Científicos convierten residuos e insectos en fertilizante: sistema multiplica hasta 8,5 veces las cosechas y reduce químicos
El sistema combina abono orgánico y cultivos estratégicos, que controlan plagas y elevan la producción, reduciendo la dependencia de pesticidas.

Investigadores del Centro Internacional de Fisiología y Ecología de los Insectos (icipe) desarrollaron en Kenia un modelo agrícola que aprovecha desechos orgánicos y larvas de mosca soldado negra para nutrir los suelos. La propuesta combina un abono producido por insectos con cultivos complementarios capaces de controlar plagas y elevar la productividad sin recurrir exclusivamente a fertilizantes y pesticidas sintéticos, según publicó npj Sustainable Agriculture.
Esta innovación busca responder a varios desafíos que afectan a los pequeños productores africanos, como el deterioro de las tierras, el encarecimiento de agroquímicos y la vulnerabilidad frente al cambio climático. “Los residuos que quedan son una excelente fuente de fertilizante orgánico”, explicó el especialista Dennis Beesigamukama para Food Tank, al destacar que estos insumos ayudan a construir sistemas alimentarios más resistentes y autosuficientes.
¿Cómo los científicos transformaron residuos agrícolas en fertilizantes de alta eficiencia con insectos?
Las larvas de la mosca soldado negra (Hermetia illucens) procesan desperdicios orgánicos hasta convertirlos en biomasa proteica y un residuo denominado frass. Ese subproducto, generado tras la digestión de la materia sobrante, contiene concentraciones elevadas de nitrógeno, fósforo y otros nutrientes esenciales. De acuerdo con el Icipe, el material tratado funciona como un abono orgánico ideal para nutrir diferentes cultivos.
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Las parcelas evaluadas integraron dicho abono mediante dos metodologías sostenibles: el esquema push-pull y el sistema VIPP. En estos terrenos, el maíz y el caupí coexistieron con Desmodium y Brachiaria, especies vegetales estratégicas que ahuyentan o atraen organismos nocivos, proporcionan forraje y optimizan la tierra. Según publicó npj Sustainable Agriculture, la estrategia no se limitó a sustituir un producto químico por otro orgánico, sino que convirtió cada campo en un pequeño ecosistema productivo.
Para certificar su impacto, diversos especialistas analizaron 12 variantes agronómicas durante 2024 y 2025 en las regiones kenianas de Busia, Homa Bay y Kisii. La investigación contrastó siembras tradicionales de un solo grano, parcelas tratadas con insumos sintéticos y superficies abonadas con el residuo larval. Los datos confirmaron que el volumen máximo de cosecha ocurrió al combinar las plantas alimenticias y forrajeras con la enmienda derivada de los insectos.
¿Cómo revoluciona la agricultura el sistema VIPP en el cultivo de maíz?
El modelo agrícola integrado con maíz, caupí y frass elevó la producción total hasta 8,5 veces frente al cultivo único tradicional. Este incremento proviene de la recolección conjunta de alimentos y forrajes en el mismo terreno. En el caso específico del grano, el rendimiento duplicó su volumen original, mientras el índice equivalente de tierra llegó a 3,3 puntos para optimizar la superficie cultivable.
La diversificación vegetal incrementó el aporte proteico para consumo humano y animal, además de fijar mayor biomasa en las plantas. El cultivo de Desmodium aportó hasta 12,5 toneladas por hectárea y la Brachiaria sumó 2,4 toneladas adicionales. Esta estrategia demostró que el control biológico junto con nutrientes orgánicos reduce los costos en agroquímicos sin perder rentabilidad económica.
Aunque los datos pertenecen a dos años de pruebas locales, el Centro Internacional de Fisiología y Ecología de los Insectos (icipe) busca extender las evaluaciones. La institución financia un plan de 5 millones de dólares para validar la propuesta entre agricultores de Kenia, Uganda y Ruanda. El objetivo final consiste en confirmar si los beneficios persisten en terrenos de mayor escala.













































