
Has catalogado al fujimorismo como un partido político claramente autoritario. Tras la primera vuelta y la campaña de Keiko Fujimori, ¿podrías decir que tu libro Señora K es un aviso que el país no quiso escuchar a tiempo?
Las publicaciones que yo hago son ejercicios de memoria. Más allá de opinar o decir que esto me parece mal o me parece bien, yo creo que, en ambos libros, tanto en Mototaxi como en Señora K, lo que se busca es hacer un ejercicio de memoria para que la gente pueda tener mayor acceso a una especie de archivo de las cosas que han pasado y puedan sacar ellos sus propias conclusiones.
Por ejemplo, el tema de los audios de los Cuellos Blancos, audios en los que jueces, fiscales, periodistas, empresarios y autoridades, como el Consejo Nacional de la Magistratura, hacían negociaciones turbias, uno se daba cuenta de cómo estaba un poco podrido el sistema de justicia. Entonces, lo que se busca es eso, que la gente recuerde, que la gente cuestione y que al final sea un insumo para que puedan tomar una decisión a la hora de votar.
¿Sientes que hay un antes y un después en tu vida a raíz de la política? Te lo pregunto porque ejercer el periodismo desde un espacio con tanto alcance te expone inevitablemente a ataques y cuestionamientos de todo tipo.
Claro, tengo 11 años haciendo esto, dedicándome al contenido digital. Con los libros recién empecé en el 2019, y me he acostumbrado a algo a lo que no debería acostumbrarme: insultos, difamaciones, calumnias. Por supuesto que hay un antes y un después, pero a veces es el precio de comerse un pleito. Y yo decidí comerme el pleito y estoy satisfecho con el resultado.
Lo que a mí me deja tranquilo, con respecto a la publicación de los libros, es que todo lo que figura, todo lo registrado, cuenta con sustento. Ha sido verificado, cuenta con testimonios, está documentado, por lo que no hay ninguna difamación ni ninguna acusación injustificada. Eso es lo que a mí me deja tranquilo. Por supuesto que se puede discrepar, que pueden tener opiniones, pero yo me siento, al menos en ese lado, asegurado con la verdad.
¿Y la idea de hacer este repaso de los últimos años del fujimorismo viene motivada por la coyuntura actual?
Sí, todo empieza cuando sale esta primera bancada de Fuerza Popular. Yo sé que tuvieron una en el 2011, pero me refiero a esta bancada numerosa, gigante, en el año 2016, en la que yo sentía que era muy difícil que las personas pudieran tener un registro de todo lo que había pasado. Eran tantos acontecimientos y pasaban tantas cosas que yo dije: sería bueno tener un registro que permita a la gente llevar cuenta de lo que está pasando. Entonces, por eso sale la primera publicación, que empieza en el año 2015, más o menos, y termina en el año 2018.
Y esta segunda publicación es para darle un punto y aparte —no un punto final, un punto y aparte— donde nuevamente retomamos el tema de los audios de los Cuellos Blancos, que hasta el día de hoy siguen siendo insumos de noticias diarias, y termina en esta primera vuelta de la campaña. Llego hasta la segunda vuelta en el epílogo, pero lo que intento es tomar lo más importante para que la gente pueda tener una guía.
Pasando a la coyuntura electoral, Roberto Sánchez estuvo como invitado en tu programa. Más allá de la entrevista, ¿sientes una verdadera concordancia ideológica con lo que él representa, o para ti es simplemente el 'mal menor' de esta segunda vuelta?
La verdad que casi ninguna. Casi ninguna. Yo siento que su programa, su plan de gobierno, es bastante preocupante. Ese es el adjetivo que voy a utilizar. Y si he decidido anunciar que voy a votar por él, es porque siento que es la única medida real que puede generar un efecto para impedir que Fuerza Popular gane las elecciones.
Ahora, yo sé que de repente es poco imparcial que alguien que ha estudiado al fujimorismo de los últimos 10 años diga que va a votar por el otro partido, pero al mismo tiempo también, más allá de la imparcialidad, puede ser justificado. Justamente porque sé lo que han hecho en los últimos 10 años es que he decidido no votar por ellos.
