Los humanos también pueden aprender a usar la ecolocalización como las ballenas y murciélagos en solo 10 semanas
Un estudio reciente demuestra que, con 10 semanas de entrenamiento, personas videntes y ciegas mejoran su orientación mediante ecos.
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La ecolocalización suele asociarse con animales como los murciélagos, los delfines y algunas especies de ballenas, capaces de orientarse mediante sonidos y los ecos que estos producen al rebotar en los objetos. Sin embargo, investigaciones recientes demostraron que los seres humanos también pueden desarrollar esta habilidad con un periodo de entrenamiento relativamente corto, incluso si conservan la vista.
Un estudio publicado en PLOS One por investigadores de la Universidad de Durham, en el Reino Unido, reveló que personas ciegas y videntes aprendieron a utilizar clics producidos con la boca para identificar elementos de su entorno tras 10 semanas de práctica. Años después, otro trabajo, publicado en la revista Cerebral Cortex, confirmó que ese aprendizaje no solo mejora el rendimiento, sino que también modifica la estructura y el funcionamiento del cerebro.
La capacidad oculta de la mente humana: un aprendizaje de 10 semanas
La ecolocalización consiste en emitir un sonido y analizar el eco que regresa después de chocar contra los objetos cercanos. Gracias a esa información, el cerebro calcula distancias, formas e incluso la ubicación de obstáculos. En la naturaleza, este mecanismo resulta esencial para que murciélagos y cetáceos puedan desplazarse en ambientes con poca o ninguna visibilidad.
Los investigadores de la Universidad de Durham evaluaron a 26 participantes, entre personas ciegas y videntes, quienes recibieron 10 semanas de entrenamiento basado en clics verbales. Al finalizar el programa, ambos grupos lograron interpretar los ecos con suficiente precisión para reconocer elementos del entorno. El hallazgo también respalda el uso de esta técnica por parte de personas con discapacidad visual, quienes en algunos casos sustituyen los clics por los golpes de un bastón para obtener información del espacio que los rodea.
Cuando la corteza visual aprende a ver a través del sonido
El estudio posterior analizó imágenes cerebrales de los participantes antes y después del entrenamiento. Los especialistas centraron su atención en la corteza visual primaria (V1), responsable del procesamiento de la visión, y en la corteza auditiva primaria (A1), dedicada al análisis de los sonidos.
Los resultados mostraron que la región V1 desarrolló sensibilidad a los ecos sonoros tanto en personas ciegas como en aquellas con visión normal. "Mostramos aquí, por primera vez, cambios funcionales y estructurales en las áreas sensoriales primarias V1 y A1 en personas ciegas y videntes que aprenden ecolocalización basada en clics durante la edad adulta", escribieron los autores. Además, añadieron: "Estos resultados constituyen un hallazgo clave respecto a estudios anteriores que encontraron plasticidad principalmente en áreas sensoriales de orden superior".
Según los científicos, la capacidad de la corteza visual para responder a estímulos auditivos forma parte de las características normales del cerebro adulto y no depende de largos periodos de privación visual.
La pista evolutiva en los cerebros de los mamíferos marinos
El interés por comprender la ecolocalización también alcanzó a los mamíferos marinos. En 2025, un equipo de investigadores de Estados Unidos y el Reino Unido publicó un estudio en PLOS One que examinó cómo cerca de 30 millones de años de evolución transformaron el cerebro de delfines y ballenas.
Los científicos compararon los sistemas auditivos de tres delfines, capaces de ecolocalizar, y una ballena con barbas, que no utiliza esta técnica, aunque depende del sonido para orientarse en aguas oscuras. La principal diferencia apareció en una conexión cerebral mucho más desarrollada hacia el cerebelo en los delfines.
El biólogo Peter Tyack, del Woods Hole Oceanographic Institution, explicó: "Aunque los neurocientíficos solían considerar el cerebelo principalmente como un centro del equilibrio y del control del movimiento, las evidencias más recientes indican que funciona como un centro de integración de información sensorial y motora y, lo más importante, como un centro de predicción rápida". Por su parte, el científico marino Peter Cook, del New College of Florida, destacó: "La tecnología por fin está disponible para empezar a desentrañar estos misteriosos sistemas nerviosos y descubrir cómo funcionan".


















