Exministro de RREE. Jurista. Embajador. Ha sido presidente de las comisiones de derechos humanos, desarme y patrimonio cultural de las...

Ni alineamiento ni equidistancia: el Perú ante Estados Unidos y China, por Manuel Rodríguez Cuadros

“El desafío del Perú no es ‘elegir’ entre potencias, sino gestionar la diversificación y los espacios de autonomía ganados como política de Estado, actuando solo en función del interés nacional”

El sistema internacional actual se caracteriza por la primacía de la unipolaridad estadounidense, pero con una potencia erosionada y fragmentada. Estados Unidos ejerce atributos materiales sin equivalente —capacidad militar global, proyección político-diplomática, centralidad financiera y supremacía tecnológica estratégica—, pero experimenta una disminución de su capacidad para estructurar consensos y producir legitimidad normativa. En términos de Raymond Aron, posee y ejerce el poder, pero ha visto debilitarse progresivamente la potencia, entendida como el uso legítimo y aceptado de ese poder.

Desde una perspectiva gramsciana, la hegemonía consensual de la unipolaridad se ha fracturado y está sometida a la presión de la emergencia de China como potencia en ascenso, próxima a configurar una bipolaridad económica sectorial y funcional. Lo mismo sucede con Rusia en lo nuclear.

A diferencia de la bipolaridad estructurada de la Guerra Fría, la actual unipolaridad —erosionada en su potencia— ha generado un mundo políticamente fragmentado y una interdependencia económica compleja que excluye la división rígida del mundo en zonas de influencia. De este modo, ha abierto mayores espacios de autonomía para el relacionamiento externo de los países medianos y pequeños, particularmente en el Sur Global.

Al no existir diversos polos de poder equivalentes, la competencia en el ejercicio del poder no se articula en “zonas de influencia”, sino en espacios funcionales —tecnológicos, energéticos, financieros y normativos— y en redes políticas y diplomáticas flexibles. La ausencia de una pluralidad consolidada de polos de poder impide la cristalización de esferas de influencia clásicas, con alineamientos automáticos y jerarquías definidas. En el plano político, ello se traduce en coaliciones variables, diplomacias de geometría flexible, votaciones con amplios márgenes de independencia en foros multilaterales y estrategias de diversificación de alianzas. Esta realidad explica que el poder unipolar pueda imponer la pax americana en Gaza, pero al mismo tiempo pierda las votaciones sobre Gaza en la Asamblea General de la ONU.

Cuando la hegemonía es cohesionada y produce consenso universal, el margen de autonomía de los actores intermedios se reduce. Cuando la hegemonía se fragmenta, sin desaparecer la primacía material del centro de poder unipolar, se amplían los espacios de negociación diferenciada. Los países medianos y pequeños adquieren espacios para el ejercicio de su autonomía relativa.

El Perú es uno de los países en desarrollo que, en las últimas tres décadas, ha construido una inserción global con márgenes de autonomía, indispensables para el desarrollo con cohesión social. En 2025, China recibió el 36,2 % de las exportaciones peruanas, mientras la Unión Europea representó el 15 %, América Latina el 12,5 % y los Estados Unidos alrededor del 11 %.

El stock de inversión extranjera directa (IED) a diciembre de 2025 —US$ 34.187,5 millones, según el registro por país de domicilio— revela una estructura claramente diferenciada entre comercio e inversión. La Unión Europea concentra el 38 % del total acumulado, seguida por América Latina y el Caribe con 32 % y América del Norte con 15 %. En términos individuales, Estados Unidos registra US$ 4.963,3 millones (14,5 % del total), mientras China alcanza US$ 1.116,1 millones (3,3 %); es decir, el stock estadounidense es más de cuatro veces superior al chino.

Estos datos muestran que, aunque China es el principal socio comercial del Perú en comercio exterior, el capital productivo acumulado mantiene un sesgo marcadamente europeo, regional latinoamericano y norteamericano, mientras que la participación asiática —incluida China— sigue siendo relativamente reducida en términos de inversión directa acumulada. La inversión en el puerto de Chancay tiene, sin embargo, un potencial definido de transformación productiva y de crecimiento exponencial del comercio.

