El telescopio James Webb de la NASA revela un planeta parecido a Mercurio: calcinado por su estrella y es más grande que la Tierra
Este mundo presenta temperaturas extremas de hasta 700 °C en su lado iluminado, mientras que el opuesto permanece en oscuridad perpetua.
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El telescopio espacial James Webb de la NASA detectó un exoplaneta extremo que podría parecerse a Mercurio o incluso a la Luna. El mundo alienígena, llamado LHS 3844b, es aproximadamente un 30% más grande que la Tierra y se encuentra a unos 50 años luz de distancia, orbitando una pequeña estrella roja. Debido a esa cercanía extrema, los científicos creen que la intensa radiación eliminó casi por completo cualquier atmósfera que pudo haber tenido, dejando una superficie rocosa y abrasada.
Un planeta con temperaturas extremas y oscuridad eterna
Los investigadores explican que LHS 3844b está bloqueado gravitacionalmente, lo que significa que siempre muestra la misma cara a su estrella. Como consecuencia, un lado del planeta vive bajo calor permanente, mientras el otro permanece sumido en oscuridad eterna.
En la región iluminada, las temperaturas alcanzan cerca de 700 °C. Estas condiciones convierten al planeta en uno de los mundos rocosos más hostiles observados hasta ahora.
El exoplaneta fue descubierto originalmente en 2018, pero las nuevas observaciones permitieron analizar con más detalle su superficie gracias al instrumento MIRI del telescopio.
El James Webb logró analizar la composición de su superficie
Aunque el telescopio no puede observar directamente el planeta, como ocurre con los cuerpos del Sistema Solar, sí puede estudiar la radiación infrarroja que emite. Esa información funciona como una huella química capaz de revelar de qué está compuesto.
Los científicos determinaron que la superficie podría estar formada por basaltos ricos en hierro y magnesio, similares a las rocas volcánicas presentes en la Luna o en el manto terrestre.
¿Un mundo muerto o todavía activo?
Los expertos manejan dos posibles escenarios. El primero indica que el planeta podría seguir teniendo actividad volcánica. El segundo, considerado más probable, sugiere que se trata de un mundo geológicamente muerto y cubierto por polvo y roca pulverizada tras millones de años de impactos y radiación.
Además, el James Webb no encontró señales claras de gases asociados a volcanes, como dióxido de carbono o azufre, lo que refuerza la idea de que LHS 3844b sería un planeta inactivo y seco, muy parecido a Mercurio.

































