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Unos son más iguales que otros

“Y hagamos esa lista incluyendo a las niñas que no fueron violadas, embarazadas y no tuvieron que desertar de la escuela”.

La Republica
Maruja Barrig

Durante años, la caviarada ha insistido en que el problema principal en Perú no era la pobreza sino la desigualdad. Con el argumento de la falta de recursos públicos, aquellos que suelen evadir impuestos o enseñar a otros a que lo hagan, no nos hicieron caso. Pero después del 18 de octubre chileno, cuán desiguales somos los ciudadanos fue el tema de moda: hasta la esposa del presidente Piñera susurraba que las movilizaciones amenazaban sus privilegios (sic).

Una entrevista al economista chileno Sebastián Edwards publicada hace unas semanas en El Comercio, ha dado argumentos para evadir la incomodidad ante las críticas al modelo (económico, se entiende). No solo se debe reducir la desigualdad “vertical” o de ingresos, enfatiza Edwards, sino también la “horizontal” que él define como la desigualdad de trato, de asociación, de convivencia, de relaciones interpersonales. Entonces, ya con esta definición del conflicto, nos vamos tranquilos a otra parte.

Pero la desigualdad no parece ser una ecuación de ingresos más buen trato y feliz armonía. De otra manera, en lo que concierne a lo primero, solo tú tendrías la culpa de ser un vendedor ambulante y ganar menos que el gerente del banco. Y nadie más que la Junta de Propietarios de La Planicie tendría la responsabilidad de asegurar la buena convivencia entre los patrones, las cocineras y los mayordomos del lugar. Cualquier escenario es bueno si soslayamos al gran actor ausente: el Estado.

Un video1 muestra a decenas de adolescentes hombres y mujeres, blancos, hispanos, afros que participarán en una carrera. El ganador obtendrá cien dólares. Pero antes, dice el entrenador, desde la fila de partida, den dos pasos adelante quienes fueron a una escuela privada, dos adelante quienes no han temido que les corten el celular por falta de pago. Dos pasos adelante quienes nunca se han preguntado de dónde saldrá la siguiente comida, y etc. Y luego invitó, a quienes se habían ido adelantando, a mirar atrás y ver a los rezagados. Didáctica manera de mostrar cómo los privilegios de unos ensombrecen la realidad de las oportunidades desiguales.

La prueba PISA 2018 generó satisfacción pues el Perú mejoró en los resultados. Poco se ha dicho sobre que la brecha de lectura entre el 10% de los estudiantes en “mejores condiciones socioeconómicas” y el 10% de quienes estaban en las peores, era de 170 puntos. Esta distancia podría equivaler a cuatro años de escolaridad: en lectura, los niños pobres estaban cuatro grados rezagados respecto de los no pobres. Ya en el 2016, la PISA había señalado que en Perú, el 94% de alumnos de bajo rendimiento en matemáticas eran los “menos favorecidos económicamente”.

Parodiando el video, podríamos invitar a dar dos pasos adelante a los adolescentes que no sufrieron anemia, como casi cinco de cada diez niños menores de cinco años. A quienes tuvieron acceso a luz eléctrica, a una señal de internet. A los que fueron a escuela privada y bilingüe y no a una unidocente multigrado; a quienes postularán a la PUC o a la Pacífico y no a Alas Peruanas, como más de los 50 mil jóvenes que sí lo hicieron y que no serán contratados en una gran empresa, por su universidad de procedencia. Y hagamos esa lista incluyendo a las niñas que no fueron violadas, embarazadas y no tuvieron que desertar de la escuela. Y después conversemos sobre la desigualdad horizontal.

htps://www.youtube.com/watch?v=Yeg8EQsW8A8