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Nostalgias izquierdosas

“Qué Constitución tendríamos con los brazos políticos de los israelitas impregnando las normas con la Biblia”.

La Republica
Maruja Barrig

Algo parecido a una tensión se adivina entre los analistas políticos que interpretan los resultados de las elecciones: en un extremo, la auto–flagelación porque no se vio, desde la Limeñita y Asco (y), el éxito del partido que unge a más de una decena de congresistas de un extravagante grupo de barbudos con sotanas, y a otros tantos seguidores de un condenado por homicidio, que proclaman la pena de muerte para los corruptos. En el otro extremo, los académicos analistas que reprochan a los primeros su ignorancia pues, insisten, esas agrupaciones se movilizan desde hace años, solo que desde Miraflores no se les ve.

En el debate ni aparecen algunos candidatos que enarbolaron la bandera de la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Qué irresponsabilidad. Cómo sería el texto de una nueva Constitución si, por arte de magia, los elegidos hace unos días fueran los constituyentes del mañana. Qué Constitución tendríamos con los brazos políticos de los israelitas impregnando las normas con la Biblia, y con los interesados aportes de varios partidos, que cobijan demandados y prontuariados.

La pregunta está acicateada por la nostalgia que impregna la exposición del Museo de Arte de la Casona de San Marcos “Memoria y Fotografía Social. Inter-foto 1979-1980”(1). En ella, las fotos de Hume, Villarán, Barrantes y Jiménez, entre otros, testimonian la insurgencia popular contra la dictadura de Morales Bermúdez y los peligros a los que estuvieron expuestos para recoger con una cámara fotográfica -y no con un celular- la represión policial. La huelga del SUTEP y otras movilizaciones aparecen, por ejemplo, junto con el coraje de las maestras desfilando hacia la Plaza San Martín, y la solidaridad con los sutepistas, que venden sanguchitos de pollo para mantener su paralización.

No están ausentes fotos de los militantes apoyando el nacimiento de la Confederación Campesina del Perú y, para la nostalgia, las imágenes de los dirigentes de izquierda, Barrantes y compañía, que intentaron la unidad y la quebraron a mitad de camino: Qué Vergüenza, Compañeros tituló la primera plana del semanario Amauta, al conocerse la ruptura.

Esta intensa agitación social encontró su resolución en la convocatoria de una Asamblea Constituyente en 1978. Entre los cien asambleístas elegidos estuvieron seis del Partido Socialista Revolucionario, Leónidas Rodríguez entre ellos. Seis del Partido Comunista, incluido Jorge del Prado. Javier Diez Canseco estuvo entre los cuatro de la Unidad Democrático Popular, y 12 del FOCEP, con Hugo Blanco: la izquierda fue casi un tercio de la Asamblea. Era la representación de una militancia que apostó por el cambio haciendo trabajo de base, desafiando la persecución política. Al margen de si es necesaria o no, ¿cuál es el espacio de enunciación de quienes hoy reclaman una nueva Constitución? Y si es que llegaran a ser elegidos, ¿con qué legitimidad redactarían sus nuevas páginas?

La exposición fotográfica no se agota con los izquierdosos. Imprescindibles las imágenes de Haya de la Torre dirigiendo la Asamblea Constituyente; de Mario Polar y Luis Bedoya en cuchicheos con Ramiro Prialé. Sería mezquino no reconocerles la fortaleza de sus argumentaciones, si las contrastamos con los balbuceos mentales o la vocinglería de arrabal de algunos destituidos congresistas. Más de la mitad de los asientos en esa Asamblea fueron para el Apra y el PPC; partidos que no pasaron la valla en estas elecciones. Algo querrá decir.

(1) Bajo la curaduría de Augusto del Valle. Abierta al público hasta el 29 de febrero.