Rostros detrás del show
Historias de mujeres y hombres que trabajan tras bastidores y que en su décimo aniversario han hecho del Gran Teatro Nacional el primer escenario cultural del país.

Uno de los momentos más emocionantes en la carrera del ingeniero Carlos Tasayco fue también uno de los más difíciles: ese día de marzo de 2013 en que Juan Diego Flórez estrenó la ópera Guillermo Tell en el Gran Teatro Nacional (GTN).
Tasayco maneja la mecánica teatral del GTN. Eso quiere decir que controla todo lo que se mueve en el escenario de manera mecánica: el telón, los elevadores, las varas, las puertas acústicas... todo. Él tenía experiencia, era uno de los fundadores del teatro y llevaba tres años manejando esos dispositivos. Pero era una ópera, uno de los géneros más complicados por el nivel de la escenografía. Y para Guillermo Tell habían colgado unos árboles gigantes que si no bajaban correctamente, podían causar cualquier destrozo.

El martes 12, el GTN celebró su décimo aniversario con el show Chabuca: aromas de mixtura, a cargo del Ballet Folclórico Nacional. Fotografía: John Reyes
¿Qué pasaba si uno de los árboles caía sobre la distinguida testa de Juan Diego?
–Felizmente todo salió bien –dice el ingeniero, recordando ese momento con una sonrisa–. Gracias a Dios tengo un equipo que está en varias partes alrededor del escenario y que me ayuda a ver a que no haya problemas. Pero sí, fue complicado. Había demasiadas personas...
Tasayco sabe que tiene una gran responsabilidad entre sus manos. Cada noche de espectáculo es un desafío distinto. Una noche puede ser ballet, otra teatro, otra un show folclórico, un recital acústico... una difícil ópera.
Pero eso es lo hermoso de su trabajo, dice. Que no hay días iguales.
–Todos es cambiante, nada es igual. Es verdad, puede ser absorbente, a veces hay que trabajar fines de semana, pero como es cambiante no es rutinario. Cada vez que puedo traigo a mi familia. Mi hija mayor viene desde que gateaba. Ha crecido aquí. Le encanta el teatro.
Evolución cultural

El gran valor agregado del GTN es el enfoque de públicos: buscamos desarrollar nuevas audiencias para las artes escénicas. Fotografía: Gerardo Marín
A todos en este lugar parece encantarles el teatro. Desde los hombres y mujeres que te reciben en las puertas, pasando por los técnicos que manejan las consolas de audio y video, hasta las personas que se encargan de la planificación de los espectáculos.
Dentro de ese pequeño ejército de sesentaipico obreros de la cultura, la función que cumple Milagros Chucos es fundamental.
Ella es la coordinadora de programación.
Es la que se encarga de ejecutar la programación anual del GTN, planificada por el director, Miguel Chivilchez. Cuidar que se cumplan los objetivos de cada uno de los espectáculos que se presentan, tanto en el escenario principal como en los alternativos -el foyer y la terraza.
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–Este año tenemos 223 fechas programadas, en todos los espacios. La mayoría de los espectáculos son de una o dos fechas, excepto los de los elencos nacionales, el Ballet Nacional y el Ballet Folclórico Nacional, que tienen tres temporadas al año de ocho funciones cada una.
En sus diez años de existencia, la programación ha cambiado mucho. Milagros Chucos cuenta que en sus primeros años se procuró posicionar la infraestructura del GTN, por lo que se convocó a artistas locales a los que les interesara presentarse en su escenario y se tejió alianzas con festivales internacionales.
Pasado un tiempo, se decidió ir un paso más allá: comenzar a producir sus propios espectáculos. Empezaron el año 2017 con la obra teatral La historia del soldado y continuaron al año siguiente con Jardín de oro. En 2019 vivieron un pequeño boom con Las Aventuras Musicales de Sisi y Lala, una trilogía de obras de teatro familiar dirigidas por Mateo Chiarella y protagonizadas por Patricia Barreto y Cary Rodríguez. El éxito fue tal que en 2020 agregaron una cuarta y aplaudida obra: Sisi y su primer circo.
–La pandemia nos obligó a repensar todo –dice–. Sin público presencial, ¿qué hacíamos?
Lo primero que hicieron fue crear una plataforma, GTN En Vivo, donde poner a disposición del público los videos de algunos de los principales espectáculos que se habían presentado en el escenario. Y apenas pudieron volver a trabajar de forma presencial, comenzaron a producir nuevas obras y a ofrecerlos en un programa, Teatro en Grande, por TV Perú.
–El GTN es mi segunda casa. No solo por la cantidad de horas que pasó acá. Me gusta sentir la energía del público. Escucharlos salir de un espectáculo como Chabuca, viendo cómo les ha gustado, es algo que te llena el corazón.
Formando públicos
Como supervisora de Sala, Paula Wilson algo sabe del impacto que los shows del Gran Teatro Nacional tienen en los espectadores.
–Este es uno de los trabajos más bonitos que he tenido en mi vida –dice–. Por la energía que transmite el público. Vienen en familias, en parejas, y tú puedes sentir esa conexión, esa química, que establecen con las obras.
La labor de Wilson es dirigir al personal que se encarga de recibir y atender el público en la sala. Planificar los protocolos de atención y supervisar que estos se cumplan durante cada una de las funciones. Los acomodadores son el rostro del Gran Teatro Nacional para la gente y ella es muy consciente de eso.
Tanto Wilson como Chucos remarcan la importancia que el público tiene a la hora de definir la programación del GTN, al punto de que hay un área de públicos, a cargo de Melissa Giorgio, que busca formar desde pequeños a los futuros espectadores del teatro peruano.
Con este objetivo en mente es que desde el 30 de julio el Gran Teatro Nacional realizará el Primer Festival de Teatro Adolescente, donde se presentarán cuatro obras dirigidas al público joven: Rosmery y el Libertador, Chabuca, Chaska y Paraíso. De esta manera, el GTN seguirá celebrando sus primeros diez años a lo grande.

















