El circo de los candidatos al gobierno regional y provincia de Arequipa

Todo un baile. A menos de dos meses para el 7 de octubre, los postulantes compiten por ganar los votos. No importan las ideas, ellos se concentran en armar la fiesta electoral. Desde coreografías, ponerse narices de clown y hasta "venderse" abrazando ancianos.

Todo un baile. A menos de dos meses para el 7 de octubre, los postulantes compiten por ganar los votos. No importan las ideas, ellos se concentran en armar la fiesta electoral. Desde coreografías, ponerse narices de clown y hasta "venderse" abrazando ancianos.

La campaña electoral no solo es un camino de promesas, muchas de ellas irrealizables. También, es el espectáculo que arman los candidatos para posicionarse ante el electorado. Expertos coinciden en que el componente emocional es el camino más fácil y —en el contexto peruano— el más efectivo para ganar.

Carteles con rostros de bebés, postulantes con narices de payaso, bailes del pollo, shows musicales y regalos de cerveza reemplazan a las propuestas. “Es difícil que las campañas se desprendan de su componente emocional. En contextos como el Perú, donde la cultura política de la ciudadanía es baja, se utiliza más el show”, opina el analista en marketing político Óscar Ordóñez.

“El interés de los candidatos es captar la atención y no lo hacen con propuestas. La gente normalmente vota con el corazón, no con la cabeza. La incapacidad de dar propuestas se encubre con la juerga”, analiza el antropólogo José Lombardi.

El ejemplo más reciente del espectáculo electoral fue el candidato a gobernador Freddy Lozano, quien, a través de las redes sociales, difundió su baile del tema Pollito pío; además, retó a otros miembros de su agrupación, Avancemos, a hacer lo mismo. Lozano acepta que su intención fue llamar la atención. El exfujimorista asegura que, ahora que captó el interés del elector, le hablará de sus propuestas.

Considera que su baile es una expresión artística y acerca a la gente con los políticos y dirigentes del país, desacreditados por hechos de corrupción como Lava Jato o los audios del Poder Judicial.

Opina que sus críticos son troles (usuarios anónimos de internet) de otros partidos políticos. José Lombardi opina que estrategias como la de Lozano son actos desesperados por resaltar entre un mar de candidatos. Se requiere fortalecer los partidos para tener menos postulantes y más ideas.

Otro candidato a gobernador, James Posso, aporta su  propio número al show, posando con una nariz de payaso, mientras se autodefine como el candidato de la alegría. Los aspirantes provinciales también apelan al sentimiento como Omar Candia, quien usa fotos de bebés o abrazos a ancianos en sus carteles.

“El candidato espera que por ósmosis le pasen la ternura del niño. Si eres bueno con los niños, tienes licencia para ir al cielo, en este caso, ejercer el poder”, analiza Ordóñez, quien califica la propuesta de facilista. Las fiestas populares son otro componente. Los políticos aprovechan aniversarios, incluso poniendo la cerveza, como el mismo Omar Candia, quien fue multado con 124 500 soles por el Jurado Electoral Especial de Arequipa.

La entidad concluyó que vulneró la ley electoral. Candia asegura que se vio inducido a regalar las botellas. Otros políticos opinan igual, que los electores les piden regalos.

Origen del baile

El show electoral viene de mucho atrás, de los 90.  “Este estilo medio fiestero de las campañas empezó con el fujimorismo”, sostiene José Lombardi. Con el nuevo estilo, en 1995, Fujimori derrotó al exsecretario de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar. Un candidato serio, pero con poco ritmo. Y en el 2000, en su intento por perpetuarse en el poder, Fujimori sentó las bases de los mítines bailables, con el Ritmo del chino y la technocumbia.

El modelo se replicó como un patrón para futuras campañas. Hoy es moneda común el espectáculo musical al final de cada mitin. Incluso Javier Ísmodes y Alfredo Zegarra se han animado a cantar.

El nuevo elector

Una serie de fenómenos sociales explicarían la banalización de las campañas electorales. Para José Lombardi, hay relación directa con la crisis y descomposición de los partidos políticos, y con ello el fin de las propuestas programáticas.

Para Ordóñez, existe un nuevo perfil de elector: más pragmático, individualista y totalmente desideologizado, fruto del modelo económico instaurado en los 90. “Vivimos una matriz electoral pragmática, donde importa qué me das para votar por ti. Importa cuánto me emociono, cuánto me haces reír, cuánto afectas mis sentidos. Todo el compromiso racional que debería significar un voto está muy lejos”, afirma.

En una sociedad de consumo, la política (la ciencia del bienestar común), se vuelve la ciencia del bienestar individual y se transforma en una mercancía más. Otro tema es la corta duración de la campaña. A menos de dos meses para el 7 de octubre, los postulantes se esfuerzan en hacerse conocidos. “Ellos no estructuran un tiempo para hacer propuestas, saben que la campaña es corta y pueden eludir el tema del debate”, asevera Ordóñez.

Pero una campaña de propuestas requiere también un ciudadano con mejor cultura política. El politólogo José Timaná señala que existe un consenso, entre los políticos y un grupo de electores, de no exigencia mutua. Los primeros no abordan temas urgentes y los segundos no se preocupan por inmiscuirse en los problemas de la sociedad. “El problema de los candidatos es que no quieren cambiar la forma como se hace política, les es más rentable seguir como lo vienen haciendo. Pero también hay un déficit en la ciudadanía”, expresó.

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