
Nueva York publicó más de 170.000 páginas de documentos que muestran qué sabían las autoridades sobre la toxicidad del aire tras los atentados del 11-S, cuándo tuvieron esa información y qué medidas adoptaron para limitar su responsabilidad. La divulgación ocurre antes del 25.º aniversario de los ataques del 11 de septiembre de 2001, que dejaron 2.977 muertos en Estados Unidos.
El alcalde Zohran Mamdani anunció la publicación como parte de un acuerdo con 9/11 Health Watch, organización que representa a víctimas y que llevó el caso a los tribunales para exigir el acceso a los archivos. Steven Banks, principal asesor legal de la ciudad, señaló que algunos documentos abordan debates dentro de la administración de Rudy Giuliani sobre los riesgos sanitarios y la responsabilidad legal. Otros registros corresponden al periodo de Michael Bloomberg y recogen inquietudes sobre la calidad del aire.
Mamdani afirmó que los archivos muestran que “el pueblo enfermó porque los líderes en los que confiaba mintieron y dijeron que era seguro respirar aire tóxico”. Benjamin Chevat, director de 9/11 Health Watch, sostuvo que cuatro administraciones locales ocultaron información ante la ciudadanía, el Congreso y el Concejo Municipal, pese a documentos que advertían sobre sustancias peligrosas en el Bajo Manhattan y el oeste de Brooklyn.
El impacto sanitario del 11-S se extendió mucho después del derrumbe de las torres del World Trade Center. Más de 9.400 personas han muerto por enfermedades vinculadas con la exposición, de acuerdo con una iniciativa federal de vigilancia médica. Hasta junio, más de 57.000 integrantes del Programa de Salud del World Trade Center habían recibido un diagnóstico de cáncer.
El registro sanitario también contabiliza otras afecciones. El programa cubre afecciones respiratorias, cáncer y trastorno de estrés postraumático, además de padecimientos relacionados con la exposición en la Zona Cero, el Pentágono y Shanksville.
En el caso del FDNY, 4.257 miembros recibieron un diagnóstico de cáncer y 12.161 fueron certificados por al menos una enfermedad atribuida a las toxinas del World Trade Center. Más de 600 integrantes del cuerpo de bomberos han muerto por afecciones que las autoridades consideran posiblemente vinculadas con los ataques.
La ceremonia anual en la Zona Cero incorporará este año un séptimo momento de silencio. La nueva pausa rendirá homenaje a los socorristas y sobrevivientes que murieron años después por enfermedades relacionadas con su exposición.
Hasta ahora, el acto contemplaba seis momentos de silencio por los cuatro aviones secuestrados y los derrumbes de las Torres Gemelas. El acto tendrá lugar luego de esos homenajes, cerca de las 12.30 p. m.
Bridget Gormley, cuyo padre Billy fue bombero del FDNY y murió de cáncer de vejiga en 2017, consideró que este reconocimiento permite incorporar esas pérdidas posteriores a la historia del 11-S. Leah Betso también respaldó la medida. Su padre, el agente policial James Betso, murió de cáncer cerebral en 2015 tras participar en las labores de recuperación.
El Programa de Salud del World Trade Center fue creado en 2011 tras años de reclamos de socorristas y sobrevivientes. La iniciativa ofrece seguimiento médico y tratamiento gratuito para las enfermedades relacionadas con la exposición.
En junio, la iniciativa superaba los 154.000 inscritos. Más de 95.000 eran socorristas y menos de 60.000 correspondían a otros sobrevivientes, aunque unas 400.000 personas que vivieron o trabajaron cerca de las torres podrían cumplir los requisitos de acceso.
Michael O’Connell, bombero del FDNY en 2001, desarrolló sarcoidosis años después y obtuvo la certificación de su enfermedad dentro del programa. Ivonne Sánchez, trabajadora de emergencias que estuvo en la Zona Cero, recibió en 2014 un diagnóstico de cáncer de mama reconocido por el sistema.
La islamofobia que marcó a los musulmanes
Los efectos del 11-S también alcanzaron a la comunidad musulmana de Nueva York. Asad Dandia tenía ocho años cuando ocurrieron los ataques. A los 19, fue objeto de control de la policía mediante un informante que se hizo pasar por su amigo.
Tras los atentados, cientos de musulmanes fueron sometidos a vigilancia policial y miles de hombres y niños quedaron bajo programas de registro. También aumentaron las agresiones y el acoso contra miembros de esa comunidad, según el texto.
Dandia y organizaciones de derechos civiles consiguieron un acuerdo judicial que estableció límites a la vigilancia del NYPD y mecanismos de supervisión. Veinticinco años después, Nueva York cuenta con una comunidad musulmana más numerosa y con mayor presencia institucional. Mamdani es el primer alcalde musulmán de la ciudad.





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