Conducir, entrenar y ensayar
Los días de la actriz más vista por los escolares del Perú, en Aprendo en casa, son intensos. Exprime la cuarentena preparando un unipersonal sin fecha de estreno en el que cantará y hará acrobacias. Esta semana debutó en la actuación online con Feedback, tratando de llevar la mística de las tablas a la virtualidad.
Patricia Barreto se multiplica en las pantallas. La vemos en la tele en horario matutino conduciendo Aprendo en casa, el programa de educación a distancia que implementó el Estado para que los chicos estudien en la pandemia. La vemos en la pantalla del smartphone, en su cuenta de Instagram, haciendo acrobacias en una lira que ha colgado sobre el jardín de la casa de su madre, con quien pasa la cuarentena. La vemos vía streaming, en el computador, actuando en vivo, en Feedback, un thriller psicológico que estrenó vía online el Teatro Británico esta semana.
A sus 33 años, la actriz multiplica fuerzas para exprimir sus días. La cuarentena le ha sido muy productiva. Entre la grabación del programa educativo que empieza a las 7 de la mañana, en los estudios de TVPerú, y los ensayos remotos por las noches, con el dramaturgo Mateo Chiarella, y su coprotagonista en Feedback, Alejandra Guerra, se entrega después del mediodía a la acrobacia de forma profesional.
Y es que Patricia además de haber estudiado arte dramático también se formó como trapecista en el circo Criollo de Buenos Aires. Este año tenía planeado el estreno de su primer unipersonal con música en vivo, un proyecto co-creado con el compositor Jorge “Chino” Sabogal, que requiere de muchísima preparación pues, además de cantar –en eso tiene experiencia: Las chicas del cuarto C, por ejemplo–, hará acrobacia sobre las tablas. Por tal motivo se ha embarcado en entrenamientos rigurosos y disciplinados en casa, a cinco metros del suelo y bajo la mirada atenta de su perrita Yuca.
Suspendida sobre su lira -una especie de trapecio de forma circular- repite una, dos, tres veces, y más, movimientos aéreos complejos. Patricia quiere lograr la perfección de una trapecista rusa. Siempre ha sido muy exigente con su trabajo. Aunque está aprendiendo a ser más relajada en lo personal.
Si bien el detonante de su unipersonal fue haberse divorciado tras nueve años de relación, la performance no se tratará solo de eso, sino de las preguntas que vienen después de los grandes cambios: ¿Quién soy? y ¿para qué estoy aquí? Patricia tratará de responder estas interrogantes en siete canciones.
“No ahondaré en el melodrama y la ruptura, que ya hay mucho material sobre eso, soy partidaria de la creación a partir de la construcción más que de padecer el sufrimiento”, dice moviéndose por la casa, tratando de que su conexión de internet no falle.
Sorpresas del 2020
Tras el Año Nuevo del 2020, Patricia fue una de los muchos de seres humanos que se dijeron: “Quiero que la vida me sorprenda”. Ella lo conjuró en un titular y vaya que la vida la sorprendió. Tenía programada su actuación en dos obras de teatro, el estreno de No me digas solterona 2 (película en la que es la protagonista) y había separado el teatro donde presentaría su unipersonal. Cuando inició el estado de emergencia, la incertidumbre aplastó al gremio actoral, los teatros se cerraron, no se sabía que vendría después. Ella, que siempre se ha preciado de ser una actriz independiente muy selectiva con los personajes que elige en el teatro –ha encarnado a la legendaria Edith Piaf y a la valiente Ana Frank–, dice reflexiva que estas no son circunstancias para elegir sino para ceder y hacer algo.
“El ser independiente y tener la posibilidad de hacer mis propios proyectos me ayuda a buscar ese ser genuino de artista–comenta–. Sí, ya sé que también he actuado en la televisión comercial [Julia en Los Vílchez], pero soy muy consciente de porqué lo hago... Ah, esto me va a llevar a invertir en mi unipersonal, en mis propios proyectos, yo ahorro este dinero para... Eso no lo sabe todo el mundo y no tengo porqué explicarlo. La gente piensa que porque sales en una novela te vuelves una farandulera. Solo los que siguen de cerca mi trabajo saben quién soy”.
Cuando a fines de marzo la llamaron para la conducción de Aprendo en casa no lo dudó, era momento de hacer algo: “Cuando me dijeron que por favor teníamos que empezar en una semana y que era una emergencia nacional, no lo dudé, me abrí la blusa y dije: ¡Wondeeer woooman!”. Contribuiría a sacar adelante la educación del país”.
Las críticas llegaron a los pocos días, vía redes sociales, el nuevo espacio del escarnio público sin límites. A Patricia y a la co-conductora Stephanie Orúe, también actriz con trayectoria, se les reprochó el no ser docentes y no tener experiencia para conducir un programa de ese tipo. Seguramente no sabían que detrás de cámaras habían más de treinta profesores y especialistas del Ministerio de Educación preparando las clases. Los cibernautas llegaron a censurar a Patricia hasta por vestir un polo con una versión minimalista del escudo nacional.
“Hay muchos prejuicios respecto al artista y la gente no sabe que nuestro trabajo también es bastante social. Yo me dedico hace años a hacer teatro para niños, por ejemplo, pero no, del artista solo se conoce la parte escandalosa y farandulera. Y se piensa que como somos personajes públicos tienen permiso para violentarnos públicamente”, reclama quien se dedica desde el 2006 a dar talleres de teatro a niños y adolescentes y que dio una charla en el TedxMirafloresWomen en 2016 sobre empoderamiento femenino.
Ficción en vivo
El jueves pasado, Patricia debutó en la actuación online. Ella desde su habitación, y la actriz Alejandra Guerra desde su sala, vía streaming, dieron vida al mismo personaje en diferentes edades. El argumento es perturbador: una veinteañera logra comunicarse con ella misma a los 46 años, a través del internet. La menor pide consejos: ¿qué decisiones debe tomar para vivir mejor?, y la mayor calla porque, si modifica en algo del pasado, el futuro que ella está viviendo ya no existirá. Lo que comienza como una conversación de complicidad se tornará en algo siniestro.
Las obras de teatro se están mudando poco a poco a la red, aunque Patricia prefiere llamarla ficción ‘en vivo’: “No es teatro, no es el mismo espacio escénico, pero trato de llevar la misma mística. Los actores de teatro tenemos que trasladarnos al mundo digital dadas las circunstancias”. Dice que el gremio se está organizando y están apareciendo plataformas de teatro virtual como TEVI que harán más masivo el consumo de este arte a la larga.
“Estoy en un nivel básico respecto a lo que quiero llegar a ser”, Patricia insiste una vez más en el tema de la acrobacia. Confiesa que uno de sus sueños era ser trapecista de circo. “Me cautiva, me gusta la mística del circo por lo lúdico y espectacular. Todavía creo en la magia”, añade. La actriz no revelará aún cómo se llamará el unipersonal. No quiere adelantarse porque no sabe lo que vendrá en el futuro, más aún en estas circunstancias. De pronto, el suspenderse en el aire y estar despegada del piso (de la realidad) por unos momentos le da sentido a sus días. De lo único que está segura, dice, es que debe adaptarse.































