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Opinión

De los 44 a los 38, por Rosa María Palacios

Mientras tanto, ante cada abuso recurrente del Ejecutivo y el Legislativo, no olvidar que #PorEstosNo. Cobren con su voto lo que el autoritarismo ha hecho pagar estos 5 años a todos los peruanos.

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Rosa María Palacios 03-08

Llegó el 2 de agosto y hoy vence el plazo de inscripción de alianzas de partidos políticos para el proceso de elecciones generales 2026. A esta hora se han inscrito 5 alianzas que suman 11 partidos: Fuerza y Libertad (Batalla Perú, Fuerza Moderna), Ahora Nación (Ahora Nación y Salvemos al Perú), Unidad Nacional (PPC, Unión y Paz, Peruanos Unidos), Venceremos (Voces del Pueblo y Nuevo Perú) y Frente de los Trabajadores y Emprendedores (Primero la Gente y PTE). Parecen muchas alianzas, pero son una lágrima. Si el día termina así, las próximas elecciones tendrán 38 opciones (33 partidos y 5 alianzas) para elegir presidente, Senado, Cámara de Diputados y Parlamento Andino.

¿Cómo llegamos a esto? En el año 2019 se aprobó una reforma electoral con el objetivo de promover la participación política, entendiendo que la democracia solo puede construirse con partidos políticos sólidos. Los requisitos para inscribir un partido se bajaron de millones de firmas de simpatizantes, sin ninguna vinculación al partido, a inscripciones de militantes reales en un mínimo del 0.1% del padrón total. Hoy, unos 27,000 ciudadanos. Pero eso no era todo. Una vez inscritos, los partidos pasaban por el filtro de las PASO (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias). El pueblo elegía en octubre quiénes pasaban a la primera vuelta de abril. El sistema cumplía así un segundo objetivo: establecer condiciones de democracia interna y generar consensos sociales mínimos. Las PASO tenían una valla que decantaba el número de participantes y al mismo tiempo construía las listas de candidatos, eliminando el voto preferencial. Todo esto fue abolido por este Congreso por contravenir a sus propios intereses electorales.

La carrera, como está planteada hoy, puede alcanzar resultados tan inesperados como que ningún partido logre pasar la valla del 5% de votos válidos para lograr un asiento en el Congreso. La fragmentación, en 38 opciones, hace ese escenario posible considerando el grado de desprestigio que tienen hoy los partidos en el poder y el grado de desconocimiento que existe sobre todos los demás. Más grave aún, que solo un partido, o dos o tres, con bajísima votación —todos menores al 10%— se repartan el íntegro de un Congreso que hoy, por una serie de reformas constitucionales encubiertas, tendrá un superpoder en el Senado, que pone y saca presidentes y que es indisoluble.

En este escenario, ¿por qué no prosperaron las alianzas? Examinemos todos los incentivos perversos que existen hoy. Primero, si bien inscribir un partido parece cosa más fácil que antaño, siempre tiene un costo. La mayoría de las 34 inscripciones posteriores a las elecciones del 2021 —donde solo quedaron los 10 partidos que pasaron la valla— corresponden, en su mayoría, a emprendimientos individuales/familiares/consorcios de amigos. Es decir, salvo el PPC, el Apra o el Frepap, partidos que no existieron electoralmente. Algunos, liderados por políticos con experiencia como Fernando Olivera o Verónica Mendoza, pero los más, por ilustres desconocidos en la escena nacional, a lo sumo con experiencia local. En este contexto, ¿cómo se resarcen los costos de la “inversión”? La única es participando, y si te sumas a otros, es muy difícil que lo que esperas recuperar llegue. Desde aportes de invitados en las listas hasta plata de campaña, todo se tiene que repartir. La idea es que no te compras el boleto de la lotería para repartir el premio antes de la rifa.

En segundo lugar, sí hay premio. El financiamiento directo a los partidos políticos (que reciben hoy todos los partidos que están en el Congreso) es un ingreso fijo pagado por 5 años por el Estado, que puede ir, vía remuneraciones, directamente a los dueños del partido. Vean si no los casos de Keiko Fujimori y Vladimir Cerrón. Si encima puedes tentar la presidencia y el Senado a la vez, con pasar la valla aseguras ese escaño en el Senado con otros 5 años de remuneraciones. ¿Para qué entonces compartir el premio si puedes ganártelo solo? ¿Ceder espacio a alguien que suma tan poco como tú? ¿Para qué? Si no te suma a la hora de los votos y te resta a la hora del reparto, ¿tiene sentido? Pues parece que ese es el cálculo general, y de ahí que los que ingenuamente creyeron que la cédula se iba a decantar con alianzas, no entendieron nada del análisis costo-beneficio más primitivo que tenían delante de los ojos. Pocos van a ceder control de su parcelita en una carrera de pigmeos.

La verdad es que en el Perú no existen verdaderos partidos políticos, entendidos como grandes colectividades organizadas a través de una línea de pensamiento para conquistar el poder y administrarlo para el bien común. Son grupos minúsculos, nada representativos, que se adaptan a los intereses particulares de sus miembros sin ninguna conexión con el bien común. Por ahí hay algunos buenos cuadros, mejor formados o con motivaciones más nobles que tener poder para abusar de él. Pero son pocos y aislados. Para muestra, basta mirar el Congreso y, con esta oferta tan pobre de nuevos partidos, puede ser peor.

A la derecha, la lucha será cainita. Ya se ve cómo se están matando entre ellos, como Avanza País y Renovación Popular, que apelan al mismo electorado. En APP y el fujimorismo tendrán que cargar con el peso muerto de Dina, que encabeza lo que grandes mayorías de electores consideran un gobierno de ultraderecha por autoritario, mercantilista y violador de derechos humanos. Solo el factor conservador no basta para pasar la valla, como bien sabe el Frepap. A la izquierda, la de los Cerrón es vista como aliada de Dina y traicionera de Castillo; y la otra izquierda, la que el prófugo menos buscado llama “caviar”, exhibe una incapacidad para gobernar que fue probada a la vista de todos. Nadie quiere el hambre como programa económico.

¿Qué queda? Los números todavía son gruesos, pero una gran mayoría no simpatiza con el elenco estable del Congreso y, la verdad, con ninguna de las ofertas políticas. #PorEstosNo parece tener una gran acogida como propuesta. Las “víctimas”, percibidas así porque están impedidas de postular, como Vizcarra o Castillo, son los que más adhesiones tienen, aunque esto solo se pueda inferir por vía indirecta en algunas preguntas sueltas de algunas encuestadoras. Aún no surge ni como propuesta, ni como caudillo, una corriente que crezca hacia la victoria. El problema es que, al final, nadie sabe para quién trabaja, y puede pasar que escojamos a un candidato presidencial que se lleve al Congreso casi entero con una muy baja votación y, los que planearon la abolición de las PASO para llegar a la elección parlamentaria pasando con las justas la valla, morir en ese peligroso juego y desaparecer.

Cada elección en el Perú es jugarse la vida y aguantarse 5 años. Esa no es la forma democrática de gobierno y podemos cambiarla. Pero eso dependerá de que la inmensa mayoría de los peruanos crea que su voto es la única arma que tiene para cambiarlo todo y que este 2026 se juega, más que nunca, la consolidación de un proyecto autoritario y mercantilista versus la posibilidad de reconstruir la democracia, el Estado de derecho y la paz social.

Mientras tanto, ante cada abuso recurrente del Ejecutivo y el Legislativo, no olvidar que #PorEstosNo. Cobren con su voto lo que el autoritarismo ha hecho pagar estos 5 años a todos los peruanos.

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