Esta bestia prehistórica tenía más de 50 dientes y podía cazar dinosaurios: vivió en este país de América Latina y científicos descubren cómo era este temible cazador
El hallazgo, liderado por el paleontólogo Diego Pol, indica que la Patagonia prehistórica tenía un clima cálido y una gran biodiversidad, superando la diversidad de cocodriliformes actuales.
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Un fósil hallado en la Patagonia permitió identificar a Kostensuchus atrox, un antiguo depredador que vivió durante el Cretácico tardío, cuando los dinosaurios dominaban los ecosistemas terrestres. Su anatomía revela características muy diferentes de las que presentan los cocodrilos modernos.
El ejemplar poseía más de 50 piezas dentales afiladas y aserradas, además de extremidades largas y erguidas que facilitaban su desplazamiento sobre suelo firme. El hallazgo también aporta información sobre el clima y la biodiversidad que existían en el extremo austral de Sudamérica.
¿Cómo era el depredador que habitó la Patagonia?
Los investigadores determinaron que Kostensuchus atrox pertenecía a los peirosaurios, un grupo extinto de cocodriliformes que compartía un antepasado común con los cocodrilos, caimanes y aligátores actuales. Sin embargo, su estructura corporal estaba adaptada para desenvolverse activamente fuera del agua.
Sus más de 50 dientes, delgados y con bordes aserrados, muestran una clara especialización carnívora. El paleontólogo Diego Pol señaló que su mordida podría partir en dos con un solo mordisco, una característica que habría convertido a este animal en un cazador formidable.
¿Qué revela su descubrimiento sobre la Patagonia prehistórica?
El hallazgo demuestra que los cocodriliformes del Cretácico tardío alcanzaron una diversidad mucho mayor de la que sugieren sus representantes contemporáneos. La capacidad de este ejemplar para desplazarse con rapidez por tierra habría permitido que persiguiera distintas presas, incluidos pequeños dinosaurios.
El fósil fue recuperado por un equipo encabezado por Diego Pol, junto con especialistas del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia y científicos de Brasil y Japón. Además de ser el peirosáurido más reciente y austral conocido, su presencia indica que aquella región tenía un clima cálido y húmedo, muy distinto al paisaje actual.






















