
Por Isabel Lozano Santos
Uno de los territorios de mayor biodiversidad de la Amazonía peruana enfrenta la amenaza de la deforestación, los cultivos de coca y el narcotráfico. Aguas Calientes Maquia, en la región Loreto, lleva más de una década esperando que el Estado peruano la declare oficialmente como Área de Conservación Regional (ACR). Mientras esa protección no llega, sus más de 98.161 hectáreas permanecen expuestas al avance de actividades ilegales.
Ubicado entre las provincias de Requena y Ucayali, el territorio se extiende por los distritos de Contamana y Alfredo Vargas Guerra (Ucayali), así como Maquia (Requena). En este singular ecosistema conviven más de 900 especies de flora y fauna. El impulso para proteger Aguas Calientes Maquia comenzó en 2013, con el respaldo de autoridades locales, comunidades nativas y equipos técnicos del Centro para el Desarrollo del Indígena Amazónico (CEDIA).
Sin embargo, la inestabilidad política y la burocracia han retrasado decisiones cruciales que, según los cronogramas originales, debieron concretarse hace varios años. Aunque el Ministerio del Ambiente publicó recientemente el proyecto de decreto supremo para oficializar el ACR, el expediente técnico está en espera de la sesión en el Consejo de Ministros, sin fecha definida para su aprobación final.
Observación de Guacamayos
La zona propuesta concentra vertientes de aguas calientes y frías que forman pozas templadas, además de seis cataratas con alto potencial turístico. Su biodiversidad es excepcional: se han registrado 517 especies de plantas, 259 de aves, 75 de mamíferos, 68 de anfibios, 41 de reptiles y 19 de peces, varias de ellas en peligro de extinción.
Entre sus atractivos más singulares destaca la colpa de guacamayos, donde entre 300 y 400 ejemplares pueden observarse a tan solo cinco metros desde un escondite camuflado. Es una experiencia única para visitantes y observadores de aves. Pero para vivirla hay que madrugar. El visitante debe estar acostado y en silencio antes de las 6 a. m. y después solo queda esperar a que las aves coloridas desciendan a la colpa.
Observación de Guacamayos
El avistamiento puede prolongarse hasta una hora; sin embargo, si las aves perciben peligro, abandonan la colpa en cuestión de segundos. La cercanía es tal que no se requieren binoculares. A diferencia de otras zonas amazónicas, en Aguas Calientes Maquia los cantos de las aves se escuchan con gran nitidez y a muy corta distancia.
En febrero último, un equipo de biólogos, forestales y ornitólogos registró 203 especies de aves, además de 39 grabaciones de cantos. Rafael Pino, jefe de la Zona Reservada Sierra del Divisor y futura ACR, que apoyó la expedición, destacó un hallazgo particular: un colibrí de la especie topacio, poco común en la Amazonía, fue identificado en las partes altas del área.
Los científicos quedaron sorprendidos por la escasa intervención humana en la zona Sur del área, gracias a la voluntad y conciencia de la población de Contamana. "Las trochas que caminaban, las alturas que andaban, no había intervención. Se notaba que hay poquísimas visitas de personas, escuchaban más cantos de aves, podían observar los guacamayos cruzar las quebradas", contó Pino.
Las aguas termales de Aguas Calientes Maquia se extienden por cinco kilométros
A eso se suman las pozas termales, un fenómeno geotérmico cuya singularidad va más allá del turismo. “Estas aguas termales contienen sal, sulfuro, hierro y posiblemente otros elementos como cobalto. Calculamos unos cinco kilómetros de quebrada de donde emerge el agua caliente y el punto más caliente, el Encanto de Humo, puede estar a 85 grados", detalla Pino.
El origen es profundo: “Las aguas termales vienen del subsuelo, de entre diez y quince kilómetros de profundidad, acompañadas de sulfuro. Al mezclarse con el agua de lluvia, la temperatura desciende a entre 50 y 60 grados, formando las pozas templadas. Pero en temporada seca, advierte Pino, "la temperatura puede subir a 60 o 65 grados y ya no puedes entrar".
Para los contamaninos, las pozas tienen historia. Su uso medicinal forma parte del conocimiento ancestral de la población, transmitido desde los primeros colonizadores, quienes acudían a estas aguas para aliviar dolores reumáticos ante la falta de medicamentos. En una zona donde las actividades productivas exigen gran esfuerzo físico, las aguas termales se convirtieron en una alternativa natural para mitigar dolencias. Así, el vínculo entre el territorio y sus habitantes se resume en una frase que aún perdura en la memoria local: “Las Aguas Calientes sirven para sanar nuestros males”.