En 2021, Fuerza Popular denunció un fraude porque perdió las elecciones. Ahora estamos viendo lo mismo con López Aliaga, ¿a qué crees que se deba que en los últimos años los políticos han tratado de “patear el tablero” cuando pierden?
Yo creo que todo empieza en el año 2016, con la primera denuncia, que en este caso fue interna, de fraude en Fuerza Popular. Hay un episodio del primer libro en el que Keiko Fujimori le dice a su bancada de 73 parlamentarios, en privado, que a ella le han robado la elección, y se la han robado PPK, Ollanta Humala y el Jurado Nacional de Elecciones. Desde entonces había una sensación de parte de Keiko y de Fuerza Popular de que les robaron una elección.
Ellos estaban convencidos, y por eso es que, en el año 2021, cuando vuelve a suceder que pierden por un margen muy pequeño, deciden hacer esta campaña que, dato curioso, en la ofensiva final está documentado al 100%. Todo lo que pasó en la campaña del fraude está documentado en el libro, que te cuenta cómo empiezan denunciando irregularidades, pero manteniendo al margen a las autoridades electorales, para al final pasar a las acusaciones directas responsabilizando a las autoridades electorales. Yo creo que eso sentó un precedente para que Renovación Popular haga esto en esta campaña.
¿Sientes que el antifujimorismo de estos años se ha debilitado?
Siento que hay un cambio generacional. Siento que las personas que militaban y formaban parte de estos colectivos han crecido. Ahora ya están de repente dedicándose a lo suyo, han cambiado un poco, sus ideologías de repente han migrado, no lo sé. Pero siento que este rechazo a lo que representa el fujimorismo se mantiene.
Sería muy difícil explicar cuáles son los niveles, es muy difícil de medir, pero siento que el antivoto de Fuerza Popular se mantiene. Es más, llega hasta el punto de que en los últimos días algunos candidatos, como Rafael López Aliaga, han salido a decir que van a votar por Keiko sin mencionar a Keiko Fujimori. A ese nivel ha llegado el antivoto. Y también lo vemos por el lado de otros partidos que dicen que no van a votar por Keiko, pero lo dicen de forma muy sutil.
Sobre el capítulo del paso de Keiko por la cárcel. Se la puede ver desde su lado más humano. Al reconstruir ese momento, ¿qué quisiste transmitirle con ese hecho?
Cuando pasa lo de la cárcel, evidentemente hubo que buscar fuentes y lo que quería era saber qué pasó, qué reacción tuvo. Uno puede imaginarse muchas cosas, pero en este caso yo realmente tenía curiosidad y las fuentes coinciden en lo que dice el libro: ella tuvo una reacción un poquito inesperada de repente, que me hace recordar a la reacción que tuvo en el año 2016 también cuando pierde la segunda vuelta con PPK. Cualquiera pensaría que estaba furiosa, que estaba gritando, pero no; estaba tranquila, calmada, serena. Obviamente disgustada, pero eso dice mucho de la personalidad de Keiko, de cómo es ella.
¿Crees que Roberto Sánchez tiene el poder para hacerle frente al fujimorismo en este próximo gobierno?
Yo creo que tiene herramientas. Lo único que habría que preguntarse es si tiene la voluntad. De repente para él va a ser un poco más práctico negociar, sentarse a llegar a acuerdos. Es muy difícil saberlo, pero de que tiene la oportunidad, la tiene.
Pedro Castillo, por ejemplo, duró cuatro meses y llegó a la primera moción de vacancia. ¿Crees que eso también puede llegar a pasar en un eventual gobierno de Sánchez? ¿Consideras que de esta manera se trivializa un poco la figura de la vacancia presidencial?
Totalmente convencido. La pregunta no es si van a vacar o no a Sánchez si gana la elección, la pregunta es cuándo lo van a intentar. Porque muy probablemente, en el caso de Castillo, como tú bien recuerdas, sucedió cuatro o cinco meses después. En este caso podría pasar lo mismo.
