
Aunque las colonias de abejorros suelen imaginarse como sistemas rígidos donde una reina domina por completo a su comunidad, una nueva investigación demuestra que la realidad es mucho más compleja. Científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania (Penn State) descubrieron que las abejas obreras desempeñan un papel decisivo en determinar cuál de las larvas se convertirá en la próxima reina.
El estudio, publicado en la revista 'Insect Biochemistry and Molecular Biology', revela que el destino de las crías no depende únicamente de la genética. De hecho, todas las larvas hembras provienen de huevos similares y comparten el mismo ADN, pero no todas siguen el mismo camino: algunas se convierten en obreras y otras en reinas capaces de fundar nuevas colonias.
Los investigadores identificaron a la hormona juvenil como la pieza clave detrás de esta transformación. Esta sustancia regula procesos esenciales en los insectos, como el crecimiento, la muda y la reproducción.
Para entender su función, el equipo realizó experimentos controlados con pequeños grupos de obreras y larvas. Cuando aplicaron la hormona directamente sobre las larvas, ocurrió algo inesperado: en lugar de convertirse en reinas, muchas fueron eliminadas por las propias obreras.
Sin embargo, cuando la hormona fue administrada a las abejas obreras, estas la incorporaron al alimento elaborado a partir de néctar y polen. Las larvas que consumieron ese alimento enriquecido crecieron más, ganaron peso y mostraron una mayor probabilidad de convertirse en reinas.
Según los autores, esto demuestra por primera vez que las obreras controlan indirectamente el desarrollo de las futuras líderes de la colonia mediante la alimentación.
El hallazgo modifica la visión tradicional sobre cómo funcionan estas sociedades de insectos. Hasta ahora, se pensaba que la estructura era una jerarquía vertical encabezada por la reina, pero el estudio sugiere un sistema mucho más descentralizado.
Las obreras, encargadas del cuidado de las crías, son quienes influyen en el desarrollo de cada larva al decidir cuánto alimento enriquecido con hormona reciben.
"Es un ejemplo sorprendente de cómo el mismo genotipo puede producir formas de vida completamente distintas", explicó la entomóloga Etya Amsalem, autora principal del estudio.
Las diferencias entre castas son notables: las reinas son más grandes, longevas y reproductivas, mientras que las obreras son más pequeñas y no se reproducen.
Los científicos también descubrieron que las larvas solo responden a esta hormona en un momento específico: entre los días siete y ocho de su desarrollo.
Durante esa breve ventana, recibir suficiente hormona juvenil puede cambiar su destino biológico y convertirlas en futuras reinas. Fuera de ese periodo, ese desarrollo ya queda prácticamente definido.
Este proceso suele intensificarse al final de la temporada cálida, cuando las colonias comienzan a prepararse para producir nuevas reinas y machos antes de colapsar en otoño.
Los investigadores consideran que estos resultados podrían ayudar a mejorar la cría comercial de abejorros, insectos fundamentales para la polinización de cultivos y ecosistemas naturales.





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