A más de 2.000 km bajo el Pacífico, una corriente de hierro del núcleo de la Tierra cambió de sentido: ahora fluye hacia el este
Los investigadores encontraron que la corriente cambió su dirección a este en 2010, lo que plantea nuevas preguntas sobre el interior terrestre.
- Este país de Sudamérica alberga el bosque de piedras más grande: sus gigantescas formaciones revelan un pasado de 10.000 años
- Este volcán de Sudamérica sepultó pueblos hace más de 400 años y desató uno de los veranos más fríos de la historia: sigue bajo vigilancia

Un hallazgo científico publicado en el Journal of Studies of Earth’s Deep Interior (jSEDI) reveló una alteración imprevista en el flujo de hierro líquido dentro del núcleo externo de la Tierra, a más de 2.000 kilómetros de profundidad en el océano Pacífico. Este fenómeno ofrece una perspectiva inédita sobre las fuerzas profundas responsables de originar el campo magnético del planeta.
El descubrimiento no surgió por observación directa, sino a partir de la reconstrucción de casi tres décadas de datos recolectados por satélites y estaciones en la superficie. Los análisis de la Agencia Espacial Europea desafían la teoría de que las corrientes metálicas fundidas conservan patrones estables durante eras prolongadas, al demostrar que ciertas regiones sufren reorganizaciones drásticas en cuestión de años.
¿Por qué la corriente de hierro en el núcleo de la Tierra cambió de sentido?
Un equipo de especialistas de la Universidad de Edimburgo en conjunto con el British Geological Survey evaluó registros satelitales comprendidos entre 1997 y 2025. Mediante el estudio de la variación secular —alteración en el magnetismo del planeta originada por la materia conductora—, los científicos recrearon la circulación cercana al límite entre la masa central y el manto. Esa investigación procesó datos procedentes de las misiones Ørsted, CHAMP, CryoSat-2 y Swarm.
Los modelos revelan que la marea de la superficie profunda transitaba históricamente hacia el oeste. Sin embargo, bajo el Pacífico ecuatorial, una franja que avanzaba con lentitud invirtió su rumbo en dirección al este alrededor de 2010. "La inversión del flujo a gran escala bajo el Pacífico plantea nuevas preguntas sobre el comportamiento del interior profundo de la Tierra", declaró Frederik Dahl Madsen, líder del proyecto, en un comunicado de la ESA.
El origen del fenómeno todavía resulta incierto, aunque los expertos vinculan esta aceleración con fluctuaciones sismológicas del corazón terrestre. Las simulaciones exponen que el impulso oriental perdió fuerza a partir de 2020, sin confirmar un retorno a la trayectoria previa. Para Madsen, resta esclarecer si el evento constituye "una fluctuación de corta duración, parte de una oscilación repetitiva o un nuevo equilibrio estable".
¿Se desvanecerá el campo magnético de la Tierra por esta anomalía en el Pacífico?
La Agencia Espacial Europea aclaró que este hallazgo descarta cualquier riesgo inmediato de inversión en los polos o desaparición del campo magnético global. El fenómeno consiste en una alteración localizada dentro de la capa fluida de hierro profundo bajo el océano Pacífico, mientras el resto de las grandes estructuras terrestres mantiene una conducta habitual y estable. Por lo tanto, dicha variación subterránea no involucra ningún tipo de amenaza directa contra la población ni altera el equilibrio climático actual del planeta.
Ese proceso resulta fundamental porque el flujo líquido eléctricamente conductor alrededor del núcleo sólido interno genera la geodinamo, responsable de levantar el escudo protector terrestre. Dicha barrera natural desvía las partículas conradiación provenientes del Sol para evitar daños severos a la atmósfera y la infraestructura tecnológica moderna. Asimismo, las fluctuaciones registradas repercuten en la precisión de los instrumentos de navegación, la operatividad satelital y las simulaciones del clima espacial cercano.
Comprender esta alteración facilitará anticipar el comportamiento geomagnético futuro e indagar la interacción entre el manto inferior y las capas internas del planeta. Elisabetta Iorfida, especialista de la misión Swarm, señaló: "Este estudio demuestra que pueden surgir cambios regionales rápidamente, en apenas una década". El rastreo orbital posterior determinará si la corriente pierde potencia, recupera fuerza o forma parte de una oscilación cíclica aún no documentada.




