En algún momento, las vacancias requerían de dos cosas: una buena narrativa o justificación, y los votos. Pero ahora ya solamente se necesita una sola cosa, que son los votos. Ya ni siquiera se preocupan por una narrativa. Puede ser cualquier motivo que se les ocurra para que planteen una moción de vacancia por incapacidad moral. Entonces, es simplemente cuestión de tiempo.
Y a nivel de este comportamiento político de Keiko, cualquier otro líder habría dado un paso al costado después de haber perdido tres elecciones en la segunda vuelta. ¿Por qué crees que ella insiste en alcanzar la presidencia hasta ahora?
Bueno, de eso vive. Yo siento que Fuerza Popular ha encontrado una manera de que un grupo de personas —no solamente me refiero a Keiko Fujimori en la cúpula, sino en general— puedan vivir de esto. Es tan evidente que hasta el propio López Aliaga lo ha dicho en su momento: ellos viven de esto. La señora Fujimori vive de la política. Y ella al final es la que ha decidido postular en todas estas oportunidades. Nuevamente, gane o pierda, el proyecto llamado Fuerza Popular va a seguir vigente. Yo estoy convencido de eso.
¿Cuál crees que es la diferencia principal que tú has notado entre la Keiko del 2016 y la Keiko de ahora?
Siento que la Keiko del 2016 era mucho más enérgica, no voy a decir apasionada porque no hay nada de pasión, era mucho más enérgica, mucho más ambiciosa y realmente quería ganar la presidencia porque ella sentía que había llegado su momento. Es por eso que ella tiene esta reacción tan emocional cuando PPK la derrota, porque ella siente que esa elección debió ganarla ella. Desde entonces, la política de Fuerza Popular ha sido completamente negativa. Ellos buscan destruir, buscan vacar, buscan perjudicar, buscan pulverizar, inhabilitar.
Y eso es algo que caracteriza a Fuerza Popular ahora. Tenemos una Keiko del 2026 que estaba en una segunda vuelta nuevamente por cuarta vez; ella ya está mucho más madura, más experimentada, ya sabe cómo funciona el sistema. Siento que la mayor diferencia es que ahora ella está mucho más cómoda gobernando dentro o fuera del Palacio de Gobierno. Ella ya entendió que puede gobernar de todas maneras y simplemente es una cuestión de formas. Yo no sé si ella esté 100% convencida de que va a ganar la elección, creo que es más cautelosa, pero de que lo busca y lo quiere, lo hace. Yo siento que Keiko tiene más ganas de ganar una elección que Roberto Sánchez en esta oportunidad en particular.
También vemos que el Congreso está bastante fragmentado por diversos partidos. Ahora, por ejemplo, Fuerza Popular no tiene el poder que tuvo anteriormente. ¿Cómo evalúas la capacidad del partido para seguir ejerciendo el poder desde fuera a través de alianzas y negociaciones con las otras bancadas?
En el periodo del 2021 quedó demostrado, y en este periodo que continúa hasta el día de hoy ha quedado demostrado, que Keiko no necesita tener 73 congresistas como los tuvo en algún momento para poder tener la sartén por el mango.
Ella, con negociaciones y con acuerdos, como lo hizo en este Congreso, lo ha conseguido. Claro, todos los acuerdos han sido distintos: el acuerdo que tuvo con Avanza País fue de una manera, el que tuvo con Renovación fue de otra, el que tuvo con APP fue de otra.
Fuerza Popular sabe cómo negociar con cada partido, conoce más o menos cómo llevar a su gente, porque la gente de Acuña y la gente de Renovación son distintas. Ellos ya saben cómo jugar el juego, saben cómo incluso dominar el juego por dentro, porque ellos dominaban oficinas clave, incluso como funcionarios, donde uno de ellos estuvo en el debate técnico. Yo siento que ellos sí se sienten un poquito más cómodos, por lo mismo que te decía, se sienten más cómodos porque saben que van a poder gobernar sin necesidad de estar físicamente en Palacio.





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