Abancay y su fiesta
En la época republicana, al crearse el departamento de Apurímac, con su capital Abancay, se desligó del departamento del Cusco (03 de noviembre de 1874). En ese entonces el presidente del Perú era Manuel Pardo y Aliaga.
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Víctor Daniel Puente de la Vega Batallanos
Empiezo esta columna saludando a Abancay, ciudad “De la eterna primavera”, cuna de quechuas, waris, “chancas” e “incas”. Según los estudios del escritor Guillermo Viladegut F., Abancay fue fundada a mediados del siglo XVII por Domingo Cabrera de Lartaún, quien la denominó como “Villa de Santiago de Abancay”. Tras la lucha interna de pizarristas y almagristas, entre Mariano Bastidas de la Guardia y 4 pizarristas se dividieron la ciudad. Al pasar el tiempo fue nombrada “Villa Santos de los Reyes de Abancay”. Luego fue elevada de “Villa” a” Ciudad”.
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En la época republicana, al crearse el departamento de Apurímac, con su capital Abancay, se desligó del departamento del Cusco (03 de noviembre de 1874). En ese entonces el presidente del Perú era Manuel Pardo y Aliaga.
La historia de este valle tropical fue muy fecunda. Tuvo como exponente máximo a la heroína “Micaela Bastidas Puyucahua”, nacida en el distrito de Tamburco (23 de junio de 1744), casada con José Gabriel Condorcanqui. Ambos emprendieron la gesta libertadora más grande de América.
Mañana Abancay cumple 147 años, junto a sus distritos de Tamburco, Curahuasi, Cachora, Huanipaca, Circa, Lambrama, Pichirhua y Chacoche. Cada uno de ellos con sus costumbres y tradiciones muy singulares. Destacan el Monolito de Saywite, el puente colonial del Pachachaca, el santuario y casahacienda de Illanya” de corte colonial, pinturas rupestres”, los baños termales de Santo Tomás, los baños termomedicinales de Cconoc”. Está también el cañón del Apurímac, uno de los más extensos y profundos de América.
La policromía de sus paisajes y el serpentear de sus ríos: el “Mariño”, “Pachachaca”, “El Apurímac”, fueron fuentes de inspiración para el escritor José María Arguedas”. Sus quebradas, montañas y valles interandinos son testigos de muchas vivencias, sus bosques de “pisonaes”, “retamales”, “eucaliptales” y “Intimpas”, nido de calandrias, zorzales y cuculas. Distinguida por su canto, folclore, que con sus quenas, tinyas, guitarras, charangos sirven para interpretar el carnaval abanquino, patrimonio cultural de la nación, el más alegre y pícaro del Perú, donde forman comparsas y pandillas, en un duelo de contrapunto.
Además, es gratificante degustar sus platos típicos como el chicharrón, el cuy relleno, el tallarín hecho en casa, el lechón, el caldo de gallina, la chicha y sus cañazos. Entre sus panecillos, están los deliciosos taparacos y maicillos.
Si algo caracteriza al abanquino(a) es su perspicacia y cuando quiere su amistad y hospitalidad, es eterna.





















