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Opinión

Contra toda esperanza, por Rosa María Palacios

“Boluarte, que debió ser Tudela, tampoco quiere ser Sagasti ni Paniagua. Y la mayoría del Congreso tampoco quiere que lo sea. ¿Por qué? Porque ya no les importa”.

larepublica.pe
Rosa María Palacios

“No les importa”. De esa manera muy sencilla y sabia me replicaron un sesudo análisis de la conducta parlamentaria y presidencial de las últimas horas. Y a mí, que no es fácil callarme, me dejaron muda y pensando que sí, que tal vez esa sea la única explicación que, al final de dar mil vueltas, cabe.

Cuando Alberto Fujimori renunció a la presidencia del Perú el año 2000, renunciaron a las pocas horas los vicepresidentes Tudela y Márquez. A ninguno de los dos se les ocurrió que podían culminar un mandato proyectado hasta el 2005. Ni siquiera el de los 7 meses siguientes, dado que, al renunciar Fujimori, ya estaban convocadas las elecciones adelantadas.

El fraude del fujimorismo no dejó dudas de la nulidad del proceso electoral del 2000. Los vicepresidentes eran inocentes en esos actos fraudulentos, pero caído el presidente que los llevó en su plancha, entendieron que el proyecto político había concluido y era responsable darle al país una salida democrática. Facilitaron un proceso inevitable. Les importó.

Cuando Dina Boluarte juró hasta el 2026 asumió que era Vizcarra, cuando debió ser Tudela. Esa mala lectura nos ha llevado a la crisis presente.

PPK cayó con 20 meses de gobierno porque Keiko Fujimori quería a Vizcarra de presidente. Con 73 votos, tenía apoyo parlamentario e ideológicamente estaba en el mismo carril que PPK y, por cierto, Fujimori.

Luego Vizcarra rompió palitos y construyó una alianza muy sólida con la población, con picos muy altos de popularidad. Su salida generó una inmensa protesta. Sagasti asumió el mismo papel de Paniagua: su transitoriedad era la característica esencial. ¿Por qué? Porque a ambos les importó su papel en la historia. Boluarte, que debió ser Tudela, tampoco quiere ser Sagasti ni Paniagua. Y la mayoría del Congreso tampoco quiere que lo sea. ¿Por qué? Porque ya no les importa.

Una presidencia a la que se llega sin proyecto político o con uno prestado de las derechas que la repudiaron, traicionando su propia plataforma electoral, lo que genera una enorme impopularidad, no puede durar. Es inviable. Ese tren partió el 7 de diciembre, pero recordarlo no está de más. Mucho sufrimiento se hubiera ahorrado. Virar hacia formas autoritarias no soluciona el problema.

Tampoco un debate en que lo que se está discutiendo, en el fondo, son seis meses de salarios y poder. Por esos seis meses (enero 2024 o julio 2024) el Congreso rechazó en la madrugada del sábado una posibilidad de salida más rápida.

57 fallecidos, más de 1.600 heridos, infraestructura destruida y sectores económicos ahogados en una paralización que los va a terminar de matar (turismo, agricultura, transporte, entre los más afectados) y no se les mueve un pelo en el Congreso. Solo 45 congresistas, de los 87 necesarios, aceptaron ir a elecciones en octubre con Dina Boluarte en la presidencia. De 130, solo 45 tienen alguna mínima empatía con un país harto y furioso.

¿Cuál es el argumento de esta ceguera colectiva? Desde la izquierda, la excusa de todo o nada. Desde el resto, que las protestas van a seguir igual, con Dina o sin ella, con elecciones en octubre de este año o en abril del próximo. ¿Por qué? Porque la protesta representa a terroristas, narcos, mineros ilegales, a la izquierda radical, a Pedro Castillo, a Cuba, Venezuela y al Foro de Sao Paulo.

A todos estos, menos al, por ejemplo, 89% de puneños que votó por Castillo. Representa a todos los delincuentes, menos al pueblo. Entonces, “nos quedamos todos”. ¿Entienden por qué el diagnóstico importa? Porque se usa para justificar lo injustificable. Así como el fraudismo le dio a Castillo una excusa siniestra, el terruqueo le da al statu quo la suya.

Boluarte se da el lujo de decir a la prensa extranjera que los ayacuchanos murieron en una avalancha y que los puneños se dispararon entre ellos con unas armas artesanales llamadas dum-dum que trajeron los ponchos rojos bolivianos. 46 muertos por proyectil de arma de fuego de fusiles de la PNP y de las FF. AA., y aquí nadie la critica. ¿Recuerdan cuando Castillo decía estupideces? ¿Cuál era la reacción de la misma prensa? Hoy “Puno no es el Perú”, pasa colado.

Ni el Congreso se va ni Boluarte renuncia. A esta hora, no hay ni elección el 2024. El lunes se vota una reconsideración. Se necesita un milagro que no va a llegar. Un adelanto de elecciones real por parte del Congreso o forzado por la propia Boluarte, con su renuncia hoy, es todo lo que se necesita para empezar a salir del hueco.

Esperamos, contra toda esperanza.

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