Evo, la Biblia y el club de golf

“La revuelta contra Evo tiene un sello principalmente racista, patriarcal y religioso, y expresa un falso liberalismo. Es el regreso de la cruz y la espada de una derecha interesada...”.

Alberto Adrianzén
14 Nov 2019 | 1:26 h

Me extraña aquellos izquierdistas que hoy alaban el documental “La revolución y la tierra” y sobre todo la obra de Velasco, omitiendo los errores de la “Revolución Peruana”, y que hoy, frente a los sucesos en Bolivia, algunos de ellos se preocupan más por los errores de Evo Morales, que claro que existieron, y relativizan un golpe de Estado abiertamente reaccionario. Incluso dicen que “la derecha le ha dado un golpe de Estado, levantando banderas democráticas que Evo abandonó”.

Cuando uno lee estas opiniones se pregunta si una bandera democrática de la oposición a Evo es la proclama del líder de Santa Cruz, Luis Camacho (también le dicen el “macho Camacho”) en Palacio Quemado y Biblia en mano, para que “Dios vuelva al Palacio”. O si son “gestos democráticos” el de la senadora Jeanine Áñez, que ingresó a la Asamblea Legislativa también con una Biblia bajo el brazo para jurar sin quórum como “presidenta”, legalizando el golpe y diciendo que “tenemos la fuerza y el poder de Dios”. A su costado se encontraba Camacho, promotor del golpe, que cree, como dice Mario Suso, que Evo y sus seguidores son “enemigos de Dios, herejes e idólatras por su cosmovisión”.

Hace unos años, en el 2009, publiqué en este diario un artículo que titulé: “El indígena como límite” en el que me preguntaba el porqué de la resistencia de algunos sectores en nuestro país al Informe Final de la Comisión de la Verdad. Lo que sostenía, siguiendo la tesis de Paul Krugman en su libro “Después de Bush”, era que la “cuestión racial” resultaba de capital importancia para explicar el rechazo a este informe. Para algunos peruanos las víctimas de la violencia no existían por ser “indios”. Krugman dice que el igualitarismo en EEUU tiene un límite que son los negros. Por eso cuando el Estado de Bienestar incorpora a este sector y ello converge con la ampliación de los derechos civiles a favor también de los negros, el igualitarismo de los blancos llega a su fin.

Me parece que estas ideas pueden ser el comienzo de una explicación más profunda sobre lo que sucede en Bolivia para ir más allá de lo que algunos llaman las maniobras antidemocráticas del gobierno, el envanecimiento de Evo y el fraude electoral.

El proceso boliviano, en mi opinión, ha sido el más radical de la región. No solo por los cambios que introdujo en ese país sino también por su carácter igualitarista que llevó a un cambio de la elite política y de la propia burocracia del Estado. Como dicen Pablo Stefanoni y Fernando Molina: “El Club del Golf perdió relevancia como espacio de reproducción de poder y estatus”. Para luego añadir: “Diversas encuestas ya mostraban la desconfianza de los sectores medios respecto al Presidente. No por su gestión que aprobaban, sino por la duración del dominio de la elite que Evo dirigía”. La “persistencia” de esta elite y la pretensión reeleccionista de Evo es lo que va a precipitar, afirman Stefanoni y Molina, a la clase media “a la sedición” y añado a la propia burguesía.

Por eso, la revuelta contra Evo tiene un sello principalmente racista, patriarcal y religioso, y expresa un falso liberalismo. Es el regreso de la cruz y la espada, que una derecha interesada, una izquierda despistada y un falso liberalismo nos quieren hacer creer que no hubo un golpe de Estado y que es democrático abrirle las puertas del poder a Dios y al padre Valverde, pero sobre todo a los socios del Club del Golf con tal de deshacerse de los indios.

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