VIRUELA DEL MONO - Últimas noticias sobre los casos que se reportan en el mundo RETIRO AFP - Todo lo que debes saber sobre la ley firmada ayer por Pedro Castillo

Gino Costa ratificado

Plataforma_glr

La existencia de una crisis entre el ministro del Interior Gino Costa Santolalla y el director de la Policía Nacional José Tisoc Lindley era un secreto a voces desde hace casi dos semanas, concretamente desde la publicación de la lista de ascensos y pases al retiro de la institución policial, la cual no fue del agrado del máximo jefe policial por incluir a algunos oficiales que eran parte de su entorno de mayor confianza.

De acuerdo con el procedimiento usual, la lista es elaborada por una comisión calificadora, la que eleva los resultados de su evaluación al director de la PNP y éste lo hace a su vez con el titular del sector. Queda entendido que tanto en los ascensos como en los pase a retiro hay procedimientos reglamentarios que cumplir, pero que el margen de discrecionalidad de quien esté a cargo del ministerio es amplio, máxime si la institución enfrenta la necesidad de retornar a su estructura piramidal, deformada por la arbitraria manipulación hecha en tiempos de la dictadura.

Lo que se conocía en medios periodísticos es que el general José Tisoc había manifestado su desacuerdo con parte de la selección hecha, el cual lo habría llevado a presentar su carta de renuncia, pero no ante el ministro del Interior -como era procedente- sino ante primer vicepresidente y encargado de la Presidencia Raúl Diez Canseco, y algunos sostienen que ante el propio presidente Alejandro Toledo.

Ninguno de estos rumores pudo ser confirmado, pero lo que era evidente a los ojos de todos -menos para los del Ejecutivo- era que ambos hombres estaban cada uno por su lado y que el general Tisoc había tomado algunas medidas sorprendentes, tales como proceder a nombrar al Inspector General de la PNP sin conocimiento del ministro Costa, gesto que se reiteró luego con el nombramiento de un Jefe de Estado Mayor.

La normatividad vigente establece que los nombramientos en la institución policial son propuestos por el director general de la PNP al ministro del Interior y éste, a su vez, los presenta al Jefe de Estado, por lo cual tales nombramientos inconsultos no podían admitirse. Ciertamente que no está en cuestión aquí la capacidad o méritos de los seleccionados para dichos cargos, sino el procedimiento seguido.

La intervención del presidente Toledo, aunque tardía, ha puesto las cosas en su lugar, pues ha ratificado su confianza en el ministro. No podía ser de otra manera, por cuanto Gino Costa ha venido desarrollando una magnífica labor al frente de la cartera del Interior, que ha contribuido de modo decisivo a la recuperación de la imagen de la institución policial y a un acercamiento que no se daba en muchos años entre la PNP y la ciudadanía.

El mandatario ha dejado también en su puesto al general Tisoc, lo cual permite suponer que los desencuentros entre ambos personajes han sido dados por terminados. De otro modo no se explicaría la operatividad de la decisión tomada, ya que la Policía Nacional exige una sincronización entre la dirección de la institución y su responsable político, que es el ministro del Interior.

Como no podía ser de otro modo, los nombramientos hechos por el general Tisoc quedan en suspenso hasta que el ministro Costa anuncie cuáles serán los titulares del nuevo comando de la institución policial. Esto debiera clausurar la crisis y devolver las aguas a su cauce, aunque es imposible vaticinar que no se producirán secuelas.

Aquí lo único censurable ha sido la falta de reflejos del Ejecutivo, que dejó que la situación se prolongue en vez de intervenir y resolverla. El objetivo a preservar es la continuación de la reforma policial, que posiblemente reserve en el futuro otras decisiones graves que habrá que tomar. En el ministerio del Interior hay un equipo que se ha puesto la camiseta de la institución y la está sacando adelante. Menos mal que el gobierno ha sabido reconocerlo.

La existencia de una crisis entre el ministro del Interior Gino Costa Santolalla y el director de la Policía Nacional José Tisoc Lindley era un secreto a voces desde hace casi dos semanas, concretamente desde la publicación de la lista de ascensos y pases al retiro de la institución policial, la cual no fue del agrado del máximo jefe policial por incluir a algunos oficiales que eran parte de su entorno de mayor confianza.

De acuerdo con el procedimiento usual, la lista es elaborada por una comisión calificadora, la que eleva los resultados de su evaluación al director de la PNP y éste lo hace a su vez con el titular del sector. Queda entendido que tanto en los ascensos como en los pase a retiro hay procedimientos reglamentarios que cumplir, pero que el margen de discrecionalidad de quien esté a cargo del ministerio es amplio, máxime si la institución enfrenta la necesidad de retornar a su estructura piramidal, deformada por la arbitraria manipulación hecha en tiempos de la dictadura.

Lo que se conocía en medios periodísticos es que el general José Tisoc había manifestado su desacuerdo con parte de la selección hecha, el cual lo habría llevado a presentar su carta de renuncia, pero no ante el ministro del Interior -como era procedente- sino ante primer vicepresidente y encargado de la Presidencia Raúl Diez Canseco, y algunos sostienen que ante el propio presidente Alejandro Toledo.

Ninguno de estos rumores pudo ser confirmado, pero lo que era evidente a los ojos de todos -menos para los del Ejecutivo- era que ambos hombres estaban cada uno por su lado y que el general Tisoc había tomado algunas medidas sorprendentes, tales como proceder a nombrar al Inspector General de la PNP sin conocimiento del ministro Costa, gesto que se reiteró luego con el nombramiento de un Jefe de Estado Mayor.

La normatividad vigente establece que los nombramientos en la institución policial son propuestos por el director general de la PNP al ministro del Interior y éste, a su vez, los presenta al Jefe de Estado, por lo cual tales nombramientos inconsultos no podían admitirse. Ciertamente que no está en cuestión aquí la capacidad o méritos de los seleccionados para dichos cargos, sino el procedimiento seguido.

La intervención del presidente Toledo, aunque tardía, ha puesto las cosas en su lugar, pues ha ratificado su confianza en el ministro. No podía ser de otra manera, por cuanto Gino Costa ha venido desarrollando una magnífica labor al frente de la cartera del Interior, que ha contribuido de modo decisivo a la recuperación de la imagen de la institución policial y a un acercamiento que no se daba en muchos años entre la PNP y la ciudadanía.

El mandatario ha dejado también en su puesto al general Tisoc, lo cual permite suponer que los desencuentros entre ambos personajes han sido dados por terminados. De otro modo no se explicaría la operatividad de la decisión tomada, ya que la Policía Nacional exige una sincronización entre la dirección de la institución y su responsable político, que es el ministro del Interior.

Como no podía ser de otro modo, los nombramientos hechos por el general Tisoc quedan en suspenso hasta que el ministro Costa anuncie cuáles serán los titulares del nuevo comando de la institución policial. Esto debiera clausurar la crisis y devolver las aguas a su cauce, aunque es imposible vaticinar que no se producirán secuelas.

Aquí lo único censurable ha sido la falta de reflejos del Ejecutivo, que dejó que la situación se prolongue en vez de intervenir y resolverla. El objetivo a preservar es la continuación de la reforma policial, que posiblemente reserve en el futuro otras decisiones graves que habrá que tomar. En el ministerio del Interior hay un equipo que se ha puesto la camiseta de la institución y la está sacando adelante. Menos mal que el gobierno ha sabido reconocerlo.