El glaciar del Juicio Final en la Antártida comenzó a moverse: científicos detectan un proceso irreversible
Un estudio sugiere que un gran glaciar antártico está en camino a su colapso total. Solo es cuestión de tiempo.
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Una misión internacional basada en dos décadas de datos satelitales y mediciones GPS ha revelado que el glaciar Thwaites, conocido como el glaciar del Juicio Final, ha entrado en una fase de inestabilidad en la Antártida. Los científicos advierten que esta gran masa helada contiene suficiente hielo como para elevar el nivel del mar en unos 65 centímetros.
El estudio muestra que la formación progresiva de grietas internas y la pérdida de su punto de anclaje están acelerando el movimiento del hielo hacia el océano. Durante décadas, la plataforma de hielo oriental se mantuvo parcialmente en su lugar gracias a una cresta rocosa en el fondo marino en su extremo norte. Esta formación, conocida como punto de fijación, actuaba como un freno. Resistió el flujo de hielo y ayudó a estabilizar el glaciar aguas arriba. En los últimos 20 años, esa función estabilizadora se ha ido desvaneciendo.
Los hallazgos fueron publicados en el Journal of Geophysical Research y forman parte del Thwaites Amundsen Regional Survey and Network, un importante esfuerzo de investigación entre Estados Unidos y el Reino Unido.

El Glaciar Thwaites tiene un área de aproximadamente 192,000 km². Foto: NASA
¿Cómo se rompió el glaciar del Juicio Final?
El estudio revela que el debilitamiento de la plataforma de hielo oriental del glaciar Thwaites no ocurrió de forma repentina, sino a través de un proceso gradual dividido en cuatro fases a lo largo de 20 años y en dos etapas distintas de formación de grietas.
En una primera etapa, comenzaron a aparecer grietas largas alineadas con la dirección del flujo del hielo, que se extendieron lentamente hacia el este. Algunas de estas fracturas superaron los 8 kilómetros de longitud y llegaron a atravesar por completo la plataforma, señal de que la estructura empezaba a perder cohesión.

Plataforma de Hielo Oriental de Thwaites y alrededores. Foto: JGR Earth Surface
Con el tiempo, el proceso cambió. En una segunda etapa surgieron numerosas grietas más cortas, orientadas de forma transversal al flujo del hielo, la mayoría de menos de 2 kilómetros. Aunque eran más pequeñas, su número aumentó de forma significativa y duplicó la longitud total de las fisuras, debilitando aún más la plataforma.
El análisis de imágenes satelitales confirma este deterioro progresivo. La longitud total de las grietas pasó de unos 165 kilómetros en 2002 a aproximadamente 336 kilómetros en 2021, mientras que la longitud promedio de cada grieta se redujo de 3,2 a 1,5 kilómetros, una señal clara de que el hielo se estaba fragmentando internamente.
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Del equilibrio a la inestabilidad del glaciar Thwaites
Estos cambios reflejan una transformación en el estado de tensión de la plataforma, es decir, en la forma en que las fuerzas internas actúan sobre el hielo. Entre 2002 y 2006, la plataforma se aceleró al ser arrastrada por zonas de hielo que se movían más rápido, lo que generó compresión cerca del punto de anclaje que inicialmente ayudaba a estabilizarla.
A partir de 2007, la zona de cizallamiento que conectaba la plataforma oriental con la lengua de hielo occidental colapsó. Desde entonces, la tensión dejó de distribuirse de manera uniforme y comenzó a concentrarse alrededor del punto de anclaje, favoreciendo la aparición de grandes grietas.
Desde aproximadamente 2017, estas fracturas han llegado a atravesar casi toda la plataforma, debilitando de forma crítica su conexión con el punto de anclaje. Lejos de frenar el movimiento del hielo, este punto pasó a convertirse en un factor de inestabilidad, acelerando el flujo del glaciar aguas arriba, según concluyen los investigadores.
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El “freno” del glaciar se convirtió en su punto más débil
Al inicio del período estudiado, el llamado punto de fijación —una cresta rocosa en el fondo marino— ayudaba a mantener estable la plataforma de hielo al oponerse al avance del glaciar. Funcionaba como un freno natural que limitaba el movimiento del hielo hacia el océano.
Con el paso del tiempo, el hielo que descansaba sobre esa cresta se fue adelgazando y perdió parte de su agarre. Lo que antes era una única zona sólida de contacto se fragmentó en pequeñas elevaciones de hielo, entre las cuales el glaciar comenzó a fluir con mayor facilidad. En lugar de reforzar la estabilidad, la tensión acumulada en esa área empezó a favorecer la aparición de grietas.
El estudio demuestra que el punto de fijación no solo dejó de cumplir su función original, sino que cambió de papel. En las etapas más recientes, se transformó en un foco de daño estructural, donde las fracturas concentran la tensión y aceleran el movimiento del hielo, alimentando el proceso de debilitamiento. Como señalan los autores, “la acumulación de daño estructural concentra la tensión y acelera el flujo de hielo”.
Este comportamiento no es exclusivo de Thwaites. Investigaciones previas han mostrado que otras plataformas de hielo de la Antártida colapsaron de forma similar, cuando elementos que antes las estabilizaban se convirtieron en puntos de falla. En el caso del glaciar del Juicio final, el riesgo es mayor porque el glaciar se asienta sobre un fondo marino inclinado hacia el interior, una configuración que facilita un retroceso inestable una vez que el proceso se pone en marcha.





















