al respecto, Kovacsics dice: “Hay un largo camino recorrido y yo sí siento que he cumplido con algún cometido, del cual al principio no era consciente, y eso es lo que hace más bello todo. Siento que mi misión fue traer al ámbito de la lengua española el mundo literario, cultural e intelectual, y la sensibilidad también, de Centroeuropa. He traducido a autores conocidos como Kafka y también a desconocidos. Yo sigo traduciendo, pero ya no como antes; estoy traduciendo a los autores que ya he traducido. A László Krasznahorkai lo conozco desde hace muchos años; el primer libro que traduje de él fue Melancolía de la resistencia. Me alegré cuando ganó el Premio Nobel de Literatura”.
Traductores como Kovacsics, que se enfrentan a portentos en donde se reúnen muchas referencias culturales, tienen que estar en un contacto permanente con la lectura. Así suena duro; cualquiera no puede traducir a los autores que ha traducido. “De ninguna manera. Hay que tener un abanico cultural muy amplio. Cuando un autor siente que está ante un buen traductor, que no solo sabe o domina el idioma, lo tranquiliza porque sabe que el traductor va a poner en otra lengua lo que ha querido decir”.
Kovacsics es de los pocos que nos pueden decir hacia dónde va la traducción en tiempos de IA y Google Translator. ¿Basta poner a László Krasznahorkai, Imre Kertész y Stefan Zweig en Google Translator, por ejemplo? “Hace poco di una charla en Granada, que se llamó “La traducción es un deseo”. Hay un deseo esencial de apropiarte de un texto literario a través de la traducción. Puede ser un poema de Leopardi, que lo trasladas del italiano a tu lengua. Ese es un deseo que no lo hace la IA. Es decir, traducir es hacer. Tú rehaces un texto, tú rehaces una novela, tú rehaces un poema a través de la traducción. Hay un deseo de leer, de apropiarte de un texto a través de la lectura, y hay un deseo de apropiarte de un texto a través de la traducción. Eso sigue vivo. Pensemos en la Divina Comedia. Supongamos que la IA traduce la Divina Comedia, que la pone en rima. ¿Qué saldrá de eso? No será lo mismo que la traducción de Ángel Crespo o la que hizo José María Micó, que no mantuvo la rima, pero sí el hexámetro, y salió una traducción maravillosa. Esto no lo hace la IA. Hay todo un elemento irracional en la traducción que una herramienta tan racional como la IA no es capaz de resolver”.

László Krasznahorkai, premio Nobel de Literatura 2025. Foto: AFP.
Acaece, sin embargo, lo verdadero, es un libro libre en discurso. En él, nuestro autor combina ensayo con narrativa. En estas páginas están presentes muchos autores, en especial centroeuropeos; también hay factores históricos que han ligado a Kovacsics con Europa central. Pero la publicación es, en su base, una celebración de la amistad con Imre Kertész. A ello, consignemos el respiro que la recorre y este no es otro que el de la poesía. “La poesía es la fuente de la literatura. Hay narradores natos que tienen prosa poética. Un narrador es distinto cuando tiene en su escritura la presencia de la poesía. La poesía te saca del lugar común, de lo trillado. La poesía está presente también en mi traducción. La palabra inicial siempre es poética”.
Esta lectura nos deja una certeza. Una gran certeza, en verdad. La literatura es un refugio para estos tiempos convulsos y rápidos.
Al respecto, Kovacsics dice:
“La literatura es un refugio, pero no para huir, sino para que acaezca lo verdadero. La verdad de la vida se manifiesta en la literatura. Lo que va a quedar, como dice Hölderlin mismo, lo fundan los poetas. Lo que quedará, por ejemplo, de la experiencia del Holocausto, será la literatura. Lo que quedará estará en la literatura, no en otras partes, no estará en las ondas que vemos ahora”.
Entonces, de acuerdo con lo dicho, la literatura nos ayuda a no contaminarnos de lo que pasa hoy en el mundo. “Exactamente como lo dices”.


























