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“En Chile no hubo una división izquierda-derecha, sino una división de clase”

Entrevista a Lucía Dammert. Doctora en Ciencia Política. Profesora en la Universidad de Santiago de Chile. Experta en seguridad ciudadana.

Lucía Dammert. Foto: José Luis Muñoz / Diario La Tercera
Lucía Dammert. Foto: José Luis Muñoz / Diario La Tercera
Emilio Camacho

Lo que empezó hace un año con una protesta estudiantil por el alza de pasajes en el metro de Santiago, llevó el último fin de semana a todos los chilenos a definir en un plebiscito si querían que la Constitución pinochetista fuera cambiada. El resultado ha sido contundente. Un 80% de chilenos prefiriera una nueva carta magna.

¿Por qué el país que servía como modelo en la región ha dado este paso radical? Lucía Dammert lo explica en esta charla.

Según el ministerio de Salud de Chile, el domingo 25 de octubre, cuando se llevó a cabo el plebiscito, hubo 1.540 casos nuevos de COVID-19 y 52 decesos. Chile, como otros países de la región todavía no ha salido del primer brote de la pandemia, ¿cómo es ir a votar en esas circunstancias?

Efectivamente, todavía no salimos de la primera ola pero los niveles de contagio están bastante más controlados de lo que estaban en junio o marzo, donde habían 300 muertos por día y donde los niveles de congestión en el mundo médico eran muy altos: nos estábamos quedando sin camas para las urgencias. Hoy, esos dos indicadores están más bajos. Además, se instalaron muchos mecanismos de protección para esta votación. Por lo menos cinco que son importantes de reconocer. Uno, disminuyeron la cantidad de mesas en cada colegio. Dos, se instaló un horario preferente para los adultos mayores. Tres, las mesas de votación estaban fuera de los salones de clase, en espacios abiertos o con mucha ventilación, con lo cual se evitaba el encierro, que es uno de los principales factores de contagio. Finalmente, había alcohol gel en las entradas y cero contacto. Uno debía llevar su propia lapicera para firmar y no se pedía la huella digital. Había una distancia entre el encargado de mesa y el votante de unos dos metros. Y si el primero tenía alguna duda, te pedía que te quites la mascarilla por unos segundos.

¿A usted se lo pidieron?

En mi caso no lo hicieron. Además, los encargados de las mesas eran más jóvenes. No había encargados mayores de 60 años. Y por eso la gente fue a votar con mucha tranquilidad. La principal medida fue esta que ya te dije: no tener a cinco mil personas votando en el mismo colegio, sino dividir esa cifra en varios colegios.

Los que detestan los resultados de esta votación dicen que fue alentada por el chavismo y hasta por el castrismo, que la izquierda continental es la gran vencedora de este plebiscito, ¿es eso cierto? ¿no es posible que un elector que está en las antípodas de la izquierda, un votante de Piñera, votara por una nueva constitución?

Sí, de todas maneras. A los que les encanta hablar del chavismo y el comunismo son gente que se quedó en los 70, que probablemente lo que hacen es disfrazar el miedo a perder sus privilegios. Probablemente estas campañas anticomunistas son a estas alturas un tupido velo para no ver la realidad. Acá en Chile, lo que ha habido no es una división izquierda-derecha, sino una división de clase. Y la gente trabajadora, el 80% de la población, que ha votado a favor de cambiar las cosas, es la gente que probablemente votó por un alcalde de derecha. Es la gente que cree que el Estado debe ser más fuerte, que el agua no debe ser privada. Y esa gente puede haber votado por el presidente Piñera. Es mentira que en Chile la derecha solo representa al 20%, es bastante más. Por eso es ridículo pensar que el 80%, los que votaron por cambiar las cosas, es de ultraizquierda. Lo que hay que ver ahora es qué pasa al día siguiente. Hay que hacer que esa gente que votó se sienta representada por un discurso político y eso es más difícil cuando uno tiene una crisis de representación de los partidos. Lo que espera la gente es que los nuevos constituyentes representen a Chile y no solo a un grupo que mal que bien, de izquierda y derecha, ha gobernado el país por 30 años.

¿Diría entonces que los ciudadanos chilenos han conseguido el viejo anhelo que se resume en el eslogan: “Que se vayan todos”?

Sí y no. Lo que en realidad está pidiendo la población es que entremos todos. Hay esta cosa de que hay un pequeño grupo de la población, que está localizado además en los tres únicos distritos en los que perdió el apruebo (el cambio de Constitución), donde viven los dueños de los medios de comunicación, donde vive el poder económico, la mayoría de los políticos. Y la ciudadanía lo que dice es: “Lo que yo veo no es lo que se dice en los medios, lo que yo sufro no es lo que se refleja en los datos promedio del país”. Necesitamos repolitizar la conversación. Esto no es como Argentina, cuando se dijo “váyanse todos y luego vemos qué hacemos”. Acá hay una ciudadanía que ya no se compra el cuento de que Chile es un modelo de país desarrollado.

Eso es interesante. Acá se repiten hasta el cansancio las bondades del “modelo chileno”, pero parecía que solo era un discurso hacia afuera.

No, no, también se escuchaba adentro. Mire, hace un año, en octubre empezó el estallido social, pero dos semanas antes el presidente Piñera dijo en una entrevista a un diario norteamericano que Chile era un oasis en medio de una turbulenta América Latina.

Y de pronto cayeron las protestas y de paso la pandemia.

