Nació en Lima el 29 de Agosto de 1963. Obtuvo su título de Abogada en laPUCP. Es Master en Jurisprudencia...
Los resultados de las elecciones generales del 12 de abril están finalmente listos. Luego de miles de impugnaciones, reconteos e iras fraudistas, y un mes después del evento, se confirma el conteo rápido de la IPSOS: la segunda vuelta será entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Estamos repitiendo las circunstancias, por interpósita persona, de las elecciones del 2021. Sin embargo, no se trata solo de ir a la segunda vuelta presidencial. Los resultados de estas elecciones agravan la situación registrada el 2021 respecto a la falta de representación popular, tanto en el Congreso como en la presidencia. Este, no es un hecho menor. El diseño electoral arroja un resultado desastroso.
El primer dato relevante es el ausentismo de 26.1%. Más bajo que el pandémico 29.9% del 2021, es, sin embargo, más alto que el ausentismo del 2016 con 18.20%. Pero, la tendencia creciente es consistente con el incremento paulatino este siglo: 17% el 2011 y 11% el 2006. La pregunta es, ¿por qué pese a todas las facilidades para acercar las mesas de votación la ciudadanía no va a votar?
Dos factores por investigar. El primero, el envejecimiento de la población. Los mayores de 70 años no están obligados a votar. El segundo, la migración en sus dos variables, el elector que salió del país sin variar su dirección y el elector en el extranjero que no va a votar porque no está obligado al carecer de multa. El ausentismo de peruanos en el exterior se eleva a 33.9% pero eso no mide la migración no registrada y que fue significativa en el último quinquenio.
El voto blanco y nulo tiene diferencias relevantes por cada tipo de elección en el 2026. En las presidenciales la suma de ambas es 16.95% (en el 2021 18.6%) pero si tomamos Senado en distrito único nacional, la cifra se eleva a 25.5%. Es en este caso mucho más crítico porque se trata de electores que se sustraen a tener representación parlamentaria. Si bien en las elecciones del 2021 no tuvimos Senado, si se toma la elección de los congresistas de Lima (el distrito más grande en electores) el voto nulo más blanco llega al 23.3%, porcentaje similar al de Senado nacional 2026.
Tomando siempre las cifras del Senado nacional, el "voto perdido", es decir el voto de todos aquellos que votaron por un partido que no pasó la valla, llega al 24.8% el 2026. Si lo comparamos con el "voto perdido" al Congreso en Lima el 2021 la cifra baja a 19.43%, clara indicación que 38 partidos solo agravan el problema y las PASO hubieran cambiado la elección.
La conclusión para el próximo congreso de todas estas cifras se resume en lo siguiente: si sumamos los ausentes (26.1%), nulos y blancos (25.5%) y voto perdido (24.8%) pasamos el 75% de electores que no tienen representación política. Si bien el ejercicio debe hacerse para cada elección y circunscripción, no es descabellado afirmar que, al igual que el 2021, 3 de cada 4 electores no tiene representación en este Congreso. La situación ha empeorado, como se advirtió, por la cantidad de partidos en la contienda.
¿Puede cambiarse? Sí, se puede. Pero depende del gran compromiso que deben tener los seis partidos que van a controlar el Congreso para hacer que éste sea representativo de, al menos, la mitad de los llamados a votar. Esto implica retomar una reforma electoral perdida el 2019 que pudo haberlo cambiado todo. Reforma que solo puede pasar un congreso democrático. Lamentablemente, ninguno de los dos finalistas presidenciales tiene como parte de su programa de gobierno o declaraciones públicas, alguna mención a la poca representatividad que tiene este congreso y que repetirá el próximo recién elegido.
Hablemos ahora de representatividad de las fórmulas presidenciales. Los resultados de las elecciones 2026 en votos válidos son estos: Fujimori (17.1%), Sánchez (12%), López Aliaga (11.9%), Nieto (10.9%), Belmont (10.1%), Álvarez (7.9%) y López Chau (7.2%). Comparen estas cifras con las elecciones presidenciales del 2011, donde compitieron solo 12 partidos: Humala (31.69%), Fujimori (23.55%), Kuczynski (18.52%), Toledo (15.63%) y Castañeda (9.83%). En solo 15 años las preferencias electorales por los candidatos a la presidencia se han venido abajo. No siempre fue como es hoy. Tuvimos un pasado diferente.
La última elección en primera vuelta contundente para Keiko Fujimori fue la del 2016 donde alcanzó un récord de 39.86% versus el 21.05% de Kuczynski. Días que no volverán con este diseño. Está claro hoy que las cifras mínimas del 2021 no fueron fruto solo de la pandemia como se trató de explicar en su momento. En esa elección Fujimori sacó 13.41% contra el 19.06% de votos válidos de Castillo. La secuencia de cuatro elecciones de Fujimori se resume en: 23, 39, 13 y 17. Para cualquier político, la confirmación de una debacle en el afecto popular.
Para decirlo en términos muy simples: nunca hemos tenido dos ganadores tan perdedores. No hay elección presidencial con porcentajes tan bajos. Esta vez suman, Fujimori y Sánchez 29% de voto válido (24.1% de emitido). En el 2021 los finalistas sumaban 32.47%, es decir, similar pero hoy peor. Esto confirma dos cosas: Sánchez no llega a ser Castillo y Fujimori levanta un poco, pero sigue en la zona del desafecto mayoritario.
Hay un cálculo más que puede hacerse y es atroz. ¿Cuántos electores del total de llamados a votar representan realmente –restando ausentes, nulos y blancos– Fujimori y Sánchez? Somos 27,325,432 electores. Fujimori tiene 2,877,678 votos y Sánchez 2,015,114 votos. En porcentaje real solo 10.5% del total de electores votaron por Fujimori y solo 7.3% votaron por Sánchez. En ambos casos 9 de cada 10 electores no votaron por ellos. Y 8 de cada 10 no votó por ninguno. Sin importar quién resulte ganador, ¿con qué representatividad puedes gobernar en momentos difíciles a futuro con estas cifras de inicio?
Solo unas líneas finales para compartir mi alegría por el sobreseimiento del caso del expresidente Kuczynski. Desde el 2014, en solitario al principio, he sostenido que recibir donaciones de campaña, aun de fuente no declarada, no constituye delito de lavado de activos. El expresidente ha sido atormentado, desde que fue obligado a renunciar por Keiko Fujimori el 2018, a toda clase de abusos fiscales y judiciales que llevan 9 años de injusta persecución sin condena. Otra vez, como en el caso Cócteles, la justicia determina que no hay delito alguno. Solo falta, para hacer justicia a todos, la liberación de Ollanta Humala y el sobreseimiento de su caso para él y todos sus coprocesados. Ambos, Kuczynski y Humala han sufrido el sacrificio de sus familias de una forma cruel y desmedida, que tiene que ser reparada de inmediato.

Nació en Lima el 29 de Agosto de 1963. Obtuvo su título de Abogada en laPUCP. Es Master en Jurisprudencia Comparada por laUniversidad de Texasen Austin. También ha seguido cursos en la Facultad de Humanidades, Lengua y Literatura de laPUCP. Einsenhower Fellowship y Premio Jerusalem en el 2001. Trabajó como abogada de 1990 a 1999 realizando su especialización en políticas públicas y reforma del Estado siendo consultora delBIDy delGrupo Apoyoentre otros encargos. Desde 1999 se dedica al periodismo. Ha trabajado enradio, canales de cable, ytelevisiónde señal abierta en diversos programas de corte político. Ha sido columnista semanal en varios diarios.