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Ciencia

El camino a Marte desde Perú: los estudios de análogos marcianos, superficies similares al planeta rojo

Desde Perú, investigadores nacionales estudian la posibilidad de que el hombre llegue a Marte y qué podría descubrir en el planeta rojo.

Científicos peruanos desarrollan proyectos de investigación con análogos marcianos. Foto: composición La República.
Científicos peruanos desarrollan proyectos de investigación con análogos marcianos. Foto: composición La República.

El planeta Marte se ubicó a unos 56 millones de kilómetros de distancia en su momento más cercano a la Tierra; sin embargo, los científicos han encontrado la manera de estudiarlo sin ir tan lejos, gracias a los llamados análogos marcianos, superficies similares a las del planeta rojo que están ubicadas en algunos países, incluido el Perú.

Los análogos marcianos son áreas de la Tierra que poseen características similares a las que hay en Marte. Haberlos ubicado ha permitido que los científicos ensayen sus proyectos antes de enviar robots allí, o que simulen cómo sería la vida en ese lugar.

A fines de julio de este año, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA por sus siglas en inglés) envió otra vez una nave para el estudio del suelo de Marte. Perseverancia, como la han llamado, llegará todavía en febrero del 2021. Proyectos como este son posibles gracias a investigaciones previas en los análogos marcianos.

Marte habría perdido su agua al enfriarse. Imagen: NASA Goddard.

La Joya, un desierto potencialmente rico en investigación

Científicos peruanos están trabajando actualmente en el desierto de La Joya, en Arequipa. La geografía del lugar ha resultado sumamente valiosa para la NASA, ya que la química del suelo simula las condiciones en las que estuvo la superficie marciana mientras perdía su agua.

La Joya se ubica aproximadamente a 70 kilómetros de la ciudad de Arequipa, entre los 16°S o 17°S y los 71,5°W o 72,5°W. Según la Sociedad Científica de Astrobiología del Perú (SCAP), se trata de “un análogo a Marte en características geológicas, químicas y físicas”.

Solo territorios muy específicos de la Tierra son considerados análogos de Marte. Hawai, en Estados Unidos, es uno de estos lugares, ya que posee basaltos en el suelo a causa de los volcanes. Este tipo de roca abunda en la superficie marciana.

Desierto de La Joya, Arequipa, es usado como análogo marciano.

En España, el río Tinto es otro de los espacios análogos, ya que posee una acidez muy elevada (pH 1). Los organismos que viven en esta zona consumen la pirita del lugar y liberan ácido sulfúrico e ion férrico a su entorno, según un informe de Andina en setiembre del 2017.

Asimismo, los valles secos de la Antártida aparentan ser un pedazo del Marte de nuestros tiempos. El suelo en esta parte del planeta se encuentra seco y congelado. Recordemos que las noches del Planeta Rojo pueden llegar a menos 80 grados bajo cero.

La ruta a Marte desde el Perú

El potencial de La Joya ha llamado la atención de la comunidad científica nacional e internacional. Ello gracias al esfuerzo de investigadores como el químico Saúl Pérez, quien radica en Arequipa y estudia las características del suelo desértico.

Según el investigador de la Universidad Católica San Pablo, este lugar presenta una de las cantidades más bajas de materia orgánica del mundo, pues solo cae un milímetro de lluvia por año. Estas condiciones son también propias de la superficie marciana.

A ello se suma el alto contenido de minerales y sales que hay en el terreno. Por otro lado, existe una alta radiación ultravioleta. Resulta importante entender cómo fue perdiendo el agua este desierto, para comprender qué pudo haber pasado en el planeta rojo.

El suelo del desierto de La Joya es similar al de Marte. Foto: SCAP.

Por otro lado, en las últimas investigaciones, se ha podido detectar un superoxidante. El químico explica que se parece mucho a lo encontrado en Marte. Sin embargo, este descubrimiento aún merece mayor profundización. Por lo pronto, La Joya se ha ganado un lugar entre los análogos más importantes del mundo.

“Ha venido un grupo a investigar el desierto de la Joya y cómo bacterias que liberan CO2 y metano podrían ser utilizados como marcadores de vida”, explica Pérez, quien inició estas investigaciones en el Perú desde el año 2004.

Los marcadores de vida son condiciones que permiten a los científicos evaluar las condiciones en las que se encuentra un planeta. Es decir, si se encuentra alguno de los marcadores, es una ligera señal de vida. De haber vida en otros planetas como en la Tierra, también estaría relacionada con el agua o el carbono.

Al igual que en otros ámbitos, la pandemia también ha generado que las investigaciones se paralicen. Pero este no sería el problema más grande que han tenido que soportar los científicos. Según Pérez, la intromisión de una minera en La Joya y las invasiones de pobladores les ha impedido hacer trabajos de campo con normalidad.

“Es un trabajo desde el 2004. Si queremos atraer la atención de los científicos tendríamos que decirles que hemos encontrado otro lugar. En el mejor de los casos y con el apoyo, (implicará) un par de años. (...) Me da mucha pena porque veo que el trabajo que hemos hecho se ha ido”, expresa el investigador.

La Joya no sería el único terreno con características similares a Marte. El investigador explica que la reserva de Salinas en Arequipa también resulta interesante para futuras investigaciones. Asimismo, las zonas andinas con el suelo congelado (permafrost) o los volcanes también serán motivo de estudio.

Imagen del suelo marciano. Foto: NASA

La estratósfera: un análogo marciano permanente

La Asociación Peruana de Astrobiología, ASPAST, ha realizado proyectos de investigación desde el 2013. Esta institución realiza experimentos en la estratósfera, una región que rodea el planeta y que simula algunas de las condiciones del planeta Marte.

Octavio Chon, presidente de ASPAST, cuenta que hace 20 años asociaban la astrobiología con la ufología. Es decir, se pensaba que esta área de conocimiento consistía en la búsqueda de “marcianos verdes” u ovnis. Sin embargo, poco a poco se fue ganando un lugar en la ciencia.

ASPAST experimenta enviando sondas a esta parte de la atmósfera. Con ayuda de un globo de helio, envían tardígrados (”osos de agua”) o semillas de quinua a más de 20 kilómetros de altura. El objetivo es ver si estas muestras pueden resistir las condiciones de la estratósfera.

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“Imaginemos que queremos enviar unas muestras de papa o de quinua a Marte. ¿Sobrevivirían en esos entornos? Es una forma de saberlo. La otra manera es muy cara. Llevar un robot a Marte no es accesible en el Perú”, dice Chon.

Otra forma de simular estar en Marte es con una “máquina” especial, pero estas inversiones grandes tampoco son posibles con poco presupuesto, según el filósofo y docente de la Universidad de Lima, quien en junio pasado publicó un artículo en la revista de la Universidad de Cambridge sobre astrobioética,

La mayoría de lanzamientos en Perú se realizan en Ica, por su cercanía con Lima. El reto que tienen los investigadores es lidiar con las condiciones climatológicas y geográficas de nuestro país, ya que una sonda enviada desde la costa podría terminar en la ceja de selva.

Chon asegura que estas “variables” ya han sido superadas. Sin embargo, desde el mes de marzo han tenido que suspender sus actividades a causa del coronavirus. “Estábamos haciendo varios lanzamientos, pero llegó la pandemia y tuvimos que posponer los envíos”, cuenta.

Sin embargo, los estudios sobre análogos marcianos en Perú están creciendo cada vez más. Proyectos como estos o los estudios de Julio Valdivia sobre la posible siembre de papas en Marte son prueba de que en el Perú, además de talento, hay capacidad para producir ciencia innovadora y de rigor.