
En 2015, las autoridades de Los Ángeles cubrieron un enorme depósito de agua potable con 96 millones de esferas negras. La medida buscaba combatir la evaporación durante una grave sequía y proteger un recurso cada vez más escaso.
Las bolas ocuparon unas 70 hectáreas de superficie y podían evitar la pérdida de aproximadamente 1,1 millones de metros cúbicos de agua al año. Sin embargo, fueron diseñadas para durar alrededor de una década y ahora son retiradas mientras una nueva infraestructura toma su lugar.
Las conocidas como shade balls fueron fabricadas con polietileno de alta densidad y diseñadas para mantenerse flotando sobre el agua. Su función era bloquear parte de la radiación solar y reducir el calentamiento que favorecía la evaporación.
Además de conservar agua, las esferas ayudaban a disminuir las condiciones que podían favorecer la proliferación de algas y determinadas reacciones químicas. Su color negro se debía al negro de carbón incorporado al plástico para mejorar su resistencia frente a la radiación solar.
Las esferas tenían una vida útil estimada de unos diez años y mantener millones de piezas flotando durante largos periodos exigía supervisión y un plan de retirada. Con el paso del tiempo, las autoridades optaron por reemplazar esta solución por una planta de pretratamiento de agua.
La nueva infraestructura permite controlar determinados contaminantes y subproductos antes de que el agua llegue a la red de distribución. De esta manera, Los Ángeles abandona progresivamente la gigantesca capa negra que durante años cubrió el depósito y traslada el control de la calidad del agua a una etapa específica del tratamiento.