Cataratas en Aguas Calientes Maquia
La principal amenaza sobre el área de Aguas Calientes Maquia no proviene únicamente de la tala indiscriminada, sino del cambio de uso de la tierra para cultivos de hoja de coca, impulsados por actores externos sin identificación ni permisos otorgados por el Estado.
Durante la pandemia (2020-2021), en zonas cercanas como Orellana y Sarayacu comenzaron a registrarse estos cultivos, marcando el inicio de un proceso de ocupación progresiva del territorio por economías ilegales.
Para 2024, se reportaron 1.156 hectáreas deforestadas dentro del área propuesta para el ACR, principalmente en la zona norte, como consecuencia directa de la expansión de estos sembríos. El alcalde de la provincia de Ucayali-Contamana, Rodolfo Lovo Tello, advierte que la ausencia de una declaratoria oficial ha dejado el territorio en una situación de alta vulnerabilidad frente a estas actividades.
“Si no concretamos esta área de conservación, en cinco años podríamos tener grandes extensiones de cultivos de coca”, alertó. A este contexto se suma el riesgo de expansión de la minería ilegal. "Nuestras cuencas corren un peligro. Se está extendiendo y no vaya a ser que de pronto alguien descubra que existen granitos de oro. Si tenemos el ACR vamos a evitar todo eso", afirmó el alcalde.
Para las autoridades locales, la creación del Área de Conservación Regional se presenta como el principal mecanismo para frenar el avance de estas economías ilegales y ordenar el uso del territorio bajo un enfoque sostenible.
La deforestación y los cultivos de coca podrían afectar los bosques y sus ocupantes
La creación del ACR representa una oportunidad concreta de conservación y desarrollo económico sostenible. Según estimaciones técnicas, su establecimiento evitaría la deforestación de 2.541 hectáreas de bosque primario en los próximos 20 años, equivalente a 55,6 millones de soles en servicios ecosistémicos.
Al menos ocho comunidades participan directamente en el proceso y entre 20 y 25 se ubican dentro del ámbito del ACR, lo que beneficiaría a más de 5 mil habitantes del entorno inmediato y hasta 15 mil si se considera el distrito de Contamana. En conjunto, el impacto podría alcanzar a los cerca de 32 mil habitantes de toda la provincia de Ucayali.
El turismo sostenible es el otro gran pilar. La zona recibe actualmente menos de mil visitantes al año, pero con la implementación del ACR se proyecta un incremento de entre 20% y 25% en el flujo turístico.
Para el alcalde Lovo, Aguas Calientes no es solo un atractivo natural, sino la base del modelo de desarrollo que la provincia necesita. “Contamana no es una zona agrícola; eso debe quedar claro. La provincia de Ucayali debe orientarse a un desarrollo sostenible basado en el turismo”, señaló. Añadió que el área ya cuenta con nueve o diez puntos turísticos identificados, entre ellos la colpa de guacamayos, considerada su principal atractivo. “En junio, julio y agosto son cientos de aves las que acuden a la colpa”, destacó.
Sin embargo, el acceso sigue siendo una limitación estructural. El alcalde informó que existe interés del gobierno central para destinar cerca de 250 mil soles a mejorar los accesos, aunque este financiamiento depende de la formalización del área. “No podemos seguir esperando. Si el Estado no actúa, tendremos que hacerlo con lo poco que tenemos”, afirmó.
Alcalde de la provincia de Ucayali-Contamana, Rodolfo Lovo Tello
El Ministerio del Ambiente ha abierto un proceso de consulta pública de 15 días. Concluido ese plazo, la decisión recae en el Ejecutivo mediante Decreto Supremo.
Para las autoridades locales, el mensaje es claro: la creación del Área de Conservación Regional Aguas Calientes Maquia no responde a intereses particulares, sino a una necesidad colectiva. “Es un interés común del poblador amazónico y de toda la Amazonía, pero también es un compromiso del Perú como país. No solo protegeremos nuestros recursos, sino que podremos generar desarrollo económico a través del turismo sostenible”, enfatizó el alcalde. La firma del Ejecutivo está pendiente. Las amenazas, no. El bosque no puede esperar más.





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