Claro. Es que es un problema cuando los políticos se juntan solo con gente que les dice que lo están haciendo muy bien, cuando pierden contacto con el mundo real, que era un mundo más hacinado y con más necesidades, con gente a la que le afecta el incremento, aunque sea marginal, del costo del transporte. Y lo que pasaba es que mucha gente de la elite se creía el cuento del modelo, porque salía en los medios de comunicación, que también son de la elite.

Ahora, ha mencionado un dato interesante, las tres únicas comunas en las que triunfó el voto en contra de la nueva Constitución son las que concentran la mayor riqueza y el mayor nivel educativo en todo Chile, ¿vivían estas personas en una burbuja?

Bueno, es que ese es el modelo neoliberal, donde un porcentaje chiquito se lleva muchísimo y donde la gran mayoría sobrevive. Donde ese porcentaje chiquito puede irse de vacaciones o comprar con su tarjeta de crédito un televisor gigantesco.

O simplemente no ha sentido los efectos de la pandemia.

Claro, pero incluso antes de la pandemia se veía eso. Y la desigualdad siempre viene de la mano del trato injusto, de la discriminación. Entonces, el país que funcionaba bien en el promedio, y tenía una elite que concentraba la mayor parte del poder político y económico, y que además es una elite muy pequeña, muy vinculada, muy familiar, que solo va a cinco colegios y tres universidades, al final del día se enfrentó a una sociedad que crecía al margen de ella misma.

Ha mencionado el tema de la discriminación, ¿Chile es un país discriminador?

Bueno, los estudios muestran que parte importante de la gente se sentía maltratada y discriminada. Discriminada porque si ibas a buscar trabajo y no venía de una de esas universidades, no lo ibas a encontrar. O porque si no pertenecías a ciertos grupos, nunca ibas a crecer. Entonces, eso que se había naturalizado emergió con mucha rabia el año pasado.

Ahora, la protesta es entendible, pero, ¿no es una utopía creer que un país pueda dejar atrás la desigualdad cambiando solo la Constitución?

En el caso chileno, donde la Constitución fue hecha durante la dictadura, diseñada para el modelo neoliberal, donde el Estado tiene un rol secundario, donde se privatizó el agua y las fuerzas armadas y la policía tienen espacios de protección, se fue constituyendo el caso de que parte importante para hacer la reforma es el cambio constitucional.

¿Cómo definiría al movimiento ciudadano que ha conseguido este cambio, que es un movimiento que no tiene un caudillo? ¿Alguien va a poder capitalizar esta votación?

Bueno, el próximo año es súper electoral en Chile. Tenemos desde la elección de alcaldes hasta la elección presidencial y efectivamente en política los espacios nunca quedan vacíos. Queda todavía la duda de quién va a tener la capacidad y la habilidad para llenar ese espacio. Algunos menos optimistas dicen que van a ser los mismos de siempre, en una versión renovada. Y otros más optimistas piensan que habrá un nivel de transformación

Usted estudia el fenómeno de la seguridad ciudadana, ¿qué sienten los chilenos por su policía? ¿Le temen o la respetan?

Mira, este es un proceso. Por muchos años, hasta hace como cinco años, la policía de carabineros era la más querida en Chile, por encima de cualquier otra institución. Pero empezó una crisis que tuvo como punto de inicio lo que ocurrió con la iglesia católica, que entró en crisis por la pedofilia. Acá vino el Papa y casi nadie fue a verlo. Luego vinieron los militares, a los que se les conocieron casos de corrupción. Y finalmente vino la policía, a la que no solo se le descubrieron casos de corrupción sino casos de abuso. Y en el último año, violaciones de derechos humanos. Ese contexto ha hecho que sus niveles de aprobación caigan sustancialmente, pero por supuesto que aún están muy por encima del mundo de la política.

El fantasma de la represión se asomó hace unos días cuando se vio aparentemente a un carabinero arrojando a un manifestante por un puente. ¿Eso llegó a aclararse?

Ese caso está en la justicia, pero la fiscalía ha pedido prisión preventiva y ha demostrado que hubo intención de arrojar al río al muchacho. De allí en adelante se demostró que diversos carabineros mostraron información equivocada en la prensa. Además, se determinó que ese carabinero no llevaba la cámara de cuerpo. La fiscalía lo tiene detenido y la institución policial lo echó por no cumplir con los protocolos

¿Se pregunta por qué no ocurre en Perú lo que ha ocurrido en Chile? ¿Por qué la indignación no se manifiesta en las calles?

Es difícil saberlo, pero creo que en el Perú el nivel de despolitización es muy grande. La movilización ciudadana ha sido llevada a un escenario muy poco sofisticado. El mundo de la elite política juega permanentemente con los sentimientos de la población y los lleva por ese lado de la conversación y no por el del rol del Estado. Y en paralelo, el Perú ha crecido mucho, y los jóvenes hijos del desarrollo económico que estuvieron en universidades que no estaban debidamente acreditadas probablemente no recibieron la capacitación para discutir si el sistema está bien o no. Además que en el Perú todavía funciona la estrategia de llamar comunista a todo aquel que dice que el Estado debe ser más fuerte. Es complejo, si quieres salimos de los temas políticos. Uno se pregunta por qué el movimiento feminista no logró sostener un nivel de movilización más alto con la cantidad de violaciones que hay en el país. Salieron una vez a marchar y luego se perdió el ímpetu. Y eso tiene que ver con la sensación que tienen los peruanos de que todo se debe arreglar solo, que no debe esperar nada del Estado. Creo que los peruanos tienen la mirada más resignada respeto del rol del Estado que la que hoy día tienen los chilenos.