La preeminencia norteamericana es mayor también en materia de cooperación no reembolsable —incluida la cooperación antidrogas—, donde el desequilibrio es estructural. En 2023, según las últimas cifras de APCI, Estados Unidos fue el principal cooperante bilateral (US$ 128,7 millones), mientras que China registró apenas US$ 0,89 millones, evidenciando una asimetría profunda.

Al igual que en lo económico, el Perú, en el ámbito de la defensa y la cooperación militar externa, posee una inserción plural y diversificada, sin dependencias manifiestas. Rusia ha sido un proveedor relevante, especialmente con helicópteros de transporte Mi-17/Mi-171 y de ataque Mi-35, incorporados en distintos periodos. En el ámbito naval, el aprovisionamiento histórico combina Europa —por ejemplo, Italia (fragatas clase Lupo) y Alemania (submarinos Tipo 209)— con un vector asiático más reciente, centrado en Corea del Sur, particularmente en construcción naval y, más recientemente, en material terrestre. Estados Unidos y China no son fuentes principales del abastecimiento de armas.

Sin embargo, Washington, si bien no es proveedor predominante de sistemas de armas principales en las últimas décadas, ocupa una posición central en términos de cooperación institucional, interoperabilidad, capacitación, asistencia en seguridad y lucha antidrogas, además de estándares tecnológicos y eventuales programas FMS, como la posible venta de aeronaves F-16, que debería definirse en el próximo gobierno. Esta dimensión cualitativa —reforzada por la designación del Perú como Major Non-NATO Ally— sitúa a EE. UU. como un socio más relevante en materia de cooperación militar estratégica y seguridad hemisférica. En contraste, China mantiene una presencia significativamente menor en la canasta peruana de armas mayores y en cooperación de defensa.

En el ámbito político-diplomático, la dinámica multilateral hemisférica con los Estados Unidos, en el ámbito de la OEA, el BID, la CICAD, la JID o la CIDH, no tiene ni puede tener un equivalente con China, mientras que la cooperación en APEC es más relevante con Beijing por la proyección al Asia-Pacífico.

En la diplomacia multilateral, la situación es inversa. Los niveles de afinidad y entendimiento son mayores con China. La opción contestataria de la institucionalidad multilateral y el derecho internacional tiende a aumentar el aislacionismo de los EE. UU. En la Asamblea General, en 2025, el índice de divergencia de los votos peruanos con los de Washington fue de 60 %.

Las relaciones Perú–Estados Unidos, por la contigüidad geográfica y las instituciones interamericanas, son de naturaleza institucional y estratégica, donde la cooperación de seguridad y gobernanza (incluida la antidrogas) y el anclaje financiero pesan más que las relaciones comerciales. Es un vínculo de densidad política e institucional mayor. Las relaciones con China son esencialmente geoeconómicas y comerciales, centradas en la demanda de materias primas, infraestructura y crecientes flujos de inversión. Tienen una menor densidad político-institucional y de seguridad.

El desafío del Perú no es “elegir” entre potencias, sino gestionar la diversificación y los espacios de autonomía ganados como política de Estado, actuando solo en función del interés nacional, sin subordinarlo a agendas externas ni extraviarlo por razones ideológicas, como ha ocurrido recientemente. Ese interés demanda mantener, simultáneamente, con Estados Unidos y China, relaciones de asociación preferencial con autonomía, sobre la base estricta del beneficio mutuo, la igualdad soberana, el respeto del derecho internacional y la no intervención en los asuntos internos.

Manuel Rodríguez Cuadros

Causa Superior

Exministro de RREE. Jurista. Embajador. Ha sido presidente de las comisiones de derechos humanos, desarme y patrimonio cultural de las Naciones Unidas. Negociador adjunto de la paz entre el gobierno de Guatemala y la guerrilla. Autor y negociador de la Carta Democrática Interamericana. Llevó el caso Perú-Chile a la Corte Internacional de Justicia.