
Cuando uno quiere adquirir un producto, existen muchas marcas sobre un mismo producto y no sabemos cuál elegir; entonces, se acerca un vendedor muy amable y nos ofrece algunas marcas, pero lo peculiar es que ese ofrecimiento amable responde a una preselección que ha hecho el vendedor para ofrecerlo como primera alternativa, sea por el precio, la calidad, por la comisión que recibirá, etc.
Luego de habernos dejado influenciar por las recomendaciones del vendedor, descubrimos que el vendedor que nos ofreció el producto era un impulsador de la marca, por ello, lo promocionaba y lo colocaba bajo nuestra mirada, para que prefiramos elegir su producto. Esta experiencia que comparto es lo que hemos vivido en el reciente proceso electoral, a través de algunas empresas encuestadoras, poco o nada confiables, que prefiero no citarlas.
Frente al universo de partidos políticos, se realiza una preselección sobre qué producto o candidato se levantará (léase impulsará) en la encuesta y la oportunidad de hacerlo; y todo ello para medir la reacción del elector consumidor frente al candidato que se promociona. El elector limeño no es el mismo del interior del país, pues cada uno tiene su propia problemática y expectativas en la oferta electoral; por tanto, una primera aproximación que se tiene a la información que brindaron las encuestas es que fueron construidas con una mirada citadina y limeña. No se recogió con la misma intensidad lo que estaba sucediendo con el público votante del interior del país; como si el elector limeño fuera suficiente para decidir las elecciones del país, y ello no es así.
Se ha culminado una etapa del proceso electoral nacional y ninguna empresa encuestadora acertó en quién ocupaba el segundo lugar; muchas empresas ni siquiera se imaginaron que el partido Juntos por el Perú competiría en el segundo lugar de la votación nacional; y no es la primera vez que no aciertan, ya lo hicieron en el año 2021.
Se advierte que las empresas encuestadoras se convierten en empresas impulsadoras del producto-candidato que se ofrece en esta oferta electoral, pues las llamadas encuestas (entendidas como instrumento de medición de la opinión pública, en un momento determinado) se han elaborado como parte de la propaganda de determinado grupo político, propaganda asolapada, acompañada además con líderes de opinión, influencers, astrólogos, videntes y todo aquello que influya en la persuasión del elector.
Un vendedor que impulsa un producto para la venta advierte de la ventaja y bondades de adquirirlo, comparándolo incluso con las alternativas que también ofrece el mercado; tan igual las empresas encuestadoras han mostrado candidatos que podrían ganar, según sus mediciones. Con ello nos decían tácitamente: si quieres que tu voto sea útil, aquí están los preseleccionados, porque el postulante que elegiste está muy mal ubicado en la medición de las encuestas. No se busca informar sino inducir, persuadir, como parte de la estrategia publicitaria para captar votos; sino cómo se explica que se haya invisibilizado al partido que ha pasado a la segunda vuelta en esta contienda electoral. No es la primera vez que sucede ello.
A todo ello se agrega que esa información elaborada por estas empresas encuestadoras es difundida (sin validar) en medios de comunicación masiva, y el público elector lo recibe con pocos cuestionamientos sobre la forma y método de elaboración de la medición. Al final, no siempre lo posible termina coincidiendo con la realidad, a pesar de haber buscado persuadir en el inconsciente colectivo de la masa de electores.
La persuasión y el control del voto se limitó a las zonas urbanas y costeñas; no se extendió al interior del país, sobre todo a las zonas rurales. Los resultados de este acto electoral muestran una clara dicotomía entre Lima y el interior del país; y ello no llama la atención, pues, como dijera José Faustino Sánchez Carrión, desde la formación de la República, ella es una relación aún no resuelta. Para la historiadora Carmen McEvoy, esa relación es una expresión de una tradición republicana provinciana, en el que se afirmaba que las provincias tienen igual valor que la capital y la República debe construirse desde lo local hacia lo nacional, desde abajo, desde redes locales, no solo desde el Estado central; por ello, el resultado de estas elecciones en esta primera fase nos lleva a reflexionar sobre el rol de las provincias en el desarrollo nacional; no se trata de aislarlas, de acordarse de ellas cada periodo electoral, sino de trabajar por su permanente interrelación entre lo local y lo nacional.
La provincia habla con la fuerza de la multitud, y habla frente al conglomerado limeño. A la luz del resultado de la reciente votación nacional, diremos que este proceso electoral será decidido por la voz del interior del país. Si bien se sostiene que el país tiene un crecimiento sobre el 3% del PBI, ello no se reproduce en estas últimas décadas en un bienestar para los pobladores del interior del país; hay algo que no está funcionando. Se requiere saber gestionar con eficiencia los recursos públicos para brindar mejoría y bienestar social a estas zonas del país. Dice el INEI que las regiones de Cajamarca, Loreto, Pasco y Ayacucho suelen registrar los índices más elevados, a menudo superiores al 40% de pobreza total y que la pobreza extrema se concentra principalmente en el ámbito rural de la sierra y selva. Si bien es menor en las áreas urbanas, la pobreza extrema se incrementó en el 2024, afectando también a periferias de ciudades.
Nuevamente regresa el sombrero; pero regresa con otro personaje, que no es Pedro Castillo sino Roberto Sánchez. Más allá de quien lo porta, lo interesante es reflexionar: ¿cuál es el significado simbólico de este sombrero? Este se ha convertido en un estandarte de los pueblos del interior del país; en un emblema que luce la población de origen andino, como muestra de sus raíces provincianas; es una forma de visibilizar el mundo rural en la política nacional; es un estandarte que debe llevar a recordar que hay un tema pendiente con ellos, en la agenda del país. El país genera crecimiento económico que no se traduce en determinadas zonas del interior del país; los efectos de la pobreza y la extrema pobreza los sigue acompañando.
Lo vivido en las elecciones de 2021 se repite hoy. Viene a mi recuerdo el saludo protocolar entre dos funcionarios del Estado peruano: María del Carmen Alva Alvarado en su condición de presidenta del Congreso y Pedro Castillo Terrones, como presidente de la República. Alva no retribuyó el saludo que le brindaba Castillo, con sombrero cajamarquino en mano, a pesar de que los ancestros de Alva también provienen de esta bella tierra.
Definitivamente el Perú no es Lima, para ello, miremos el resultado de esta primera etapa del proceso electoral. A pesar de que Dina Boluarte haya proclamado que Puno no es el Perú, necesitamos estrecharnos la mano, entre todos los peruanos, para construir un país integrado y con bienestar para todos. Hay que mirar y escuchar al interior del país, es tal vez lo más valioso y auténtico que aún conservamos como nación.



