
Dante Spinetta es conocido por una generación como una de las voces de Illya Kuryaki & The Valderramas. El solista, productor y compositor de las canciones de su último disco, pasó gran parte de su infancia en las salas de ensayo y pruebas de sonido, como hijo de una de las leyendas de la música argentina y latinoamericana.
“Yo aprendí de la carrera de mi papá que en los ochenta le iba muy bien: había dinero, iba a un colegio privado, tenía auto y una casa con piscina. Años después, estábamos en una casa sin muebles, con colchones en el piso, comiendo omelette todos los días, y eso no me hizo más ni menos feliz. Mi papá, obviamente, lo sufría, porque fui a diez colegios por esos cambios, pero nunca lo vi aflojar en su concepto artístico”, dice sobre Luis Alberto Spinetta, ‘El Flaco’. “Creía en algo, tenía un compromiso, y eso es para mí la música”.
Para Dante, las canciones hechas “con corazón” son las que perduran y salen en busca del ‘one hit wonder’. Acaba de estrenar el disco Día 3, un nombre que escogió por su significado espiritual “el día en que la vida vence al caos” y la resurrección. “Trata de conectar desde el lado más humano de la música. Es el día en que resucitó Cristo. Entonces, es como mantener la fe y la espiritualidad ante el mundo… Tiene que ver con la resurrección, pero también con el desamor, el dolor y la ansiedad que genera estar solo, y con la epidemia de ansiedad que producen las redes sociales y la sobreinformación a la que estamos expuestos. Este es un disco socio-humano que habla de momentos oscuros con picos de felicidad. Son letras acompañadas por toda una banda, algunas solo con guitarra, dependiendo de lo que la canción necesite. Es una búsqueda de la esencia, de mirar hacia adentro”.
A lo largo de su carrera, Spinetta ha hecho colaboraciones con otros artistas como Julieta Venegas en su segundo disco El apagón y con Residente en Pyramide. Ahora cuenta con las voces de De La Ghetto en la canción Mía mía y de Nathy Peluso, participa en Maldito Frenesí. “A mí me gusta colaborar con gente que realmente me gusta, y no solo porque sea comercialmente conveniente. No tomo decisiones artísticas basadas en eso, en lo que es ventajoso o porque nos abrirá una determinada región”, cuestiona. “Para mí, esa manera de trabajar es un gran enemigo de la música actual, donde hay muchos artistas haciendo colaboraciones por dinero, creando discos guiados por la codicia. Está bien tener ambición, querer cosas lindas, comprar autos, departamentos o lo que sea, pero no puede ser lo único. La música es otra cosa, significa otra cosa”
Tras Illya Kuryaki & The Valderramas inició una carrera como solista que fue en ascenso luego de una producción que contó con Fito Páez en una de las canciones. “De esa etapa saqué Pyramide (2010), que tuvo mucho impacto. Gracias a eso firmé contrato con Sony. Ese disco me devolvió al circuito, porque tiene colaboraciones con Residente y Adrián Dárgelos, de Babasónicos. Siempre supe que recomenzar no iba a ser fácil, pero hoy estoy disfrutando. Después de más de treinta años haciendo música, estoy viviendo un momento muy lindo. A eso se suma la gira que estoy haciendo con Emmanuel (Horvilleur), porque queremos tocar para la gente, especialmente para quienes nunca nos vieron. La gira de Illya es un éxito total”.





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