Descubren que el coronavirus puede acelerar su ritmo de evolución
A diferencia de otros patógenos, el coronavirus SARS-CoV-2 no tiene un ritmo de evolución constante. Por esa razón, algunas variantes pueden surgir en cuestión de semanas.
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Uno de los grandes misterios sobre el coronavirus SARS-CoV-2 es cómo puede generar variantes de riesgo a un ritmo vertiginoso. Recientemente, un estudio publicado en la revista Molecular Biology and Evolution ha descubierto que, a diferencia de otros patógenos, la evolución del virus causante de la COVID-19 no es estable, sino que puede acelerar momentáneamente.
A medida que el SARS-CoV-2 se propaga entre sus huéspedes va acumulando mutaciones que lo vuelven muy distinto a sus predecesores. A estas versiones altamente mutadas se las llama variantes
Sin embargo, solo las de mayor riesgo son catalogadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como variantes de preocupación (VOC). Entonces se les designa una letra griega, tales como alfa, beta, delta y ómicron. Las apariciones de estas variantes de preocupación han coincidido con olas que dispararon los contagios y colapsaron los sistemas de salud.

El sublinaje BA.2. fue apodado antes como la versión sigilosa de ómicron, ya que posee mutaciones que la hacen detectable únicamente en pruebas de laboratorio. Foto: Association of American Medical Colleges - AAMC
“Lo que estábamos viendo con las variantes del SARS-CoV-2, particularmente las variantes preocupantes, es que han sufrido muchas más mutaciones de las que esperaríamos bajo el ritmo evolutivo normal de coronavirus similares”, sostiene Sebastián Duchene, autor principal del estudio.
Duchene señala que los virus generalmente tienden a mutar a un ritmo sostenido. En el caso del SARS-CoV-2, cada mes se acumulan dos nuevas mutaciones en su código genético, aproximadamente.
Sin embargo, las variantes de preocupación no parecen surgir obedeciendo este patrón evolutivo constante, sino en un tiempo más rápido.
Por ejemplo, detalla el estudio, la variante beta surgió en cuatro semanas, delta en seis, alfa en 14 y gamma en 17, y se toma como punto de partida la primera vez que se secuenciaron sus versiones ancestrales.
Este descubrimiento sugiere que el SARS-CoV-2 tiene la capacidad para acelerar su ritmo evolutivo cada cierto tiempo. Son “pruebas convincentes de que los aumentos episódicos, en lugar de a largo plazo (...) sustentan la aparición de COV”, escriben los autores.
El motivo de este impulso evolutivo del SARS-CoV-2 aún se desconoce. Algunas hipótesis señalan como responsables a las infecciones prolongadas en individuos inmunocomprometidos o contagios en la población no vacunada, que facilitan las condiciones para que el virus siga mutando.
Ante este hallazgo, Duchene resalta la necesidad de continuar y fortalecer la vigilancia genómica en todos los países del mundo.
“Imagínese si hubiera podido detectar ómicron en los primeros pacientes; si pudiera evitar que se propague desde allí, entonces no estaríamos en la situación en la que nos encontramos ahora”, finalizó.





















