
En un enfrentamiento desde la ciudad iraquí de Nayaf, Bushra al Hajar, boxeadora de 35 años, evade un guantazo de su oponente en el ring. Así como la deportista, en Iraq, muchas mujeres luchan contra el machismo y sus prejuicios a través de este deporte.
Entre alfombras y un saco de boxeo, Bushra, quien también es madre de dos adolescentes, entrena diariamente en su gimnasio casero. Su fuerza y constancia la llevaron a ganar una medalla de oro de 70 kilos durante el primer campeonato de box femenino, realizado en diciembre del 2021 en la capital iraquí de Bagdad.
“Mi familia y mis amigas me apoyaron mucho, están muy contentas con el nivel que alcancé”, cuenta la boxeadora, con la cabeza cubierta por el manto del mismo color que sus guantes, para la agencia AFP.
Aunque Iraq sea un país ampliamente conservador y Nayaf, su ciudad, un lugar donde el islam chiita rige bajo sus propias normas sociales, al Hajar sigue luchando para que nadie le impida colocarse el casco reglamentario, los guantes de boxeo y las mallas negras. “Hemos encontrado muchas dificultades, somos una sociedad conservadora que apenas acepta este tipo de cosas”, reconoce la maestra.
Ni bien abrieron más espacios de entrenamiento para mujeres deportistas en el país asiático, comenzaron las protestas en Nayaf. Para Ola Mustafá, boxeadora de 16 años, golpear incansablemente su saco de boxeo implica defenderse ante las señales opresivas del entorno en el que vive. “Vivimos en una sociedad machista que lucha contra el éxito de la mujer”, cuenta con dureza la joven que combina su velo con una casaca deportiva.
Ella confía en que, mientras cada chica participe de esta resistencia, “poco a poco” los demás aceptarán su presencia en el ring. Si bien hay 20 equipos femeninos de boxeo en Iraq y más de 100 deportistas se pusieron los guantes en el último campeonato, el presidente de la federación iraquí de boxeo, Alí Taklif, es consciente de que, en las mujeres, esta disciplina no es motivada con la implementación de “infraestructuras, centros de entrenamiento y equipamientos”.
Entre 1970 y 1990, Iraq impulsaba la participación de las mujeres en distintas competencias deportivas desde disciplinas como el voleibol, ciclismo y baloncesto. Sin embargo, con la llegada de una serie de conflictos y un embargo internacional, se debilitaron las infraestructuras con las que se hacía posible desarrollar esta práctica. Además, el detonante de los equipos femeninos fue la violencia, la aparición de las milicias y el fortalecimiento del conservadurismo.
Hoy por hoy, la realidad comienza a cambiar en el país de Medio Oriente. Hajer Ghazi es la heredera familiar del boxeo en su hogar. Con el apoyo de su padre, un exboxeador profesional, la joven ganó una medalla de plata a los 13 años.
Lamentablemente, Hasanein, su padre, reconoce que, si bien una mujer “tiene derecho a hacer deporte” con normalidad, existen presiones conservadoras que amenazan la presencia de ellas y sus destrezas en el ring.
“Nuestro padre nos apoya más que el Estado”, bromea Hajer, desde la ciudad de Amara, al recordar que ella y sus tres hermanos protegen juntos el deporte familiar.





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