Los agricultores comenzaron a cultivar plátanos y fresas en un país cubierto de hielo durante casi todo el año
La producción local ayudó a reducir la dependencia de alimentos importados.

Islandia encontró una forma de ampliar los límites de su agricultura gracias a la combinación de calor geotérmico, invernaderos y luz artificial. En un territorio donde las bajas temperaturas y los cortos días de invierno dificultan el cultivo al aire libre, estas tecnologías permiten mantener condiciones adecuadas para plantas como tomates, pepinos, fresas y, en algunos casos, incluso plátanos.
La producción todavía está lejos de cubrir toda la demanda nacional, pero los resultados muestran hasta dónde puede llegar la horticultura en un clima extremo. En 2024, el país europeo obtuvo 1.362 toneladas de tomates y 228 toneladas de pimientos. Ese mismo año, las condiciones adversas redujeron con fuerza las cosechas de papa y zanahoria, mientras los cultivos protegidos conservaron una mayor estabilidad.
¿Cómo consigue Islandia cultivar frutas y verduras pese al frío?
Un reportaje de DW destacó el caso del productor Tómas Ponzi en 2025. Mientras que la temperatura exterior rondaba los 12 °C, su invernadero se mantenía cerca de los 20 °C. Cultiva más de 30 variedades de tomates y suministra parte de la cosecha a restaurantes de Reikiavik. En lugar de intentar adaptar las tomateras al frío de los campos abiertos, el productor recrea las condiciones necesarias dentro de los invernaderos.
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Estas estructuras protegidas permiten controlar la temperatura, el riego y otros factores esenciales para el desarrollo vegetal. Además, durante los meses con menos horas de luz, las instalaciones incorporan lámparas de alta intensidad para compensar la escasez de radiación solar.
La Universidad Agrícola de Islandia identifica la poca luz natural como una de las principales limitaciones para la producción hortícola durante el invierno. Por eso, cultivos como tomates, pepinos y pimientos reciben iluminación suplementaria. El sistema también puede incluir aporte de dióxido de carbono y un control constante del ambiente. El clima frío, por otra parte, reduce la presencia de algunas plagas y enfermedades que afectan a otros sistemas agrícolas.
Los resultados contrastan con lo que ocurre en los campos abiertos. En 2024, la cosecha de papas cayó a 5.514 toneladas, el nivel más bajo desde 1993, mientras la producción de zanahorias descendió a 481 toneladas. Las lluvias, el frío y las tormentas afectaron a varias zonas agrícolas.
El calor del subsuelo mantiene los invernaderos durante el invierno
Islandia posee una enorme disponibilidad de energía geotérmica debido a su actividad volcánica. El agua que circula por el subsuelo entra en contacto con rocas calientes y puede alcanzar temperaturas elevadas. Parte de este recurso llega directamente a los sistemas de calefacción de los invernaderos, sin necesidad de que cada instalación produzca por sí misma todo el calor.
La Agencia de Energía de Islandia señala que la geotermia representa más del 60 % del consumo de energía primaria del país. Además de la calefacción doméstica y la generación eléctrica, este recurso tiene aplicaciones agrícolas. En numerosos invernaderos, el agua geotérmica circula por tuberías para mantener una temperatura favorable para las plantas.
La calefacción, sin embargo, no resuelve todo el problema. La iluminación artificial constituye uno de los principales gastos de la producción durante el invierno. Por eso, los cultivos deben demostrar que su rendimiento puede compensar la inversión en electricidad, infraestructura, mano de obra y otros insumos.
Fresas, plátanos y tomates: hasta dónde puede llegar la agricultura islandesa
Las fresas forman parte de la horticultura comercial islandesa, aunque su escala es mucho menor que la de los tomates y pepinos. Los investigadores también han estudiado la posibilidad de extender su temporada mediante iluminación artificial, ya que la producción tradicional se concentra en los meses con mejores condiciones de luz.
Los plátanos representan un caso diferente. La Universidad Agrícola ha cultivado estas plantas en sus instalaciones de Reykir, pero su presencia no significa que Islandia posea una industria bananera capaz de abastecer sus supermercados. Mantener una especie tropical bajo calefacción y luz artificial durante largos periodos supone costes que dificultan su competencia frente a la fruta importada.
Los tomates muestran mejor el potencial comercial de este modelo. Islandia produjo 1.362 toneladas en 2024, aunque todavía importa grandes cantidades para cubrir su consumo. Ese año ingresaron al país alrededor de 1,56 millones de kilogramos de tomates frescos, principalmente desde Países Bajos, España y Marruecos.


































