
Perú escaló al puesto 25 entre las 60 principales economías evaluadas en el RepCore Nations 2026, con lo que se ubicó como el país latinoamericano mejor posicionado en el ranking de reputación internacional. El resultado supone una mejora de dos lugares frente a 2025, pero no significa que el país haya pasado a formar parte del grupo de economías con reputación excelente: el propio estudio de Reputation Lab mantiene al Perú dentro de la categoría de reputación moderada.
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El Perú obtuvo 53,2 puntos, 1,7 puntos más que en la edición anterior. El avance se produjo en un año en el que la reputación internacional de la mayoría de economías evaluadas retrocedió: 43 de las 60 registraron una caída, mientras solo 14 mejoraron y tres permanecieron estables. La reputación promedio también descendió 0,86 puntos.
Perú se ubica por encima de la media de 49,9 puntos, con 53,2 puntos de reputación. El país avanzó dos posiciones frente a la medición anterior.
El dato, por tanto, tiene dos lecturas. Por un lado, Perú consiguió mejorar su posición relativa en un contexto internacional desfavorable. Por otro, el puesto 25 mide percepción externa, no variables como crecimiento económico, productividad, seguridad, calidad institucional o capacidad para atraer inversiones.
El liderazgo latinoamericano se explica principalmente por la posición que ocupa frente a sus pares. Brasil aparece en el puesto 31; Chile, en el 33; Argentina, en el 36; México, en el 41; y Colombia, en el 50. Perú es así el único país de América Latina ubicado dentro de los 30 primeros lugares.
Sin embargo, estar primero en la región no significa acercarse necesariamente al grupo de países con mayor reputación mundial. Japón encabezó la clasificación, seguido por Canadá y Suiza, mientras Australia, Dinamarca, Noruega, Italia, Finlandia, Nueva Zelanda y Suecia completaron los primeros lugares.
Esta diferencia es importante porque el ranking no compara únicamente a los países latinoamericanos. La posición peruana debe leerse frente a las 60 economías incluidas en el estudio.
Además, la propia clasificación coloca al Perú en un nivel de reputación moderada, es decir, por debajo de las categorías superiores utilizadas por el índice.
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La evaluación considera la admiración, el respeto y la confianza que generan los países, además de distintos atributos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales.
En el caso peruano, los elementos mejor valorados están relacionados con su entorno natural, cultura, gastronomía y hospitalidad. Estos factores ayudan a explicar que el país genere una percepción favorable entre públicos extranjeros, especialmente en aspectos vinculados con la posibilidad de visitarlo, recomendarlo o consumir productos asociados con el Perú.
Es justamente aquí donde la reputación puede adquirir una dimensión económica. Una buena percepción del país puede facilitar que un potencial turista considere viajar a Perú o que un consumidor tenga una mejor disposición hacia productos provenientes del país.
Pero esa relación no debe confundirse con causalidad directa.
El propio Reputation Lab señala que, a partir de cuatro años de información, una mejora de un punto en reputación está asociada, en promedio, con un incremento de 7,2% en las llegadas de turistas y de 1% en la inversión extranjera directa. Se trata de una relación estadística observada por la consultora y no de una garantía de que subir un punto en el ranking produzca automáticamente esos resultados.
Este matiz resulta particularmente importante para interpretar el resultado peruano. La reputación puede influir en las decisiones de empresas, turistas y consumidores, pero no sustituye factores concretos como la seguridad jurídica, la estabilidad política, la infraestructura, los costos logísticos o las condiciones para desarrollar un negocio.
En otras palabras, un país puede ser bien percibido y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para transformar esa percepción en inversión o actividad económica.
Por eso, el puesto 25 no debería interpretarse como un indicador equivalente a los rankings de competitividad, clima de negocios o desempeño macroeconómico. El RepCore mide un activo intangible: cómo es visto un país desde el exterior.
La metodología se construyó a partir de 124.014 evaluaciones realizadas en 36 países, tomando como referencia la opinión pública de las economías del G7 para evaluar a las 60 principales economías del mundo.
Otro resultado destacado fue el aumento de la reputación interna del Perú. El indicador alcanzó 70,4 puntos, un incremento de 7,7 puntos frente a la medición anterior. Según el estudio, fue el mayor crecimiento registrado entre los países analizados.
Este indicador recoge cómo los propios ciudadanos valoran a su país en términos de admiración, respeto y confianza. No debe confundirse, sin embargo, con una medición de satisfacción de la población con la economía o con la gestión pública.
La diferencia entre ambos indicadores resulta llamativa: mientras la reputación externa peruana llegó a 53,2 puntos y permanece en el nivel moderado, la percepción interna alcanzó 70,4 puntos.
Esto muestra que la imagen que un país proyecta hacia fuera y la manera en que es valorado dentro de sus propias fronteras pueden evolucionar a ritmos diferentes.
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El avance de Perú en el RepCore Nations 2026 proporciona un dato favorable sobre su percepción internacional, pero el desafío económico es más concreto: conseguir que esa imagen se traduzca en decisiones reales.
Una mejor reputación puede contribuir a que un turista considere al país como destino, a que un consumidor tenga mayor confianza en un producto peruano o a que una empresa incluya al país entre sus alternativas. Sin embargo, para que esas decisiones finalmente se produzcan intervienen otros factores que el ranking no mide.
Por eso, más que el puesto 25 por sí solo, el dato relevante para la economía peruana será si esta mejora de percepción logra acompañarse de mayores flujos de visitantes, mayor demanda por productos nacionales y mejores condiciones para atraer capital.
Perú ya tiene una posición favorable frente a sus pares latinoamericanos. La siguiente pregunta no es si logró subir en un ranking, sino qué capacidad tendrá para convertir esa ventaja de imagen en resultados económicos medibles.





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