
Quizás has encontrado en la calle que una persona que conoces tiene un ‘doble idéntico’. Sabes que ambos no tienen ningún parentesco, pero la similitud física que comparten es indiscutible ante la mirada de cualquiera.
Ahora, un estudio genético sugiere que las personas que tienen un rostro idéntico, no solo comparten rasgos faciales similares, sino también ADN y algunos hábitos de su vida diaria. La investigación fue publicada este 23 de agosto en la revista Cell Reports.
Manuel Esteller, genetista español y principal autor del estudio, recurrió al proyecto fotográfico “I’m not a look alike” de François Brunelle, un artista canadiense que está documentando personas idénticas que no se conocen (doppelgänger en la literatura).
De las 32 parejas que conformaban el registro de Brunelle, Esteller solo seleccionó a 16 que, según el reconocimiento facial de tres inteligencias artificiales, eran quienes compartían un rostro más idéntico. En otras palabras, seleccionaron a los mejores doppelgänger de cara.
Los investigadores encuestaron a personas de rostro parecido que antes formaron parte de un proyecto fotográfico internacional. Foto: Joshi, et. al. (2022) / Cell Reports
Luego, a dichos sujetos se les elaboró un perfil genético, médico y comportamental, que abarcaban aspectos, como sus condiciones médicas, los riesgos a contraer ciertas enfermedades y su estilo de vida.
Otros factores a analizar fueron el epigenoma (el mecanismo que regula cómo se manifiesta el ADN) y el microbioma (el conjunto de bacterias que habitan en el cuerpo humano).
El estudio concluyó que estas personas compartían un genoma muy similar que determinaban la similitud de sus rostros, como la forma de sus ojos, labios, boca, fosas nasales, cráneo o, incluso, la textura de su piel.
Además, había una mayor probabilidad de tener similar altura, peso, nivel de educación o antecedentes de tabaquismo.
Consultado por Gizmodo, Esteller, quien también es director del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras (IJC), en Barcelona, España, dijo que “los humanos parecidos tenían secuencias genéticas similares y, por lo tanto, son como gemelos virtuales, mientras que sus perfiles epigenéticos y de flora de microorganismos los diferencian”.
El equipo destacó que, si bien la gran mayoría de participantes no estaban relacionados por parentesco, sí compartían el mismo país de origen (solo una pareja pudo haber tenido un ancestro común en los últimos cientos de años).
“Por lo tanto, pensamos que la generación de algunas similitudes genéticas entre estas parejas ocurrió por casualidad. Hay tanta gente en el planeta que el sistema se repite: las combinaciones del genoma ya no son infinitas”, sostuvo Esteller.
Según los autores, los hallazgos podrían aplicarse en un futuro en la ciencia forense, por ejemplo, para reconstruir el rostro de una víctima sin identificar a partir de su ADN. En tanto, también podría contribuir en la biomedicina para detectar enfermedades a partir de ciertas mutaciones genéticas asociadas.
Esteller también es autor de un estudio de 2005 que demostró que los gemelos idénticos no son tan parecidos, ya que sus patrones genéticos son muy distintos.





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