
El uso de herramientas en el reino animal representa un comportamiento excepcional vinculado a una alta capacidad cognitiva. Especies como los chimpancés y ciertos peces emplean objetos externos, como ramas o rocas, para facilitar el acceso a sus alimentos. No obstante, un estudio en Royal Society Open Science destaca que la fabricación o modificación activa de estos instrumentos es una habilidad sumamente rara que exige innovación, aprendizaje e inteligencia superior.
Lars Bejder, director del MMRP de la Universidad de Hawaiʻi, subraya la diferencia crítica entre el uso fortuito de objetos y la creación de instrumentos adaptados. Esta distinción resalta la singularidad de los cetáceos marinos, quienes demuestran una construcción activa de herramientas biológicas. Tal hallazgo redefine la comprensión científica sobre la sofisticación mental y la capacidad de adaptación en los ecosistemas marinos.
El estudio de la Universidad de Hawaiʻi y la Alaska Whale Foundation identifica a la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) como un animal capaz de fabricar herramientas. Este cetáceo, famoso por su comportamiento social complejo y su presencia en todos los océanos, utiliza su ingenio para optimizar la captura de presas. Las investigaciones en el sureste de Alaska confirman que algunos ejemplares solitarios no solo emplean elementos del entorno, sino que los crean de forma activa.
Este hallazgo integra a la especie en el selecto grupo de animales con capacidad para la fabricación de utensilios destinados a la alimentación. El descubrimiento resalta la eficiencia de estos mamíferos marinos y eleva su estatus dentro de la cognición animal. Gracias a esta habilidad, la ballena jorobada mejora su rendimiento en la caza y demuestra una adaptación avanzada frente a los desafíos de su ecosistema.
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Las ballenas jorobadas utilizan redes de burbujas como una herramienta de caza sofisticada bajo el agua. Los cetáceos expulsan aire a través de sus espiráculos mientras nadan en círculos para crear estas estructuras. Los patrones resultantes forman anillos internos y externos que atrapan y concentran al krill, su fuente principal de alimento.
Esta técnica destaca porque las ballenas controlan con precisión el número de anillos, el tamaño y la profundidad de la red. La capacidad de ajustar la estructura según la situación de caza define este comportamiento como una verdadera fabricación de herramientas. Estos animales no solo generan aire, sino que perfeccionan el diseño para maximizar la eficacia de la trampa.
El método ofrece una ventaja energética crucial durante sus periodos de alimentación en Alaska. Gracias a esta innovación, las ballenas capturan hasta siete veces más presas en una sola inmersión. De esta forma, las poblaciones optimizan su consumo de recursos sin un aumento en el esfuerzo físico necesario para la supervivencia.
Gracias a esta habilidad, la ballena jorobada mejora su rendimiento en la caza y demuestra una adaptación avanzada frente a los desafíos de su ecosistema. Foto: Royal Society Open Science
Los investigadores combinaron múltiples tecnologías avanzadas en un estudio de campo para comprender este sofisticado comportamiento alimentario. La herramienta principal consistió en etiquetas de succión no invasivas, las cuales se fijaron temporalmente a los cuerpos de las ballenas. Estos dispositivos recopilaron datos precisos sobre los movimientos submarinos de los ejemplares durante el despliegue de las redes de burbujas.
El equipo empleó drones (sistemas aéreos no tripulados) para la captura de imágenes cenitales durante los patrones de caza. Este registro visual permitió una observación directa de la estructura tridimensional del comportamiento y facilitó su vinculación con los datos de las etiquetas. Así, la integración de ambas tecnologías reveló la complejidad de las maniobras ejecutadas por los cetáceos.
El descubrimiento resalta la eficiencia de estos mamíferos marinos y eleva su estatus dentro de la cognición animal. Foto: Royal Society Open Science
El estudio ocurrió en el sureste de Alaska, donde el monitoreo de ballenas solitarias duró varios años. El objetivo central fue la recopilación de evidencia suficiente para corroborar una hipótesis clave: las burbujas funcionan como herramientas activas y modificadas para la captura de presas. Esta investigación descarta que el fenómeno sea un simple artefacto de conducta casual.

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