Descubren submarino nuclear de URSS que sigue liberando radiación más de 30 años después de su hundimiento
A 1.680 metros de profundidad, el submarino presenta fugas desde su reactor, pero no hay evidencias de impacto significativo en el ecosistema marino cercano.
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Un equipo científico confirmó que el submarino nuclear K-278 Komsomolets, hundido en el mar de Noruega, continúa liberando material radiactivo más de tres décadas después de su naufragio. El sumergible, que yace a 1.680 metros de profundidad, mantiene fugas provenientes de la zona del reactor, aunque sin evidencias de impacto significativo en el ecosistema cercano.
El hallazgo, documentado inicialmente en 2019 y ratificado recientemente, muestra que el casco sigue emitiendo radionúclidos debido al deterioro progresivo del combustible nuclear. Pese a ello, los análisis indican que la radiación se diluye rápidamente en el agua, evitando daños visibles en la fauna marina.
Una tragedia que marcó la historia naval soviética
El K-278 Komsomolets se hundió el 7 de abril de 1989 tras un incendio que se salió de control a bordo. De los 69 tripulantes, solo 27 sobrevivieron, en un accidente que expuso los riesgos de la tecnología nuclear en operaciones militares.
Diseñado con un doble casco de titanio, el submarino era único en su tipo dentro de la flota de la Unión Soviética. Actualmente permanece en posición vertical sobre el lecho marino, con un reactor dañado y dos armas nucleares en su interior, lo que lo convierte en uno de los restos más sensibles del fondo oceánico europeo.

Una de las pocas fotos disponibles del submarino soviético K-278, 'Komsomolets'. Foto: El País
Décadas de monitoreo y contención
Tras el accidente, varias misiones soviéticas y rusas inspeccionaron el pecio entre 1989 y 2007 utilizando sumergibles tripulados. En 1994, se sellaron los tubos lanzatorpedos con materiales de titanio para evitar filtraciones desde las ojivas nucleares.
Hoy, la vigilancia está a cargo de organismos como la Autoridad de Seguridad Radiológica y Nuclear de Noruega y el Instituto de Investigación Marina, que emplean tecnología submarina avanzada para evaluar el estado del submarino. En estudios recientes, detectaron una fuga activa en una tubería de ventilación, confirmada mediante imágenes y muestras recogidas en el entorno.
Evidencia científica sobre el origen de la radiación
Los investigadores analizaron isótopos de plutonio y uranio para determinar la procedencia del material radiactivo. Los resultados evidencian que las emisiones provienen directamente del reactor del submarino, cuyo combustible se encuentra en proceso de corrosión.
A pesar de la fuga, no se han detectado rastros de plutonio vinculados a las ojivas, lo que sugiere que las medidas de contención aplicadas en los años noventa continúan siendo efectivas. Asimismo, las muestras de agua y sedimentos no revelan alteraciones significativas en el entorno inmediato.
Incertidumbre científica y próximos estudios
Especialistas señalan que, aunque el riesgo ambiental parece limitado por ahora, persisten interrogantes sobre la evolución de la fuga. Buscan determinar por qué la emisión varía con el tiempo y cuál es el mecanismo exacto que la produce.
El caso del K-278 Komsomolets sigue siendo un símbolo del legado nuclear de la Guerra Fría, así como un recordatorio de los desafíos que implica gestionar restos radiactivos en el fondo marino.

























